Martes, 12 de junio de 2007
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LA RIOJA

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Peces, pan y vino para miles de logroñeses en el histórico Revellín
La Cofradía del Pez repartió unas 20.000 raciones de trucha La afluencia de público obligó a abrir el recinto antes de lo previsto
Peces, pan y vino para miles de logroñeses en el histórico Revellín
El alcalde en funciones de Logroño, Julio Revuelta, procede a ondear la bandera de Logroño ante la Puerta de El Revellín. / RAFAEL LAFUENTE
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Ni café, ni bollos, ni churros ni porras. El desayuno de miles de logroñeses en el día grande de las fiestas de San Bernabé fue, como cada año, las truchas acompañadas de pan y vino al pie de la muralla del Revellín. Una tradición que se mantiene viva gracias a la Cofradía del Pez y que los habitantes de la ciudad practican cada vez con más devoción.

Media hora antes de lo previsto, a las 9.30 de la mañana, se empezaron a repartir las truchas ya bendecidas. Y es que la organización decidió comenzar antes el reparto debido a la gran afluencia de gente que desde primera hora se apelotonaba delante de las vallas.

Los comensales disponían de unas 20.000 raciones de peces preparados en seis sartenes dirigidas por el cocinero Lorenzo Cañas, aunque dos de ellas no comenzaron a funcionar hasta bien entrada la mañana. Como ya ocurriera en años anteriores, las truchas protagonistas de la fiesta procedían de una piscifactoría de Torrecilla y no del Ebro porque, tal y como explica el Cofrade Mayor, Eduardo Mato, «los peces del río estaban contaminados».

A la enorme cantidad de pescado repartido se le unieron además 1.000 litros de vino dispuestos en jarritas y otros tantos kilos de pan horneados en la Panadería Paraíso. Al otro lado de las mesas, padres con hijos, abuelos, jóvenes y peregrinos daban buena cuenta de las raciones, que se alargaron hasta la habitual hora de comer.

40 voluntarios

Todos los miembros de la Cofradía arrimaron el hombro en el día de ayer, aunque contaron con la ayuda de unos 40 voluntarios, «la mayoría, familiares nuestros», indicó Mato. Un masivo grupo que trabajó a destajo para lograr el éxito de esta tradición «que se prepara durante todo el año», aseguró.

La cita sigue fiel a sus orígenes, aunque en esta edición se colocaron por primera vez unos toldos encima de las mesas que ayudaron a soportar el espléndido sol que caía en la explanada, al haberse desplazado 'el chiringuito' hacia el aparcamiento y no contar con la sombra de los árboles del Revellín.

Pero la esencia es la misma, conmemorar los 10 días de asedio francés en 1521 a la ciudad de Logroño en el que el único sustento de sus habitantes fue el pescado que capturaban en el Ebro.

«Esta tradición es nuestra vida entera, es el único gesto en Logroño que recuerda la heroicidad de nuestros antepasados y hemos logrado ser casi el centro de la fiesta de San Bernabé, que se estaban perdiendo», señalaba ayer Eduardo Mato.

El Cofrade Mayor, que el domingo recibió una de las insignias del Patrón, afirma que «sigo al pie del cañón, aunque me ilusiona que me hayan dado la insignia de mi ciudad, para mí lo más importante ahora mismo es el reparto». «Todavía no sé por qué me la han dado, sigo dándole vueltas y de verdad que no lo comprendo», bromeó.

 
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