Eduardo Bideurreta y su pareja, Irene Jiménez, se acercaron ayer a la subasta de la granja foral de Gorliz desde la localidad navarra de Esteribar, donde gestionan una granja de vacuno.
-¿Ha ganado un buen ejemplar?
--Sí, me he llevado una vaca pirenaica con su ternera.
-¿Por qué levanta tantas pasiones la vaca pirenaica?
-O es pirenaica, o nada. Mi granja es exclusivamente de vacuno pirenaico. La razón es que, al ser autóctona, se adapta muy bien a la orografía montañosa.
-Y ha venido hasta Vizcaya.
-Últimamente estoy de compras y las vacas de la granja foral son de gran pureza genética, así que en cuanto me enteré
-¿Ha habido nivel?
-Los ejemplares son buenísimos. La verdad es que, en Gorliz, llevan muchos años perfeccionando y eso se nota; aquí hay vacas que combinan muy bien la línea carne con la línea vida.
-Dicen que resultan muy rentables.
-Depende del número de partos. Empiezan a reproducirse a los tres años y, cuando dejan de ser fértiles, se las lleva al matadero para consumo cárnico. De todos modos, también cuesta dinero mantenerlas.
-¿Qué determina el futuro de los machos?
-Los machos van al matadero o se utilizan como semental en función de la calidad de la madre, su pureza genética o capacidad de reproducción.
-¿Qué cuidados precisa un animal de estas características?
-Hay que andar con ojo, suelen coger infecciones como mamitis, y esto les impide procrear. Es sencillo de diagnosticar porque se les inflaman las mamas, pero hay que estar siempre pendiente. Los animales requieren siempre una gran dedicación.