Los responsables del yacimiento de la ciudad romana de Iruña Veleia, en Álava, sorprendieron al mundo el 8 de junio, cuando revelaron el hallazgo de un conjunto de 270 inscripciones y dibujos hechos sobre restos de cerámica y huesos en el siglo III después de Cristo. Uno de los grafitos es, en principio, la representación más antigua de un calvario de la que se tiene noticia hasta la fecha. Días después, el equipo de arqueólogos que dirige Eliseo Gil comunicó el hallazgo de un segundo conjunto epigráfico con palabras en euskera que, de confirmarse que se grabaron en los siglos III o IV, adelantarían seiscientos años la fecha de los primeros vocablos comunes del vascuence escrito.
Han pasado cuatro meses y se han dicho muchas cosas. Uno de los expertos encargados de peritar este último descubrimiento, el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la UPV Joaquín Gorrochategui, pide a los especialistas implicados en la verificación de los hallazgos, «extremar todas las cautelas» y no darlos por buenos antes de «llegar a un convencimiento pleno sobre su autenticidad». Algo de lo que, a su juicio, «aún estamos lejos».
En el artículo de opinión que se reproduce a continuación, Gorrochategui, director del Instituto de Ciencias de la Antigüedad y uno de los principales expertos en lenguas antiguas de la Península Ibérica -latín, celtibérico, ibérico y euskera-, reflexiona sobre algunos de los elementos «muy poco usuales» que contiene el conjunto de óstraca (inscripciones sobre restos de cerámicas) con las palabras en euskera, al que califica de «asombroso». Gorrochategui -que forma parte junto a los también catedráticos Juan Santos Yanguas y Henrike Knörr de la Comisión Científica de Seguimiento de las Excavaciones- es crítico con quienes han hablado ya de «evidencias» y expone algunas dudas.
Para empezar, recuerda que los óstraca «son una exigua minoría dentro de los grafitos antiguos». Cuando se escriben, tienen una finalidad, y de las palabras y mensajes en euskera, dice, aún no se ha encontrado «su función». El profesor precisa, además, que han aparecido nuevos grafitos de este tipo en otros rincones excavados del poblado alavés y admite que siente «vértigo» al pensar que esto sugiera «que en Veleia se impuso una moda que sembró literalmente el área urbana de letras inscritas que ahora aparecen por doquier». En una época, claro está, en la que muy poca gente estaba alfabetizada en latín.
Hábito de escribir
La perplejidad de Gorrochategui «aumenta a cada paso», cuando se fija en los temas tratados así como en la expresión lingüística. Le sorprende que haya tantos textos escritos «sin paralelo en otras ciudades de habla vasca» de la misma época y, además, «sin continuidad histórica». Las múltiples inscripciones dan a entender, a su juicio, que «el hábito de la escritura, un fenómeno nada natural en sí mismo, estaba ampliamente difundido entre los habitantes vascófonos de la zona, cuya pérdida total en los siglos altomedievales sería difícil de explicar».
También le ha llamado «poderosamente la atención» que las palabras aparecidas -'urdin izar', 'gori', 'edan', 'ian'- sean «tan inteligibles», es decir, muy similares a las que se usan hoy en día en el habla cotidiana. «Contamos con un axioma general: que las lenguas cambian, que no hay ninguna que de manera natural en quince siglos no haya experimentado un cambio mayor o menor de las estructuras», argumenta.
Así, se pregunta por algunas grafías o nombres: «¿Qué pinta esa 'h' en esa posición?», dice de la palabra 'Ioshe'. «¿A qué se debe el nombre hebreo de la Virgen?». Las contracciones y la 'z' también son objeto de sus reflexiones.
«He pretendido esbozar sólo algunos de los problemas generales que nos plantean estos hallazgos. Todo el mundo es consciente de su enorme repercusión para múltiples disciplinas históricas y filológicas. Precisamente porque hay mucho en juego, tenemos que extremar todas las cautelas», concluye el catedrático.