Sábado, 21 de abril de 2007
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VIZCAYA

EDUARDO HERRERA, PSICÓLOGO Y LOGOPEDA
«Es una vergüenza que se ofrezcan remedios milagrosos para la dislexia»
El experto bilbaíno aboga por las nuevas tecnologías y la reforma del sistema educativo para superar este trastorno en el aprendizaje
«Es una vergüenza que se ofrezcan remedios milagrosos para la dislexia»
El ordenador es fundamental en la consulta de Herrera. / M. BARTOLOMÉ
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«La dislexia es un trastorno invisible y las asociaciones de afectados son fundamentales para enfrentarse a ella». Esto es lo que asegura Eduardo Herrera, psicólogo y logopeda bilbaíno que lleva 14 años tratando a niños con este problema. Por ello, la asociación vizcaína Dislebi ha organizado una conferencia hoy, a las 10.00 horas, en el Palacio Yohn de Bilbao, donde el experto ofrecerá pautas para afrontar esta situación.

-En pocas palabras, ¿qué es la dislexia?

-Un trastorno que padecen algunas personas para procesar la información escrita. Nada que ver con una enfermedad.

-Ni con la inteligencia...

-Exacto. No hay relación directa.

-Pero, a veces, se tilda a los afectados de vagos. Sobre todo si son niños.

-Sí. Su dificultad se achaca a déficits de atención. Pero muchos de ellos se esfuerzan cada día para leer y no lo consiguen. Es normal que si no ven avances, dejen de atender.

-¿Y por qué les pasa esto?

-El proceso de nuestro cerebro para reconocer los signos escritos es muy complejo. A mí lo que me sorprende es que no haya más disléxicos.

-Y encima aquí el trabajo de los jóvenes es doble, por el euskera.

-Pero cambiarles a un modelo educativo no es una solución. Lo que le pasa a un disléxico es que carece de una habilidad específica. Sin embargo, con un entrenamiento puede adquirirla y mejorarla.

-Entonces, ¿la solución es ponerle a leer sin parar?

-¿No! Hay que analizar en que fase del proceso de lectura fallan. Enfrentarse a este problema es un arte: no hay dos niños iguales.

-La primera reacción de los padres es la preocupación...

-Hombre, no hay que alarmarse, pero tampoco tomarlo como algo natural. Eso de dar tiempo al tiempo es perjudicial: la lectura no se automatiza.

-¿Se puede prevenir la dislexia?

-De los dos a los cuatro años es muy importante jugar con el niño a las adivinanzas, a deletrear, a silabear... También hay que contarles cuentos con el libro delante para que descubran para qué sirve leer.

-¿Y una vez que se diagnostica?

-Hay que evitar varias cosas: entre ellas, aumentar la ansiedad del niño. Los disléxicos son conscientes de su bajo rendimiento y se sienten mal por ello. Algunos incluso experimentan respuestas fisiológicas cuando tienen un libro delante, como que les suden las manos.

-Entonces...

-Se puede trabajar con programas de ordenador y con juegos interactivos. Las nuevas tecnologías nos ofrecen muchas posibilidades.

-¿Los niños responden?

-Sí. Se lo pasan muy bien, que es fundamental. Tienen que percatarse de que leer es divertido. La idea es 'prueba, nadie te pide que lo hagas bien, sino que lo intentes'.

-¿Y el sistema educativo?

-Está preparado para atender a niños con necesidades especiales, pero la dislexia está fuera de ese catálogo, de momento.

Doble juego

-¿Qué necesitarían?

-Mucho apoyo, que se traduce en una persona para ayudarles de forma individual. La escritura tiene un peso enorme dentro de la educación. Hay dos etapas: la que se centra en la lectura y la que transmite contenidos por escrito. Si tienen dificultades con la primera, pierden el tren de la segunda.

-¿Hace falta una reforma?

-Es necesario una adaptación a los nuevos tiempos. Ya no vale lo de toda la vida. Sin embargo, las estadísticas juega un doble papel.

-¿En qué sentido?

-Se habla de que hay desde un tres hasta un quince por ciento de escolares con dificultades en el lenguaje, en función del tipo de trastorno que se analice. Al hacer números, a veces no compensa la inversión. Hay que buscar ayuda fuera.

-Y no todo vale...

-Los remedios milagrosos no existen. Es una vergüenza que haya quién los ofrezca.

-¿Cuáles son?

-Hay varios, como las lentes de colores. La dislexia es un trastorno complejo y no puede tener una solución sencilla. No es un problema visual, ni de psicomotricidad, ni de lateralidad, ni de percepción... Hay que trabajar muchos aspectos.

-La picaresca también existe.

-No creo que esas personas intenten engañar a los afectados. Lo que ocurre es que no se han reciclado.

 
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