Los contenedores azules, verdes y amarillos llevan tiempo integrados en el paisaje urbano, pero los nuevos residuos requieren distintos soportes. El servicio foral de recogida de cedés y DVDs acaba de cumplir un año y ha evitado que una tonelada de discos ópticos -cada uno pesa 15 gramos- vayan a parar a un vertedero. Son materiales inertes formados en un 99% por policarbonato, «el más versátil de los plásticos», que resulta muy útil en la fabricación de carcasas y otras piezas.
La asociación de empresas Cederika -formada por Sarbide, Haizelan y Recycling Plast- desarrolló un método de recuperación de estos soportes digitales en colaboración con el centro tecnológico Gaiker. Vizcaya ha sido «pionera» en su implantación y también se ha puesto en marcha en Guipúzcoa, Álava y en comunidades como Cataluña o Galicia. En otros países europeos «no hay sistemas de recogida para el usuario doméstico», afirma el director de Sarbide, Goyo Cardiel.
Como una lenteja
La Diputación firmó un convenio con Cederika en junio de 2006 para dar «un tratamiento medioambiental correcto» a unos residuos cada vez más presentes en empresas y hogares. «Hasta ahora iban al contenedor amarillo y acababan en un vertedero, lo que supone desaprovechar una materia prima. Además, tardan unos 4.000 o 5.000 años en degradarse».
El Departamento foral de Medio Ambiente destinó 100.000 euros a la instalación de contenedores específicos -similares a un buzón- en todos los municipios del territorio. Hay unos 150 puntos de recogida en garbigunes y centros municipales. Además, Cederika ha colocado otros tantos en empresas, colegios y equipamientos como la UPV.
La información de los discos puede inutilizarse antes de iniciar el proceso para garantizar la confidencialidad. En las instalaciones de Recycling Plast en Ortuella, se trituran y se lavan. Después el material se somete a altas temperaturas y, una vez fundido, se corta en pedazos del tamaño de una lenteja. Estas piezas, las granzas, se envasan y se utilizan para fabricar carcasas de impresoras, ordenadores, mandos a distancia o luminarias. El sector de la automoción también saca partido del policarbonato, que puede acabar en manillas de puertas, carcasas de espejos retrovisores o piezas de mecanismos internos.