Convivir en las aulas parece cada vez más complicado. En los últimos meses el concepto 'bullying' se ha hecho muy familiar; incluso grabaciones en teléfonos móviles han aportado testimonios visuales sobre comportamientos sorprendentes y sancionables en las aulas. Al margen del empleo de la tecnología para el regodeo personal, ¿estas situaciones ya sucedían antiguamente en los centros de enseñanza? ¿Supone un problema tan grave como muchos creen? Cuatro profesionales de ámbitos íntimamente relacionados (Educación, Justicia y Psicología) con la docencia y el comportamiento del ser humano aportan algunas dosis de cordura.
«No quiero hacer debate político ni mediático, para eso hay otros foros, pero se trata de una cuestión importante y delicada», comienza Juan Antonio Gómez Trinidad, director general de Educación de La Rioja. «La escuela es una caja de resonancia de la sociedad, ya que la escolar es sólo una parte de la convivencia de la sociedad. El aspecto mediático tiende a buscar lo escabroso. En definitiva, sólo es un reflejo social, no exageremos», opina.
«¿Violencia? -prosigue-. No hay más de la que pudo haber hace años. Probablemente éramos más crueles, pero no había tanta repercusión mediática. En la escuela sí que hay abuso de mala educación, de indisciplina...Yo me fijo en un detalle. Si un niño dice 'por favor' o 'gracias' es un buen síntoma», asegura.
Gómez Trinidad asume que a esta situación «hemos contribuido los padres, porque hay un malentendido que ha lleva a un equivocado 'coleguismo' con los hijos». «El problema no es de los jóvenes, aunque tienen su responsabilidad. Hay un déficit de educadores. Falta autoridad. Los chicos necesitan maestros de verdad», añade.
María José Marrodán, presidenta del Ateneo Riojano, coincide con la mayoría de las tesis del director de Educación. «Los problemas son de convivencia, pero no hay bullying. Se debe diferenciar entre conflictos puntuales y otros más continuados. La mayoría son situaciones de mala educación, porque los alumnos no entran en las normas. Hay que ayudarles a entender», propone.
«Antes se hablaba de urbanidad y luego surgieron las horas de tutoría», destaca. «El objetivo es encontrar estrategias, que los alumnos se conozcan, se relacionen y razonen mejor. Pienso que todos los profesores enseñan a portarse bien, pero hay algunas acciones que deben tomarse más sistemáticamente. Nos debemos unir todos (familia, escuela, sociedad), porque los alumnos se empapan de cosas que no son a través de los medios de comunicación o sus compañeros. La sociedad debe concienciarse de cuáles son los medios adecuados», exhorta.
Justicia, un área no especializada en temas educativos, se ha visto obligada a implicarse en los problemas de relaciones entre alumnos y de éstos con el profesorado. «La ley interviene para sancionar conductas no tolerables. En 2006, los datos sobre menores recogen faltas de lesiones, robos con fuerza o hurtos producidos especialmente en zonas recreativas o en inmediaciones de los centros escolares. Se han incrementado las denuncias por acoso escolar», informa Juan Calparsoro, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia en La Rioja.
El año pasado, hubo siete denuncias, cuatro presentadas en la Guardia Civil y tres en la Policía Nacional. Por localidades, además de en Logroño, se registraron en Nájera, Nalda, Santo Domingo e Igea. «Sobre 50.000 alumnos, los datos son bajos», afirma.
Escuelas de padres
Por último, María Teresa Gil, psicóloga en el ámbito privado, asegura «no percibir más casos de acoso que antes». «Sí acuden familias con niños en una situación de mala adaptación, con problemas de convivencia con los compañeros, o que no creen percibir atención por parte del centro. Creo que la educación se hace en la familia. Es fundamental que los padres reciban ayuda para formarse. Es muy difícil ser padre y, hoy en día, más aún (la mujer trabaja más, todos queremos hacer más actividades). Es básico que haya escuelas de padres».
«Algunos no saben qué hacer con sus hijos. Falta autoridad. No saben decir 'no' a tiempo y hay problemas que se solucionarían con un azote. También falta coordinación entre padres y profesores. Deben estar en contacto», advierte la psicóloga.