Jueves, 15 de febrero de 2007
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DEPORTES

CICLISMO
La mutación de Tom Boonen
El ídolo belga siente que pierde velocidad y que, en compensación, crece como especialistas en las grandes clásicas
La mutación de Tom Boonen
BOONEN, en la salida de una etapa de Mallorca. / EFE
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Con 15 años medía 1,90 metros y ya calzaba el 46. Ahora, once temporadas después, Boonen sigue con los mismos zapatos y con sólo dos centímetros más de altura. Desde ahí, desarrolla 1.500 vatios de potencia en un sprint. Una bomba. Así le bautizaron: Tom. En la cuarta etapa del pasado Tour de Qatar, en otra victoria sobre Petacchi, descorchó el velocímetro de la llegada: 78 kilómetros por hora. Molinillo sobre el piñón de once dientes. Fundiendo la tuerca. Boonen comparte etnia con Petacchi, McEwen y Freire: guepardos. Pero él se nota distinto. Tiene su propia teoría sobre la evolución de las especies: «Cada vez soy menos rápido y me siento más especialista en clásicas. Mi sprint ya no es tan natural». Ahora tiene que ensayarlo; antes era innato. Se siente fronterizo. Como si se estuviera convirtiéndose en otro tipo de proyectil. Otro Tom. Con distinto sonido; más clásico. «De esprinter me quedan dos años como mucho». Muta.

Obligado a reencarnarse, Boonen se fija objetivos a corto plazo. «A mí me motivan las grandes clásicas. Cuando dejen de hacerlo, me iré. No quiero eternizarme en el ciclismo». Habla ya de la Milán-San Remo, una de las que no tiene en su bien nutrido palmarés. «Puedo pasar las cuestas de La Cipressa y el Poggio. Es una carrera para mí; larga y con sprint». Allí, a finales de marzo, le espera Petacchi. «En las llegadas, somos muy similares. Tenemos 200 metros muy parejos. La clave está en el momento de la arrancada», se compara. Como los duelos de honor pistola en mano. Temple y puntería.

A otro de los suyos, a McEwen, Boonen lo define con dos palabras: «Esprinter puro». Ratonero, superviviente, intrépido y con esa pátina de locura de los que son capaces de codearse con las vallas. Un tipo duro, con mirada de rayos y truenos. ¿Y Freire? «Nadie tiene su talento». Le envidia: «Ya me gustaría a mí correr como él treinta carreras al año y ganar clásicas, etapas en el Tour y tres mundiales». Freire le asombra. Normal. Tras su victoria del domingo en Palma, el cántabro hizo un relato desternillante: «No sé por qué los demás iban tan lentos en el sprint». Risas, claro.

Recuerdo del 'arco iris'

La clase del tres veces campeón del mundo también hace sonreír a Boonen. Él también fue inquilino del maillot arcoiris, el del Mundial. Firmó en 2005 ese contrato de una temporada de duración, en el circuito de Madrid. «Ese maillot te recuerda cada mañana que eres campeón del mundo». Guiño.

Pero Boonen sabe que los grandes triunfos que aún le quedan por escribir están más en las clásicas que en los sprints masivos. Ya tiene dos ediciones de la gran carrera belga, el Tour de Flandes, y ya sabe ganar en la París-Roubaix, la prueba de otro tiempo.

Sigue la huella de su maestro, Johan Museeuw, otro velocista mutado en clasicómano. Su cicerone en el Quick Step. Su dolor ahora. Cuando Museeuw confesó hace unos días que había recurrido al oxígeno prohibido de la EPO, la opinión pública belga se sintió de luto, desengañada. Luego, el gran director, el patrón del Quick Step, Patrick Lefevre, también admitió el uso de anfetaminas en sus lejanos tres años como profesional.

Probador de material

El ciclismo, una vez más, aparecía como un gremio intoxicado por fármacos, intereses e hipocresías. A Boonen, el deportista más mediático del país que más quiere a este deporte, se le derrumbó su entorno más cercano. «Es imposible. No lo puedo creer», dijo a la prensa belga en Qatar cuando supo que la credibilidad de su equipo se tambaleaba.

Ayer, en los alrededores de Soller, en la cuarta jornada de la Challenge de Mallorca, Boonen era la estrella. Aquí la luz tiene buena mano para los paisajes. Los turistas, alemanes y franceses, le aguardaban con su lentes japonesas. Y él, sonriente siempre y con un surtidor de autógrafos, se dejaba querer.

El fabricante de bicicletas 'Time' y la firma de componentes 'Campagnolo' le utilizan para probar los materiales: si resisten la fuerza del titán, le servirán a cualquiera. Los anunciantes se pegan por él: un estudio de la UCI le designa como el corredor con más gancho. Con más posibilidades de victoria. De gol. Por eso, por seguir anotando muescas, Tom Boonen va a cambiar de campo, de ritmo: menos veloz y más clásico.

 
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