Miércoles, 15 de noviembre de 2006
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CULTURA

A PROPÓSITO
En negro
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Peor que el miedo a la hoja en blanco puede resultar la pantalla en negro del insustituible ordenador. Repentinamente, se niega a iluminarse, se funde en negro como en un filme de terror y entonces fundido en el temor se queda el ánimo del escribidor impotente y ciego en esa inesperada cibernética negritud. Se queda a veces negra la pantalla como boca de lobo, negra como el odio, negra como el negro vacío total de lo más hondo y oscuro. De pronto, se niega a encenderse el aparato, no luce el mínimo destello en la ventana por la que se asoman las palabras que han de colgar de un texto. Un artículo, esta columna por ejemplo, depende del indispensable artilugio, el portátil que vive, y va y viene contigo, habitual compañero que aporta y comparte contigo el tiempo, te corrige en ocasiones si es preciso, te advierte de un desacertado movimiento, te presta datos, borra y añade, quita y pone sólo con un toque imperceptible del deseo en la yema de un dedo. Se diría que el ordenador parece el amante perfecto. Hasta que llega la inadvertida avería, es decir, la traición impensable, el abandono sin aviso.

Sabemos que el ordenador traiciona, que te deja tirado en un momento inesperado, en un crucial instante igual que acaban las intensas historias de pasión en un fin desdichado de improviso. Colgada te puede dejar el ordenador, paralizada por la impotencia, sin entender por qué te deja cuando menos te lo esperas. La convivencia con el portátil tiene sus pegas, mismamente como las tiene la pareja. Al ordenador te agarras, de él te cuelgas y el corazón te altera pese a que palpite como una batería pero, sobre todo, la susodicha máquina crea una dependencia física y psicológica. Y un buen día, el ordenador te maltrata, psicológicamente te machaca. Intentas a pesar de todo darle más oportunidades, lo examinas, lo llevas al técnico, lo apagas para que repose, cobre bríos y se normalice cuando lo enchufes de nuevo para la escritura sin olvidar nunca que el ordenador es un maltratador imprevisible en potencia. Hasta que decides tirarlo para sustituirlo por otro maltratador potencial, un nuevo ingenio tecnológico similar.

 
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