En el País Vasco dan por hecho que habrá movimiento de fichas en el tablero de la cúpula vasca a corto plazo. Ricardo Blázquez necesita galones para reforzar su liderazgo al frente de la Conferencia Episcopal y su labor en una plaza tan delicada como Bilbao será recompensada con un arzobispado. La incógnita está en aventurar por dónde se producirán los movimientos. Sobre todo, después del reciente y sorprendente nombramiento del sacerdote guipuzcoano José Ignacio Munilla Aguirre -de 44 años y euskoparlante- como obispo de Palencia y que muchos ven -incluido el propio prelado- como un viaje de ida y vuelta.
Munilla, hermano del director de la emisora Radio María, ha sido una figura incómoda en la diócesis de San Sebastián, donde no tuvo ninguna sintonía con José María Setién, tras haberse formado en el seminario de Toledo. Teólogo especializado en espiritualidad, Munilla ha funcionado al margen del 'establishement', con autonomía propia, y con unos planteamientos eclesiales muy conservadores. Uriarte también le ha dejado hacer.
Bien valorado en la cúpula eclesial y vaticana como todos aquellos que impulsan los denominados nuevos movimientos, por su labor con los jóvenes y como vivero de nuevas vocaciones en una época de auténtica sequía, el clero palentino asume que Munilla «también está de paso». Como estuvo Blázquez en la misma diócesis antes de ser trasladado a Euskadi.
Mientras, Juan María Uriarte se mantiene firme al frente de la diócesis de San Sebastián, aunque su feudo natural sea el vizcaíno. Su liderazgo, complementario con el discurso de monseñor Blázquez, no se cuestiona. Carmelo Etxenagusia, obispo auxiliar de Bilbao, ha tocado techo en su carrera eclesial. En cuanto al obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, su candidatura en una remodelación se mantiene al alza, pese a que carezca de proyección pública.
Pero la jubilación más próxima es la del arzobispo de Pamplona, que el año pasado presentó su renuncia ante la Santa Sede al cumplir los 75 años. Fernando Sebastián es un peso pesado de la CEE, de la que ha sido vicepresidente, y siempre ha estado muy vinculado a la labor de los obispos vascos. Aunque es verdad que ya hace mucho tiempo que no firma pastorales conjuntas y que se ha aislado un poco en el palacio de Santa María la Real.