Lunes, 18 de junio de 2007
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ATHLETIC
La pasión de San Mamés salva al Athletic
El apoyo inquebrantable de las gradas y la entereza del equipo permiten al Athletic lograr el triunfo de la salvación ante el Levante
La pasión de San Mamés    salva al Athletic
QUE SEA GOL. Yeste besa la pelota antes de lanzar un córner en la segunda parte. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ, IGNACIO PÉREZ, FERNANDO GÓMEZ Y BORJA AGUDO
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«Es de Primera, el Athletic es de Primera». Los cuarenta mil aficionados que dieron alas al Athletic para salir del peor atolladero de su historia gritaron enfervorizados. En un estadio que revivió el ambiente de las tardes en las que se ganaban títulos, el final del encuentro provocó un delirio, extraño por lo que se celebraba, pero natural desde el punto de vista del alivio y de que se trataba de una forma de fortalecer la identidad de este club. Eso sí, al poco de celebrar la permanencia, buena parte de esos mismos espectadores silbaron con contundencia a los jugadores, a quienes responsabilizan de la dramática situación vivida.

San Mamés hizo un supremo esfuerzo de pasión por su equipo, de ansia de que continúe su inmortalidad en Primera. La afición estuvo concienciada plenamente. Chillaba y cantaba para animar a su equipo, pero también para olvidarse las penas de la temporada y la insufrible espera del primer gol. Su lectura del partido fue extraordinaria en la experiencia más exigente de sus vidas como seguidores rojiblancos. Cuando tuvieron que animar, animaron, cuando tuvieron que callar para respetar el juego, callaron y, al final, tuvieron tiempo para la celebración y la censura.

La mística de San Mamés es la gran clave de la salvación. Los hinchas habían entendido que su papel era vital, que hay partidos como el de ayer que no dejan elección, que deben ganarse antes de jugarse. Además, hicieron notar al rival que no era un encuentro más, que para ganar tenía que pasar por encima de ellos.

El Athletic se llevó los tres puntos, que era de lo que se trataba, para evitar sentarse a esperar los fallos de sus dos rivales. Betis y Celta también ganaron, con lo que al final quedó claro que no podía dejar que los demás resolvieran sus problemas. Pero antes San Mamés vivió un terrorífico ejercicio de sufrimiento. El primer gol se hizo esperar un mundo, hasta el minuto 61 y resulta tremendo lo que pesa el tiempo cuando algo que se espera tanto tarda en llegar.

Sin certezas

Se daba por hecho entre los seguidores que el Levante no pondría toda la carne en el asador. Algunos incluso se imaginaban que el partido tenía 'cocina' previa, pero hasta la fe y el conocimiento suponen duda porque nadie tiene la certeza absoluta. Decididos a trabajar todos los aspectos del partido, los rojiblancos charlaron con sus rivales antes del partido. «¿Jugáreis relajaditos?», se cuestionó Ondarru, el segundo entrenador del Athletic, a Cavallero, portero suplente del Levante.

La primera inquietud no estaba en la entrega y el sacrificio de los rojiblancos. Por ahí no había que desconfiar, pero todo el mundo era consciente en el Athletic de que en estas situaciones hay cosas imperceptibles que pueden resultar decisivas. El fútbol es un juego con muchos componentes, entre ellos el azar, pero el Athletic llegaba tan apurado que ni siquiera podía dar a la suerte la oportunidad de jugar en su contra.

Aún así lo hizo durante muchos minutos. El Athletic se lanzó con el cuchillo entre los dientes a por el Levante. A su manera, con poco juego, pero una gran determinación. Las ocasiones comenzaron a caer, pero allí estaba Molina, que parecía el único 'primado' de su equipo. Fue todo un calvario que en el partido de la temporada en la que más ocasiones se crean aparezca un portero dispuesto a firmar su mejor tarde de la Liga.

El Levante tocaba la pelota sin ritmo, de una manera burocrática, con ganas sólo de que concluyera el partido para irse de vacaciones. Frente a esta actitud, el Athletic tuvo siempre los dientes apretados. Su juego fue siempre excitado, que era lo que requería la situación, aunque, por una vez, esto no significó que se perdiera el orden atrás.

Los nervios comen

El problema es que jugar de esta forma es enemigo de la precisión. Al Athletic le costaba elaborar en el arranque porque tenía demasiada ansiedad. No se explica si no que Etxeberria y Yeste entregaran un córner lanzado en corto al contrario, que Javi Martínez fuera incapaz de controlar la pelota sólo ante Molina o que Yeste, que sí lo hizo, enviara el balón cinco metros por encima de la portería. Los planes de salvación del Athletic parecían antes del primer gol destinados a estrellarse contra Molina, que abortó las magníficas ocasiones rojiblancas, sobre todo de Urzaiz.

Mané reunió a los jugadores en el vestuario. Les pidió que estuvieran tranquilos, sobre todo a los medios centros Javi Martínez y Murillo, demasiado histéricos, y les demandó un punto de elaboración. Es cuestión de tener tranquilidad, les vino a decir.

Además señaló una circunstancia a la que el Athletic podía sacar provecho. El Levante apostó, como ha hecho desde la llegada de Abel al banquillo, por una defensa adelantada. Ahí, señaló, estaba el agujero de un equipo valenciano que sólo parecía buscar anestesiar el partido.

Con la segunda parte en marcha entró Aduriz por Javi Martínez. Fue un cambio providencial. El donostiarra saltó con la consigna de buscar las espaldas a la defensa del Levante. En la primera ocasión en la que lo hizo, Serrano desvió a gol su centro. A partir de aquí el equipo tuvo un mérito muy importante: se mostró más preocupado por buscar el gol de la tranquilidad que de especular. Llegó gracias a un testarazo de Gabilondo, otro cambio acertado.

La tempestad que ha sido esta temporada acabó así en una feliz fiesta. El Athletic es de Primera, pero nadie debe olvidar que el gran mérito de esta inmortalidad es de su afición, el mejor capital de un club que ha vivido dos años seguidos con la soga al cuello.

 
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