Ingenieros, administrativos, pensionistas, funcionarios, estudiantes, amas de casa... Una docena de personas de la más diversa condición representaron ayer a la sociedad vasca mientras portaban la pancarta de la discordia -'Por la paz y el diálogo. Exigimos a ETA el fin de la violencia'- por Bilbao.
Junto a ellas, por primera vez, ciudadanos que vivieron ajenos al llamado conflicto vasco hasta que el pasado 30 de diciembre les estalló en pleno corazón. Segundo -trabajador de la construcción-, su esposa Mayling Zurita -ama de casa-, y Dolores, -también trabajadora de su hogar- homenajearon a Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio en la misma cabecera de la manifestación. Lo hicieron tras asistir atónitos a la polémica política de los últimos días, sobre la que no quieren pronunciarse para «no traspasar la barrera». Mayling, no obstante, no deja pasar la ocasión de advertir que «esto tiene que ser humanitario, más que partidista».
Los voluntarios vascos no se detuvieron en la polémica. La mayor parte aseguró que llamó al Gobierno vasco para pedir plaza en la pancarta el martes, cuando el lehendakari dio a conocer la convocatoria y el lema inicial, que no incluía ninguna exigencia a ETA. Por eso, 'paz' y 'diálogo' fueron las palabras más escuchadas ayer de su boca: «Éste es un momento muy delicado y queremos la paz», explicó aferrada a la pancarta Eguzkiñe, funcionaria. «Aquí hay una gente que no sé si quiere la paz o la guerra, y otros no sé lo que están buscando», apostillaba cuatro puestos más allá un pensionista «abertzale», que criticaba a Batasuna y al PP porque «no respetan todas las ideas».
Dos jóvenes repetían experiencia. Ainara, ingeniero de telecomunicaciones de 27 años, y Iaione, hostelera de 29, ya habían portado pancartas en otras ocasiones: «Venimos como voluntarias para que esto se termine de una vez, que ya vale», sentenció la primera.