Viernes, 13 de abril de 2007
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DEPORTES

CICLISMO
Marchante acosa a Vicioso
El madrileño del Saunier Duval arañó medio minuto a un líder que se tambaleó y que hoy se examina en Erlaitz
Marchante acosa a Vicioso
ATAQUE. Gómez Marchante hizo tambalearse al líder en la subida a Azpirotz. / DAVID APREA
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Champán en tiempo de derrota. En la cena, apenas tres horas depués de ser vapuleados por Vicioso en Vitoria, los corredores del Saunier Duval descorcharon una botella. Por el cumpleaños de un auxiliar. La risa es amarilla. «Aquí no cabe el pesimismo», apunta Matxin, el director. Motivado por la remontada. «Cuanto más difícil, más fuerza. A por el milagro». En la mesa habló de atacar al día siguiente. «Ya arranco yo», respondió de inmediato Marchante, con la decepción ya archivada. Durmió bien. Con la navaja entre los dientes. Sobre la almohada que conserva desde pequeño. Soñando con Aspiroz, el puerto que ayer abría la meta de Lekunberri. A Vicioso le costó más conciliar el sueño. Los nervios van rotulados en las cláusulas del liderato. Aspiroz fue su pesadilla. Le aguó el champán de la víspera, el del podio de Vitoria. El último kilómetro del puerto fue una palanca que detuvo su maquinaria. Atornillado. Rechinaban sus bielas. Le despertó un escalofrío que duró 34 segundos, los que le arañó Marchante. Al sueño de Vicioso de ganar esta Vuelta aún le quedan 1 minuto y 46 segundos, a repartir entre la subida a Erlaitz de hoy y la contrarreloj de mañana. Los escenarios de otra pesadilla. Y el lugar donde volará la espuma de la última botella de champán. La ronda se emociona.

Lekunberri, traducido, es algo así como 'sitio nuevo'. Es un pueblo muchas veces arrasado y reconstruido. Por guipuzcoanos, franceses y castellanos. De ahí su torre defensiva. Ayer la levantó el Relax de Vicioso. Y la zarandeó el Saunier de Marchante y Gil, que buscaban un 'sitio nuevo', otro escenario, otra Vuelta. Más cercana. El milagro de Matxin comenzó en Lekunberri, el paso donde durante siglos hubo que pagar peaje para ingresar en el reino de Navarra. A Vicioso le costó ayer medio minuto largo y algo más: la sensación de fragilidad que dio en Aspiroz. Lekunberri renovó una ronda que parecía zanjada. Es el sino de este lugar. Mutante.

Ciclista de tarde

Aquí todo cambia. Voigt, por ejemplo. El alemán de la RDA. El chaval que, tras el Muro, trucaba la antena televisiva de su casa para ver el Tour, la carrera capitalista. El ciclista que madruga: ha ganado tres sectores matinales en la Vuelta al País Vasco. Ayer no. Lekunberri es otra cosa. Venció en sesión vespertina. Ciclista de tarde que atacó pronto: en el kilómetro seis, junto a Artetxe, Tiralongo, Verdugo, Di Gregorio, Engels, Naibo, Pérez Arrieta, Remy y Grivko. Buen rebaño. Diez es un buen número para las compatir escapadas. Ayer la cifra mala era el '2'. Tankink, hasta ayer segundo en la general, renunció a salir de Vitoria. Como el dorsal '2', esto es, Mayo. Aún habrá que esperarle. «Simplemente, no iba», alegaron en el Saunier Duval. Y se fue. Él, a casa, y los fugados, a Lekunberri. Por los puertos de Azazeta, Opakua, Zuarrarrate y Huitzi. Otra etapa corpulenta. Y bajo un bosque de nubes frías.

Todavía quedaban otros dos altos: Leaburu y Aspiroz. Cortos, pinos. Los subió sin compañía Voigt, con su estilo costoso: los puños sobre la maneta, doliente, mareando la cabeza. Cuesta verle. Pero una vez solo, ya es imposible pararle. Nadie lo hizo. Por primera vez iba a ganar por la tarde. Eso sí, puntual con una de su carreras preferidas. Vista la etapa, quedaba la general. En eso andaba el Relax, cavando con Sevilla, Elías y Mancebo una trinchera defensiva. El ejército de Vicioso. Entonces, la carrera regresó a la cena del Saunier Duval, la del champán. «Ya arranco yo». Marchante cumplió su promesa. Es un muelle. Fue su primer aviso. El segundo llegó en Aspiroz. El Relax era pasto del Saunier. Como el resto de los equipos, incluido el Euskaltel. Matxin amontonaba escombros a su paso. Y Vicioso era su objetivo predilecto. Marchante corría con un muñón en el ánimo. Como los amputados a los que les duele la pierna que no tienen. A él le dolía la Vuelta que dejó ir en Vitoria. A por ella. Voraz. Encendido, como el carbón al fuego. Cara roja. 'El pimien', le dicen.

Tras él, sólo se atrevió Quim Rodríguez, vigilado por Gil, el otro del Saunier. Vicioso zozobraba. Menguaba ante el valle de Larraun. Subía a medias. Seco. «Es que no me iba esta subida», alegó en la meta después de pagar en Lekunberri la tasa de 34 segundos. En la megafonía tronaba la victoria de Voigt. Y en la caseta donde se visten y atusan los que tiene que ir al podio, Marchante aguardaba a Vicioso. Le vio llegar. Le miró profundo, buscando un gesto de hundimiento, un motivo para descorchar otra botella. Aún no. El líder aragonés rehuyó la mirada, se agarró al recuento de pérdidas -medio minuto- y, sobre todo, a su renta: 1.46. Dicen que hoy está citada la lluvia. Será un día líquido: de agua y champán.

 
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