Domingo, 29 de abril de 2007
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OPINIÓN

EDITORIAL
Inquietud justificada
La aguda caída de las cotizaciones bursátiles de las empresas inmobiliarias ha provocado preocupación en los propietarios de viviendas e inversores financieros y ha sembrado de interrogantes el inmediato futuro económico de nuestro país. Los nervios están justificados, aunque es pronto para saber si nos encontramos ante una inflexión del ciclo o ante un simple y previsto reajuste entre la oferta y la demanda. El impresionante crecimiento del PIB logrado a lo largo de la última década ha estado sustentado básicamente sobre dos pilares, el consumo y la construcción de vivienda; y existe la extendida impresión de que la temperatura inmobiliaria resulta demasiado elevada y que, en consecuencia, los precios están sobrevalorados. De ahí que la situación suscite tanto interés como inquietud y que, dado que repercute en un aspecto sensible para muchos ciudadanos, deba analizarse sin incurrir en evaluaciones apresuradas alejadas de la realidad. El sector inmobiliario no es ni tan homogéneo como pueden ser los valores bursátiles, ni cuenta con un mecanismo de precios tan ágil, transparente y controlado como la Bolsa. Dentro de él conviven activos y motivaciones tan diferentes como pueden ser la compra de la vivienda que se utiliza como residencia habitual y la adquisición de una segunda o tercera residencia, destinadas a un uso esporádico o con una intención especulativa. Por lo tanto, la evolución del mercado no será homogénea.

La desmesurada apuesta por el ladrillo ha tenido serias consecuencias para las familias españolas, al empujar su endeudamiento hasta máximos históricos. Un riesgo que ha quedado paliado por el incremento paralelo de la riqueza que han inducido los precios de las viviendas; pero que los progresivos aumentos de los tipos de interés están agravando. Dada la gran volatilidad de los mercados financieros, no es sencillo aventurar previsiones. Sí cabe recordar que el grueso del endeudamiento y una parte muy sustancial del sector están centrados en la primera vivienda, y también que los aumentos en la demanda encuentran bases sociológicas muy sólidas, como los cambios de la estructura de las familias o el incremento de población que provocan la demografía y el atractivo de España como país de residencia. Este segmento está protegido por la necesidad. El mercado laboral atraviesa una etapa de fuerte dinamismo, lo que garantiza el cobro de uno o de varios salarios por unidad familiar. Y mientras eso sea así, los ciudadanos cumplirán con sus créditos hipotecarios, aunque eso suponga que deban reducir gastos. Por esa misma razón, cualquier augurio sobre la evolución de la actividad inmobiliaria requiere de una atenta vigilancia del comportamiento de esas dos variables económicas claves que son el empleo y el consumo.

 
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