Jueves, 14 de diciembre de 2006
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DEPORTES

CICLISMO
Una Vuelta sin ciclistas
Salvo Valverde y Pereiro, las estrellas faltan a la presentación de la innovadora edición de 2007 Será la carrera de los pueblos: 13 salidas o llegadas inéditas por pequeñas localidades
«Como el ciclismo está muerto, ¿qué van a hacer? ¿Echar más paladas a la tumba? Sólo pueden tender la mano». Hasta esa apreciación llegó un inteligente observador neutral, apasionado de las bicis, enamorado del ciclismo y su épica, que comprueba cómo este deporte se desmorona. Así resumía el espectro animado que fue la presentación de la Vuelta a España 2007. Como peor no se puede estar, como es imposible más descrédito, ahí va el cable, que todos sois magníficos deportistas.

Sin embargo, había pocos ciclistas de apellido potente para recoger el mensaje. En concreto, sólo uno de los últimos ocho ganadores de la ronda, Denis Menchov, el ruso que venció en 2005 por el positivo de Roberto Heras. Ni Vinokourov (2006), ni Heras (04, 03 y 00), ni Aitor González (02), ni Casero (01), ni Ullrich (1999). Tampoco habituales del podio, estilo Carlos Sastre (en Suráfrica concentrado con el CSC), Mancebo, Beloki, Nozal o Sevilla (los cuatro últimos implicados en la Operación Puerto). Estaban, sí, Valverde y Pereiro. Ninguna figura internacional. Tampoco genios como Óscar Freire (triple campeón del mundo).

UN APLAUSO PARA PEREIRO

La edición se presentó, sin embargo, con el ampuloso anagrama de «El sueño de las estrellas». «Porque vosotros sois las estrellas», insistió varias veces el director de la Vuelta, Ignacio Ayuso. Y a pesar del concienzudo mensaje, de los buenos propósitos, resultó sintomático el momento en que el animoso entrevistador pidió un aplauso para Óscar Pereiro, «¿porque ha ganado o no ha ganado el Tour?», preguntó en espera de un coro. Pero fue el palmoteo más tímido que se recuerda para un maillot amarillo del Tour. Pendiente todavía de coronación, como está el bravo gallego, por el positivo de testosterona de Landis.

EL RETRATO DE LA SITUACIÓN

Todos los oradores que subieron a la tribuna esquivaron la palabra maldita en el lenguaje más políticamente correcto del que fueron capaces. Dopaje, el cáncer. Se habló de ética, de limpieza, de innovación, pero las referencias a la lacra fueron continuas.

Y algunas involuntarias. El último ganador en los Lagos fue Eladio Jiménez, decía el conductor del acto; el último en Zaragoza, Isidro Nozal, el último en Arcalís, Mancebo. Tres ciclistas señalados por la Guardia Civil en la Operación Puerto como sospechosos de dopaje.

Subió al estrado el secretario de Estado para el Deporte Jaime Lissavezsky, habitual a la cita. El diciembre anterior su recado fue contundente y necesario: tolerancia cero, lucha contra los tramposos. Después de la Operación Puerto, de un año para otro, su aviso se suavizó: «Habría que hacer una gran sentada porque todos queremos al ciclismo. Hay dos caminos: o el inmovilismo o la innovación. Las luces y las sombras no conducen a nada. Hay que cambiar porque tal vez todos tengamos parte de razón y el ruido de fondo no nos deja ver».

Será una Vuelta al estilo Tour, en tránsito por localidades pequeñas, lejos de grandes ciudades donde el ciclismo no cala. Trece pueblos serán salida o final de etapa en la edición más innovadora que se recuerda en mucho tiempo en busca del calor popular que necesita el ciclismo.

 
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