Domingo, 29 de abril de 2007
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REPORTAJE

VALENCIA COGE EL TIMÓN REPORTAJE
La America´s Cup, una embarcada para Valencia
La prestigiosa competición de vela ha situado en el mapamundi la ciudad del Turia
La America´s Cup, una  embarcada para Valencia
SALIDA AL MAR. El velero sueco es jaleado mientras es remolcado al campo de regatas por el canal del Puerto de la Copa de América, donde a diario se concentra numeroso público. / FOTOS: JESÚS SIGNES
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Por más que los empleados de Novovent hayan aguardado pacientes, esa llamada de socorro no ha llegado. Eolo ha comenzado al fin a soplar, y la Copa América marcha viento en popa en aguas valencianas sin necesidad de utilizar los ventiladores industriales que la empresa vende «por docenas» cuando el bochorno puede al ambiente en la ciudad. «Es el flujo de viento flojo del este el que dificulta la formación de brisa», ha explicado José Ángel Núñez, jefe de climatología del Centro Meteorológico de Valencia.

Quien ni esperaba escuchar el timbre estridente de su teléfono aquella mañana de marzo era Vicente Gimeno. Su esposa apretó el botoncito verde del móvil, que es como levantar el auricular en un aparato de toda la vida: «Una mujer con acento pregunta por ti», le dijo con suspicacia. «Era la señora del diseñador italiano Prada, Miuccia Prada, que quería celebrar una fiesta de lujo en la plaza de abastos», recuerda este vendedor de frutos secos, presidente de los comerciantes del Mercado Central de Valencia.

Al edificio de corte modernista y con olor a cítricos, a verdura y a pescado fresco de lunes a sábado le sometieron a un cambio radical -como en la tele- de la noche a la mañana por arte de birlibirloque. Engalanado estaba aquella noche de butacas de época y moqueta verde pistacho. Pasearon por ella Demi Moore, Eugenia Martínez de Irujo, Boris Izaguirre, Inés Sastre, Chloé Sevigny, Vicky Martin Berrocal y el presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, entre otros invitados 'vip', mientras saboreaban el catering de El Bulli, mojaban fresones en nata por los pasillos y brindaban con Möet Chandon y Don Perignon, al tiempo que el DJ pinchaba en una cabina decorada con latas de berberechos.

Era la primera fiesta de la firma italiana Prada en España, algo insólito para una ciudad como Valencia, situada en la otra punta del glamour y que, sin embargo, parece haber asido con fuerza el timón de la actualidad. Primero deslumbró con la Ciudad de las Artes y las Ciencias, luego sorprendió al acoger a Benedicto XVI. Y la última embarcada en la que anda metida, la que parece haber ubicado a la ciudad del Turia en el mapamundi de forma definitiva, es la celebración de la Copa América, un evento deportivo del que hasta los neófitos en asuntos de velas, quillas y esloras han acabado hablando.

Escala de cruceros

Gildo Seisdedos, director del Foro de Gestión Urbana del Instituto de Empresa, cree que «uno de los grandes desafíos para las ciudades es conseguir integrarse en el selecto club de ciudades globales. Y Valencia ya lo ha ganado». ¿Pruebas de que navega por el rumbo correcto? Desde marzo, un vuelo transoceánico de frecuencia semanal sale de Manises hacia Montreal. Y desde hace diez días, Valencia es punto de escala del Queen Elizabeth II.

Aunque algo desorientado andaba esta semana el matrimonio Kästner, una pareja de jubilados llegados desde Austria sólo «para ver el escenario de la Cup». Plantados en el número uno de la Avenida del Puerto, hundidos sus rostros colorados por el sol en el plano de la ciudad. Él, espigado y pelo cano, combina náuticos rojos con gorra de felpa. De ella, igual de alta y deportiva, destacan las enormes gafas de concha asidas al cuello con un cordel.

El taxista al que han preguntado, de origen ruso, les dice que «para ver barcos, tienen que llegar al portal 360. Tres kilómetros y medio de avenida». «La vía recta que une Valencia con el mar; cinco carriles en sentido único», recita José Macial, «castellonense de nacimiento y valenciano de adopción». La avenida ha sido remodelada para la ocasión. También hay glorietas nuevas, fachadas remozadas...

Los Kästner responden al prototipo de turista que se esperaba: «Extranjeros que gastarán de 240 a 260 euros diarios, mientras los visitantes nacionales se dejarán una media de 200», explica José Salinas, director gerente de Valencia Turismo Convention Bureau. Se alojan en el Westin -el hotel con la suite más grande de la ciudad, 178 metros cuadrados, decorada por Francis Montesinos-, han comprado «cerámicas» en el centro, saben de pe a pa la vida y obra del arquitecto Santiago Calatrava y la paella les sabe «wonderful».

De cuántos litros de horchata salen de un kilo de chufa no saben responder los Kästner. Para disgusto de Paco Planells, un empresario del ramo que se ha visto obligado a adelantar la temporada de ventas «para atender la creciente demanda» en sus puestos ambulantes. Planells busca cobijo en los números: «Cuando empezamos, el 97% de los turistas conocía la paella, sólo el 7% la horchata. Pero eso ya pasó a la historia...».

Tampoco creían los comerciantes de la calle Las Novias, especializados en trajes de boda, que se quedarían sin género, advierte Julia Martínez, que representa a 400 comercios del casco histórico. No ha llegado a sus oídos que en el recinto haya bodas, «sólo bautismos de embarcaciones» en el recinto del America's Cup Port. Pero galas hay a tutiplén y los navegantes y sus familias están arrasando con los trajes de fiesta.

Se pregunta el presidente del colectivo que agrupa a los 2.940 taxistas de la ciudad, Antonio Muñoz, si a medida que la regata vaya desarrollándose tendrán que volver a liberalizar una semana a su flota, como ya hizo durante la visita del Papa. «De momento, hemos optado por que los fines de semana, a partir de la medianoche, cuando se concentra gran público en el puerto trabajen todos los taxistas que quieran», argumenta.

Por no caber, ni el megayate del megafortunas Larry Ellison, director ejecutivo de la firma informática Oracle. El barco, que tiene cancha de baloncesto en la popa, se ve obligado a fondear fuera del recinto portuario. «¿Se han quedado cortos en la ampliación del puerto? Qué le voy a decir. Que precioso está, pero que el barrio sigue sumido en un naufragio», critica Jesús Vicente, presidente de la asociación de vecinos del Grau, distrito que vive ahora «puerta con puerta con el lujo». Aquello está precioso, pero aquí nos falta hogar de jubilados, ambulatorio y polideportivo. ¿Turistas? Sí. Váyanse a calles mejores, les prevengo».

El gusto de Demi Moore

Hasta los pescadores, relegados a un reducido espacio junto al tinglado número cinco, encuentran el lado bueno del asunto, «si es por el bien de la ciudad», expone José Ramón Domingo. Ellos, al menos, recibirán una indemnización por cada día de competición que les impida faenar. El patrón mayor de la cofradía lamenta que las cigalas, las sepias y los salmonetes se los estén llevando los pesqueros de Castellón y de Almería, porque en Valencia se han quedado sin plaza donde vender. Sólo se muestra «entusiasmado» con el buen trato que el equipo chino, vecino de tinglado, les dispensa.

Jorge Santacruz, ilicitano encargado del café Bianco, emplazado frente al canal, está más habituado a ver franceses e italianos a la hora del aperitivo. «Piden martinis y 'ricards' con agua. Demi Moore se conformó con un 'carpaccio'», revela. «El local se cerró solo para ella, ya que se molestó en venir».

 
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