Domingo, 4 de marzo de 2007
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VIZCAYA

JUAN TELLETXEA, ÚNICO SUPERVIVIENTE DEL 'NABARRA'
«Pedí ayuda a Dios para salir de aquel infierno con vida»
A sus 90 años, el único soldado del barco hundido que aún vive relata la angustia de un combate desigual que duró cuatro horas
«Pedí ayuda a Dios para salir de aquel infierno con vida»
NATURAL de Ibarrangelu, Telletxea vive en Asturias. / MARIETA
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Dicen quienes conocen a este vizcaíno que la expresividad no es una de sus señas de identidad, especialmente si la conversación le traslada hasta a aquel fatídico 5 de marzo de 1937, fecha de la batalla de Machichaco, de la que mañana se cumplen 70 años. Sin embargo, Juan de Dios Telletxea, único tripulante con vida del bou 'Nabarra' -sobrevivieron sólo 14 de los 52 marinos- hace «un gran esfuerzo» y rememora, casi con lágrimas en los ojos, el cruento episodio que dejó decenas de muertos en el bando vasco-republicano.

Natural de Ibarrangelu, el último testigo del barco peor parado en la lucha naval más importante de la Guerra Civil vive desde hace más de medio siglo en la localidad asturiana de San Juan de la Arena. El deterioro de sus piernas le impedirá, a sus 90 años, participar mañana en el homenaje a los marineros fallecidos en aquel desigual combate. No obstante, una parte de él estará allí presente. De hecho, «nunca se fue».

-¿Qué le llevó a enrolarse en la Marina Auxiliar de Guerra de Euzkadi?

-El momento. Había estallado la Guerra Civil. A mi regreso de navegar por Inglaterra, recuerdo que acudí al Hotel Carlton y de manera voluntaria completé la inscripción. No tuve ningún instante de duda.

-¿Qué edad tenía usted entonces?

-Sólo 20 años, pero eran suficientes como para aprender a ser soldado.

-Y le destinaron al bou 'Nabarra'...

-Exacto. Yo era uno de los miembros de la cocina, hasta que el día de la batalla con el enorme buque franquista 'Canarias' me dediqué a transportar obuses a nuestros modestos cañones.

-¿Cómo describiría aquel trágico 5 de marzo, en el que el potente crucero de los nacionales hundió aquel bou que no era otra cosa que un pesquero reconvertido en barco de combate?

-(Silencio). No tengo palabras, fue muy triste. Recuerdo que pedía ayuda a Dios para salir del horror que allí estaba viviendo. Todo aquello me superaba. Fueron las cuatro horas más largas de mi vida.

-¿Tan duro fue lo que allí se vivió?

-Nunca me lo hubiera imaginado. Los disparos del 'Canarias' abrieron distintos focos de fuego en el bou. Los que estaban en la sala de máquinas tuvieron que salir pidiendo auxilio a cubierta, envueltos en llamas.

-¿Había estado antes tan cerca de la muerte?

-Jamás. Fueron escenas muy fuertes: compañeros fallecidos por todas partes, en un barco que estaba ardiendo. Además, los franquistas no paraban de dispararnos.

-Ante tal panorama, ¿cómo logró sobrevivir?

-Arrojamos los botes al agua, pero el fuerte oleaje los alejó. Entonces, nos vimos obligados a saltar directamente al mar. No nos sirvió de nada, ya que la armada de los nacionales nos capturó instantes después. De ahí, nos metieron presos durante algún tiempo en la cárcel de San Sebastián.

-¿Se arrepintió alguna vez de haberse presentado voluntario a la Marina de Euskadi?

-Nunca, la causa bien merecía la pena.

-Algunos investigadores buscan todavía el lugar donde zozobró el bou 'Nabarra', ¿podría usted ayudarles?

-No, porque con la climatología de aquel día era imposible saber en qué punto del cabo de Machichaco nos hallábamos.

-¿A qué se dedicó después de la guerra?

-Volví a trabajar en un mercante y viajé por todo el mundo. Después me casé con mi esposa, Honorina, hace ya 59 años, con la que tuve a mis hijos Maite e Iñaki. Trasladé mi residencia a Asturias.

 
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