Domingo, 13 de mayo de 2007
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Diez trazos para diez años en 10 Downing Street
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Una canción: El 2 de mayo de 1997, Tony Blair guía a una victoria aplastante en las elecciones británicas y pone fin a 18 años de hegemonía conservadora. El ambiente de optimismo impregna el país, que canturrea la canción laborista de la campaña, «Las cosas sólo pueden mejorar».

El gran golpe: En su primera decisión, el Gobierno da independencia al Banco de Inglaterra para fijar los tipos de interés, ahuyentando el temor a un laborismo que devalúa la moneda mediante el gasto público excesivo.

Éxito en provincias: La luna de miel llega al éxtasis. Blair 'devuelve' las autonomías a Escocia y Gales y firma el Acuerdo de Viernes Santo, como culminación de la negociación constitucional en Irlanda del Norte. Los sondeos dicen que es el primer ministro más popular en la historia británica.

Estadista internacional: Logra que su amigo Clinton se sume a la intervención en Kosovo, se detiene la guerra en los Balcanes. Aplica la teoría de intervención humanitaria en Somalia. Cambia el estilo británico en la UE.

La hucha está llena: Tras mantener el gasto público bajo control en los tres primeros años, el Gobierno descarga los fondos de sus arcas repletas en un programa de inversiones en Sanidad y Educación. Llega tarde para que se vean los frutos en las elecciones de 2001. Nueva victoria aplastante ante unos 'tories' perdidos pero emerge el malestar ante un Blair cuyas artes mediáticas cansan por la parquedad de logros domésticos.

Todos somos neoyorkinos: El 11-S cambia el mundo. «Decidí en aquel momento que estaríamos hombro con hombro con nuestro más viejo aliado», ha manifestado Blair desde entonces. El precio de esa alianza es un paulatino distanciamiento de la UE, que introduce el euro ante el escepticismo británico. Una alianza internacional desencadena la guerra contra el régimen talibán y las bases de Al-Qaida en Afganistán.

Objetivo, Sadam: George W. Bush decide atacar Irak, El puente tendido por Blair entre Estados Unidos y la UE se quiebra. La población británica se divide por la mitad ante la conveniencia de la guerra. Blair no tiene apenas influencia en las decisiones de Washington sobre la posguerra, que provocan la desintegración del orden en Irak. El terrorismo islamista ataca a la población de Londres.

Última victoria: El suicidio del asesor sobre armas de destrucción masiva, David Kelly, desvela la forma de trabajar del Gobierno antes de la guerra en Irak y provoca el descrédito de Blair, que gana su tercera victoria electoral recurriendo a la ayuda de Gordon Brown, percibido como el político que ha ofrecido una buena gestión económica.

Agonía penúltima: Blair parece empeñado en agotar su tercer mandato, pero una rebelión otoñal le lleva a anunciar su renuncia. Es muy impopular en el país, la reforma de los servicios públicos parece empantanada en la confusión y la mayoría británica considera ya la guerra en Irak como un desastre.

¿Hombre de paz? Cuatro guerras internacionales le convierten en uno de los primeros ministros británicos más belicosos en la historia. Pero, antes de su partida, sella la paz de Irlanda del Norte, un conflicto doméstico al que se dedicó con perseverancia durante diez años.

 
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