El socialista José Montilla se convirtió ayer en el nuevo presidente de la Generalitat con el apoyo de los 70 diputados del tripartito: 37 del PSC, 21 de ERC y 12 de ICV. Los 65 parlamentarios de la oposición -48 de CiU, 14 del PP y tres de Ciutadans- votaron en contra de su investidura como el 128 jefe del Ejecutivo catalán, el cuarto desde la restauración de la democracia después de Josep Tarradellas, Jordi Pujol y Pasqual Maragall.
Visiblemente emocionado, Montilla se dirigió tras la votación al pleno del Parlament para manifestar su intención de ganarse «el respeto de los ciudadanos» como presidente, y «espero conseguir también su afecto», agregó. El líder del PSC, recibido con una cerrada ovación por los diputados de la mayoría y el silencio respetuoso de la oposición, aseguró sentir una «ilusión íntima y compartida», de la cual dijo que será «la energía que mantendrá viva mi dedicación al servicio de los catalanes».
El nuevo presidente catalán, nacido hace 51 años en la localidad cordobesa de Iznájar, agradeció «la confianza» recibida y sostuvo que se abre una «nueva etapa» política, de «más diálogo y acuerdo» que la anterior y en la que «Cataluña puede ser un ejemplo para el resto de España». Tras esta su última intervención, recibió las congratulaciones de sus socios y del ex president Pasqual Maragall y, ya en dependencias del grupo socialista, brindó con cava por su designación. También el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, telefoneó a su ex ministro para felicitarle y concertar con él una reunión en La Moncloa para «próximas fechas».
La celebración se repitió en los despachos de ERC e ICV, que como era previsible se unieron sin fisuras al PSC en el apoyo al candidato, que tomará posesión el martes, una vez que el presidente del Parlament, Ernest Benach, informe el lunes al Rey. Los consellers asumirán el cargo al miércoles, y al día siguiente se reunirá por primera vez el siguiente Executiu.
«Funcionario»
En la segunda y definitiva sesión del debate de investidura, reservada a los discursos de los portavoces parlamentarios y las réplicas del candidato, la voz que desde la oposición disparó la munición de mayor calibre fue la de Artur Mas. El líder de CiU acusó a Montilla de ser un mero «funcionario» sin «pasión por Cataluña» ni «ambición nacional», y le pidió que cuide «el alma nacional» del país. Sostuvo, asimismo, que Montilla podría convertir la Generalitat en «una gestoría» y dar por acabada la «construcción nacional de Cataluña».
Mas anunció una oposición «contundente e implacable», y aseguró que el tripartito «descansa sobre un fracaso importante», porque «el futuro presidente es una persona que no ha convencido ni a los suyos y no creyó en este nuevo Estatuto» y tendrá como vicepresidente a Carod-Rovira, «una persona que lo ha combatido». Pese a todo, hizo profesión de talante dialogante y emplazó a José Montilla a que «cuando quieran negociar grandes temas, traigan una posición conjunta de gobierno y entonces CiU negociará». El destinatario agradeció la oferta y aseguró a Artur Mas que encontrará su «mano tendida».
«Implacable decadencia»
Tampoco el presidente del PP catalán, Josep Piqué, rechazó el consenso, y hasta se lo exigió a Montilla para desarrollar el Estatuto, pero le reprochó su falta de «coraje, nervio y ambición» para dirigir Cataluña, que vive «una implacable decadencia». Asimismo, apeló a la condición de castellanohablante de José Montilla para pedirle cambios en la política lingüística, lo que éste rechazó por entender que aún son necesarias medidas de «discriminación positiva».
El debate lingüístico e identitario marcó, precisamente, la intervención -en castellano casi en su integridad- del líder de Ciutadans, Albert Rivera, quien reclamó la apertura de una «etapa postnacionalista».
Por su parte, el presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, defendió el tripartito con firmeza. Su objetivo, dijo, es construir «un nuevo catalanismo, de lluvia fina, de cotidianidad y construcción diaria». El líder republicano consideró que «los grandes retos y desafíos de los próximos años» en Cataluña «sólo podrán superarse con uni- dad y consenso». En el mismo sentido, Joan Saura, en nombre de ICV, expresó su «absoluta confianza» en la «capacidad, voluntad de sumar y rigor» del nuevo president.