Domingo, 13 de mayo de 2007
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OPINIÓN/ Seducir
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Cuando Gordon Brown besó a su esposa Sarah ante la prensa parecía que nunca antes hubiera besado a una mujer. Morros aflautados, mentón en avance, labios pegados con loctite, ojos cerrados a la espera de un sabor o una descarga eléctrica... El joven, de 57 años, no ha sido entrenado y, como buen británico, es para pensar que en su vida solo ha besado a perros o elefantes. Gordon Brown camina como ciego en el mundo de la seducción, con el bastón por delante para evitar tropiezos. Es un ermitaño que por primer vez abandona la cueva donde ha vivido durante un lustro. Le hiere la luz de los focos, le provoca el ruido del viento y le escandalizan las mujeres. Dicen que fue un soltero tan recalcitrante que hasta se pensó que era homosexual.

La cuestión es que no parece que el electorado esté dispuesto a renunciar a las emociones que proporciona el ser humano, siguiendo aquella vieja pauta en los anales del periodismo de que a un ser humano no hay cosa que más le interese que otro ser humano. Y así como Blair era un poco de mi estilo, arquetipo de seductor de señoras mayores, y por lo tanto entre divertido y estrafalario, su sucesor representa más bien a un sabio ensimismado con un mundo que acaba donde termina su sombra y al que cualquier contacto con la realidad exterior le produce ansiedad. En el tratado de equivalencias caninas, Brown sería algo así como un dogo de Burdeos, un perro de enorme fuerza y potencia en menoscabo de su agilidad y velocidad; mientras que Blair, se asemejaría a un chihuahua, de pelaje corto y suave, un can dócil adecuado para niños y señoras se edad, inteligente y vivaz, al que hay que lavar con agua tibia una vez al mes.

Sin llegar al desmadre galo, en donde Ségolène se presentó a la presidencia para cabrear a su díscolo marido, monsieur Hollande y Sarkozy se quedó en la cama abrazado al osito de peluche mientras su mujer se iba con un poeta. Aunque sin el trajín del francés, parece probado que los electores dan su vida y voto por el 'glamour', beben los vientos de la telerrealidad. Y un hombre sin telegenia, circunspecto aunque inteligente y grave, no parece el mejor aspirante a seductor de masas.

Por eso Gordon Brown asiste a cursos acelerados en la Escuela de Seducción. Aprender a besar las manos de una dama como Chirac, sonreír como la Royal (ya que no puede aspirar a tener sus piernas) y a divertir y encantar como Blair..., y hasta a extrovertir su amor por los niños (tarea nada fácil para un dogo) en lo que es una mago quien será su directo adversario político, una vez cabalgue el liderazgo laborista, David Cameron, el amor de las madres. Son las mujeres las que llevaron a Thatcher al 10 de Downing Street.

 
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