Fue casualidad. Hace justo medio siglo, un barrenador que andaba por las peñas de Ranero, en un balcón de Karrantza, abrió a golpe de detonación un jardín subterráneo: la Cueva de Pozalagua. Allí acabará el próximo martes la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco. Cinco décadas atrás, fue un minero, un tal Marino, el que ingresó primero en la gruta de las estalactitas caprichosas. 'Marino' es un eco ciclista. De Lejarreta. Otra casualidad. Ayer no estuvo allí el 'Junco de Berriz', sino los dorsales de otra generación, los del Euskaltel-Euskadi, que recorrieron con dinamita de fogueo los últimos setenta kilómetros de esa etapa. Un ensayo para amartillar bien los detonadores que sonarán en apenas seis días.
La sesión partió desde Zalla. Samuel Sánchez, Unai Etxebarria, Íñigo Landaluze, Aitor Hernández, Jorge Azanza, Gorka Verdugo, Rubén Pérez y Mikel Astarloza tanteaban el nublado cielo y hablaban de sus rivales: «De Contador, de Cunego, de Valverde, del Saunier Duval...». «El recorrido de esta vuelta es un matadero. Hay demasiados puertos», resumía Miguel Madariaga, mánager de la formación naranja. Puertos, desde luego, habrá. En la segunda etapa, la que ayer palparon sus ciclistas, se pasará por Udana, Kruzeta, Bikotz-Gane, Garate, San Cosme, La Escrita, Ubal y el final en Pozalagua. Pasos para una 'semana santa' ciclista.
El 'ocho' naranja probó ayer el final de esa procesión. El tendido trazado del alto de La Escrita, el áspero inicio de Ubal y su descenso alfombrado con excremento vacuno... «Si llueve nos beneficia», dijo un mecánico. Hablaba por Samuel Sánchez, el chico sin vértigo en los descensos, el líder del equipo. Su baza. Pero nadie quiere agua. La vuelta sería un calvario.
El caso es que ayer, en la etapa simulada, sí llovió. Agua camino de la cueva que rima: Pozalagua. «Es más duro este final de lo que esperaba», constató Igor González de Galdeano, secretario técnico. Lo confirmaron sus directores, Odriozola y Gerrikagoitia. Samuel llegó con un piñón de 27 dientes reservado para dos tremendas rampas. No quería malgastar las piernas en el ensayo. Prefiere barrenar la subida dentro de una semana.