Domingo, 29 de abril de 2007
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DEPORTES

CICLISMO
El ciclismo siempre vuelve a Lieja
Valverde defiende su título mientras seis equipos proponen no correr en España hasta que se aclare la 'Operación Puerto'
El ciclismo siempre vuelve a Lieja
TRIUNFO HISTÓRICO. Valverde se convirtió en 2006 en el primer español que gana en Lieja. / EFE
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LA DECANA
Recorrido: 262 kilómetros con 13 cotas. Entre ellas, Stockeu (1,1 km, al 10,5%, La Redoute (2,1 km, 8,4%) y St. Nicolás (1 km, 11%).

Favoritos: Valverde, Rebellin, Di Luca, Schumacher, Bettini, Ricco, Schleck, Samuel Sánchez, Cunego, Vinokourov, Astarloa.

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'Ciclismo' y 'bicicleta' tiene un origen común: el término 'cyclos' latino. Significa 'rueda'. Círculo. Ciclo. La etimología acertó. El ciclismo se repite; es un deporte encerrado en un círculo. Siempre vuelve a su origen. A sus líos con el dopaje y a sus santuarios. A Lieja, por ejemplo. Hoy se disputa la 'Decana', la clásica más vieja. La Lieja-Bastogne-Lieja. La carrera vertical. Siempre hacia arriba, con el sufrimiento repartido en trece cotas que han visto pasar toda la historia del ciclismo: Stockeu, Levée, la Redoute, Sart Tilman, St. Nicolás... En ese profundo bosque belga ganó cinco veces Merckx, cuatro Argentin, y otros como Kubler, Anquetil, Van Looy, Hinault, Kelly, Bartoli... y Valverde, el último en clavar su nombre en el tronco de las Ardenas. El defensor hoy del título.

Antes de que los 'ciclos' rueden, Lieja es centro de reunión: de equipos, de ciclistas, de organizadores. El viernes, los responsables de la Vuelta y el Giro apoyaron al Tour en su campaña de exclusión de todos los afectados por la 'Operación Puerto'. Pidieron a los equipos que tachen a los 'malditos'. Ayer, varios conjuntos extranjeros -los franceses y otros como el Gerolsteiner y el Quick Step- expusieron una medida de presión: si no se llega hasta el fondo de la red de dopaje desarticulada en Madrid, amenazan con no competir en las carreras del calendario español. Además, quieren tramitar una petición al Consejo Superior de Deportes para que reabra el caso. El próximo viernes vuelven a juntarse los organizadores y los equipos para zanjar este asunto. Este lío.

Nada nuevo en Lieja. Ya hubo escándalo en 1966, el día que ganó Anquetil en una jornada canicular. Nada más bajar del podio, los controladores antidopaje se dirigieron a él. Al monarca. Les rechazó. «Puedo hacer con mi cuerpo lo que quiera. Esos controles atentan contra la dignidad del individuo». Luego, mentón enhiesto, fue más allá: «Si quieren una muestra, que cojan agua de mi ducha». No se atrevieron a quitarle el triunfo. Bastó una multa. Ese mismo año, en el Tour, los corredores hicieron huelga contra los controles por sorpresa. Fue el inicio de esa guerra civil, de esa doble carrera: el dopaje y el antidopaje.

El ciclismo siempre ha vivido en ese ciclo vicioso. Incluso al comienzo. La Lieja-Bastogne-Lieja nació el 22 de mayo de 1892, con 33 participantes. Su trazado es consecuencia de dos circunstancias ajenas al deporte. Una: se eligió Bastogne como punto para hacer el giro porque hasta allí había línea de tren, lo que facilitaba la organización de la carrera. Y dos: el ciclismo belga es mayoritariamente flamenco, pero a finales del siglo XIX, esa región era rural y pobre. Una bici costaba siete meses de salario. Por eso, la carrera se creó en la zona francófona, industrial y rica. Y ahí sigue. En pie. Tiesa como su recorrido. Fantástica como sus historias.

Las más conocidas vienen del frío. En 1957, los corredores tuvieron que orinarse en las manos para evitar las congelaciones. Se habló de la carrera 'siberiana'. Se repitió en 1980, en la segunda victoria de Hinault. Bajo una tempestad de nieve. En el Polo belga. Para el kilómetro 65, sólo quedaban algo más de 50 ciclistas en liza. Hinault quiso bajarse. Uno de sus gregarios, Le Guilloux, le convenció para seguir hasta el avituallamiento. Fue un truco. Sabía que una vez cruzado el ecuador de la prueba, la ambiciosa sangre de su jefe comenzaría a calentarse. Así fue. A noventa kilómetros de Lieja, Hinault hervía sobre una carretera blanca. Hizo ese tramo solo. Majestuoso. A ritmo de gesta. Kuiper, el segundo, llegó a más de nueve minutos.

Roche y Criquelion

Leyendas y polémicas. Ciclismo de ciclos. De líos con la farmacia y también deportivos. Como el de 1987. Roche y Criquelion venían a dúo, con la carrera en sus manos. Se vigilaban con un minuto de renta sobre Argentin, Millar y Madiot. Se miraban. Y por desconfiar tanto, se fiaron en exceso de su ventaja. Argentin les rebasó con la meta a un paso. Esa victoria creó un silencio: durante años, Criquelion y Roche no se hablaron. Como éste, hay decenas de episodios en la biografía de la 'Decana'. Las Ardenas es tierra de trincheras, el escenario de la última ofensiva alemana en la II Guerra Mundial. Allí, en la edición de 1988, se cayeron a la vez más de 50 corredores. Fignon, Mottet... El americano Phinney entró de cabeza por la ventana trasera de uno de los vehículos del Isoglass. Le costó 150 puntos de sutura. Tatuaje de trinchera sobre la piel.

De los otros líos, los oscuros, también ha habido más capítulos. En 1994, tras la exhibición del equipo Gewiss en la Flecha Valona -triplete de Argentin, Furlan y Berzin- el médico Michele Ferrari, asesor del Gewiss, asombró a Lieja con su declaraciones: «Si yo fuera corredor y supiera de la existencia de un producto indetectable que aumenta el rendimiento, lo utilizaría». Sin citarla, hablaba de la EPO, que ya corría por las venas del ciclismo. Ayer, en Lieja, proseguía esa conversación con los equipos del Pro Tour divididos por la 'Operación Puerto'. Discusión sobre el lío cíclico. Hoy toca ciclismo. Valverde, el primer español que ganó en Lieja, aspira a ser también el segundo. Quiere su propio ciclo.

 
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