Jueves, 3 de mayo de 2007
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Bodas de oro en el refugio del Gorbea
El Bilbao Alpino Club celebra el 50 aniversario de la adquisición del albergue, a media hora de la cruz
Bodas de oro en el refugio del Gorbea
El albergue, después de una intensa nevada. / BILBAO ALPINO CLUB
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El Gorbea (1.482 metros) es el monte más alto y emblemático de Vizcaya. El Bilbao Alpino Club, fundado en 1924 y con cerca de 400 socios, celebra estos días las bodas de oro del refugio 'Luis de Abendaño', en Igiriñao (1.065 metros), que comparte edificio con los refugios del Juventus y el Arnotegi de Iberdrola. Ayer, 2 de mayo, se cumplían 50 años desde que, en 1957, el mítico club adquirió el albergue, levantado 30 años antes. Se lo compró a su constructor, el ganadero Eleuterio Goikoetxea, por 70.000 pesetas de las de entonces. Tuvieron que pedir un préstamo a la Caja de Ahorros y completar la cifra con las aportaciones de algunos socios.

Para conmemorar la efeméride, hoy se inaugura en la sede del Alpino (Zabalbide 15), una exposición con fotografías históricas del paraje, documentos antiguos, maquetas y un recorrido por los artilugios que han servido para dar «luz y calor» a los huéspedes, como el carburo, el candil, el petrolgas... La muestra estará abierta al público los martes y jueves de 19,30 a 21,30 horas.

«La primera casa rural»

Goikoetxea fue un «visionario, abrió la primera casa rural de Euskadi», opinan Luis Álvarez, vicepresidente del club y responsable del refugio, y José Ramón Argoitia, socio desde hace 42 años. El pastor ofrecía alojamiento, desayunos a 50 céntimos y comidas a una peseta a los montañeros, «fundamentalmente señoritos bilbaínos». También alquilaba mulas para cargar con los mochilas y cobraba según el peso. Los dormitorios estaban separados por sexos y un sacerdote acompañaba a los grupos mixtos a modo de «consilario», recuerda José Ramón Argoitia, que a sus 74 años aún sube al Gorbea siempre que puede. «Es tal la influencia en el estado anímico...», explica.

Desde entonces, el montañismo ha dado un gran salto gracias a la evolución «de los medios de locomoción, del material y a las pistas forestales, que han acercado la montaña». Antes, los montañeros que subían al Gorbea oían misa a las seis de la mañana en la iglesia de San Antón, y después cogían el tren a Lemona; de ahí el tranvía hasta Zeanuri, y pasaban junto a la ermita de San Justo. «Los más rápidos llegaban a la cruz a las doce del mediodía, comer y vuelta por el mismo recorrido. Era todo un safari», cuenta Argoitia. Hoy en día, se deja el coche en el aparcamiento de Pagomakurre -«cuanto más cerca mejor»-, y a ritmo vivo en dos horas se puede hacer cima. Las costumbres han cambiado. Las alpargatas han dejado paso a las botas de goretex. «Las pistas han llenado el monte de domingueros y zapatos de tacón», se quejan. Si antes el refugio se convertía en una parada necesaria para recuperar fuerzas, ahora se rodea de una imagen romántica y se disfruta sobre todo los fines de semana. «Hay mucho tránsito, en especial los domingos, parece una peregrinación».

El refugio, situado a una hora o hora y cuarto de Pagomakurre, y a 40 minutos de la cruz, tiene capacidad para 24 personas. Los antiguos jergones de paja han sido sustituidos por colchones y mantas. Tiene cocina de butano y hasta ducha de agua caliente, gracias a la instalación de placas solares en 2004. Sólo se puede reservar con un mes de antelación. Puede ir cualquiera siempre que le acompañe un socio. El alojamiento cuesta tres euros para los federados y siete a los invitados. La llave se recoge en la sede del club, en Zabalbide.

La media de edad de los socios es «bastante alta», y casi la mitad, el 40%, son mujeres. Los más veteranos, Juanjo Martínez Barragán, de 87 años, y Mari Paz Casado, de 84, representan la «memoria viviente» de su historia, reconoce Luis Álvarez. Al final, «los que cuidamos el Gorbea somos los de siempre, los montañeros».

 
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