Viernes, 15 de junio de 2007
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La mitad de los examinados de Selectividad no entendieron un artículo de Pérez Reverte
El 95,5% de los estudiantes vascos que se presentaron a la selectividad superó las pruebas
La mitad de los examinados  de Selectividad no entendieron un artículo de Pérez Reverte
NERVIOS. Una joven estudiante con dolor de cabeza se dispone a realizar la prueba de selectividad. / EFE
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«La narración consiste en referir un hecho o un acontecimiento cualquiera. Es el más sencillo de los géneros de composición. Una narración debe ser clara, breve e interesante. La narración es clara cuando los que la leen o escuchan pueden comprenderla fácilmente; el mejor medio para que sea tal es saber bien lo que quiere decirse, y emplear al expresarse frases cortas y correctas». Esta sencilla admonición, recogida en un manual de Gramática para alumnos de Primaria, un texto escolar que data 1947, brilla por su ausencia en gran parte de los exámenes de acceso a la universidad.

El 95,54% de los estudiantes vascos que se presentaron a las pruebas de selectividad entre el 6 y el 8 de junio pasados -7.828 en los tres territorios históricos- las han superado sin problemas (las notas se pueden consultar desde ayer en www.ehu.es). Sin embargo, de esos resultados, que son muy similares en los tres territorios, no puede concluirse que todos los bachilleres de Euskadi 'saben bien lo que quieren decir' cuando ingresan en la universidad. Una profesora de Barakaldo que corrigió este fin de semana casi un centenar de exámenes de Lengua, correspondientes a tres colegios diferentes, certifica que la mitad de los alumnos fueron incapaces de comprender una columna de Arturo Pérez Reverte publicada en 'El Semanal', el suplemento dominical de este periódico. «No me explico cómo han sacado el título de Bachiller», confiesa, sin salir de su asombro.

El escritor y miembro de la Real Academia de la Lengua Española anunciaba que no volvería a reciclar basura porque se había dado cuenta de que una persona vendía los desechos que él se tomaba la molestia de clasificar. Ponía ese ejemplo para denunciar que, por muchas leyes que se promulguen en España, nadie las cumple y siempre aparece un aprovechado.

«Pocos estudiantes entendieron lo que habían leído», se lamenta la docente vizcaína, que llegó al borde de la desesperación el pasado domingo, cuando corrigió, exactamente, una treintena de exámenes procedentes de un colegio. «Sólo tenían que resumir el texto en unas pocas líneas -prosigue la examinadora-. Pero casi todos se detuvieron en el reciclaje, sin llegar al fondo de la cuestión».

No es la única profesora que se ha quedado perpleja al comprobar que un buen número de los alumnos que se enfrentan a la selectividad, con 18 años cumplidos, no percibe la ironía de Reverte, a pesar de que es un escritor sutil como el cañonazo de un galeón. Los docentes consultados por EL CORREO reconocen que la preparación de los futuros universitarios vascos presenta «enormes oscilaciones» dependiendo de los colegios, ya sean públicos o privados; pero alertan de que un número cada vez más significativo de jóvenes «se queda en la simple anécdota cuando se enfrenta a una lectura». Les ocurre lo mismo que al televidente que, tras haber presenciado una copiosa entrevista a Rodríguez Zapatero, sólo se acuerda de que el presidente del Gobierno no acertó cuánto cuesta un café.

La selectividad no sólo es un calvario para los estudiantes, sino para los profesores de la Universidad del País Vasco (UPV) que tienen que leerles. Estos últimos han utilizado este año, por vez primera, unos códigos que ocultan la identidad del examinando. La medida estaba pensada para prevenir cualquier 'presión' sobre el docente, pero se han producido errores al poner las calificaciones junto a los códigos, de manera que las notas han llegado al tablón de anuncios de Internet con cierto retraso.

Muy sencillo, por favor

Después de todo, los profesores se presentan voluntarios para revisar los exámenes y cobran una parte de los honorarios con arreglo a los alumnos calificados. La suma no es muy atractiva, pero algunos docentes veteranos aprovechan las pruebas para contemplar de cerca a los alumnos de COU y conocer lo que pueden esperar de cada añada. «Cada curso hay que ponerles un texto más sencillo. De otro modo, no se enteran», asegura una profesora de Getxo.

Su colega de Barakaldo subraya que ese problema es más inquietante incluso que las endémicas faltas de ortografía -'arrebosar', 'voi'-. O que la proliferación del lenguaje y los signos característicos de los móviles y de las tertulias de Internet: 'q' en vez de 'que', 'xq' en vez de 'porque' «No soy enemiga de las nuevas tecnologías -señala la docente-. Incluso los videojuegos tienen esquemas narrativos. Así que no puedo explicarme por qué los estudiantes aparecen por la universidad con un nivel de comprensión tan bajo».

Otro profesor de la UPV, habitual en los exámenes de selectividad desde hace diez años, también ha constatado que la capacidad de análisis ha sufrido una merma considerable entre el alumnado, aunque algunos centros de Secundaria mantienen un buen nivel y los primeros de la clase son mejores que los de antes. «Leyendo algunos exámenes, imaginas de qué colegio puede venir el alumno aunque no conozcas su nombre. En general, la mayoría de los estudiantes salen bien parados en las pruebas memorísticas, pero caen en el análisis. No saben argumentar a favor o en contra de algo. Cuando escriben, parecen más inmaduros de lo que realmente son. Para defender una tesis, algunos no citan a un intelectual o un personaje histórico, sino a un pariente».

Precisamente, el autor más citado en lengua inglesa, después de Shakespeare, es Samuel Johnson, ensayista, biógrafo poeta y crítico literario del siglo XVIII. A un pariente que le pedía consejo sobre cómo prepararse para la universidad, el Doctor Johnson le escribió: «La tarea más exigente, y la más necesaria, sigue siendo alcanzar el hábito de la expresión, sin el cual todo saber es de escasa utilidad. Esto es algo necesario en latín y más si cabe en inglés; su adquisición sólo es viable mediante la imitación diaria de los mejores autores, de los más correctos y excelsos en el empleo de la lengua».

 
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