La motivación para desempeñar un trabajo puede ir acompañada de una dosis 'positiva' de estrés, pero ésta se vuelve negativa cuando las exigencias superan las aptitudes. En el nivel máximo de nocividad se sitúa el síndrome de 'Burn-out' (quemados, literalmente). Muchos son los profesionales que aseguran haber pasado alguna vez por esa situación de estrés inaguantable y perjudicial para la propia salud. No obstante, hay dos profesiones que, por el entorno en el que se desarrollan, parecen ser más propensas a las situaciones límite: los docentes deben convivir con niños y los sanitarios, con enfermos.
Una encuesta realizada por la Federación de Enseñanza del sindicato Comisiones Obreras destaca cuatro factores de riesgo psicosocial: el exceso de exigencias psicológicas, la falta de influencia y desarrollo en el trabajo, la ausencia de apoyo social y las escasas compensaciones.
«Esta es una de las profesiones que más bajas laborales sufre. La razón la encuentro en la actual sociedad, en la que el profesor ha perdido su tradicional autoridad», opina Luis Dorado, secretario general de UGT-Rioja en materia de enseñanza.
«Aunque en La Rioja no se puede hablar de violencia hacia los profesionales, sí que sufren indisciplina y desorden. La situación tiene difícil solución. Los padres han desplazado la misión de educar exclusivamente a la escuela y no se sienten responsables. Nosotros solos no podemos contrarrestar los impulsos de la calle y de la televisión. La sociedad debe concienciarse y la ley tiene que respaldar nuestra autoridad», solicita Dorado.
El grado de implicación tiene mucho que ver con el estrés. Si para un profesor (sobre todo, si es novato) resulta complicado abstraerse del entorno, para un sanitario quizá lo sea más aún. «Habitualmente se trabaja con estrés, porque tratas con seres humanos y te afecta lo que les pase», reconoce Celia López, secretaria autonómica del SATSE (sindicato de enfermería). «En concreto, yo trabajo en pediatría y esta situación es más radical. Con el niño sufres y sonríes. De todos modos, cuando eliges esta profesión, sabes a lo que te enfrentas. Con años de experiencia puedes lograr abstraerte, pero es difícil», admite.
Los cambios afectan
La reciente apertura del nuevo Hospital San Pedro es la última causa de estrés entre los profesionales. «Ahora te enfrentas a espacios más amplios, que aún no conoces y dispones de menos tiempo», apunta. Con ella coincide Inmaculada Ballesteros, secretaria autonómica del SAE (Sindicato de las Auxiliares de Enfermería). «El traslado al San Pedro es como empezar de cero; te cambian los pacientes, la ubicación de las cosas. Y sí, los actuales pasillos son el doble de grandes».
Ella lleva cuatro años al frente del sindicato «peleando» por cambiar la situación de las auxiliares de enfermería, función que ha desempeñado otros veinte años, y «volveré a ejercer en el futuro». «Buscamos una determinación de nuestras funciones, que no están muy claras; una subida de nivel; y una persona en dirección que nos represente», pide.
«Aunque lógicamente el humor de las personas cambia mucho cuando se sufre una enfermedad, hay pacientes que te hacen creer que vale la pena dedicarte a este trabajo», atestigua Ballesteros.