Martes, 7 de noviembre de 2006
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VIZCAYA

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El acusado de la muerte de Ofelia confiesa que le clavó «un cuchillo en la tripa»
Alegó ante el jurado que actuó «bebido y drogado», y que sufre un trastorno mental «Todavía no sé por qué lo hice», declaró
El acusado de la muerte de Ofelia confiesa que le clavó «un cuchillo en la tripa»
EL ACUSADO, a la derecha, siguió el comienzo del juicio sentado junto a su abogado. / IGNACIO PÉREZ
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«Revolví en un cajón de la cocina y cogí dos cuchillos, uno me lo metí en la cintura y el más pequeño se lo clavé en la tripa a la difunta». Felipe A.U., acusado del asesinato de su ex compañera, Ofelia Hernández, una joven guatemalteca de 32 años, el pasado invierno en Durango, se confesó ayer autor de la única puñalada mortal, durante el juicio con jurado que se sigue en la Audiencia vizcaína. Según declaró ante el tribunal popular, aquel día estaba «tomado y drogado» y, tras la agresión, siguió a la «difunta», como la denominó varias veces, para «intentar cogerla», hasta que ésta se refugió en una pizzería.

Con tono firme, incurriendo según las acusaciones en algunas contradicciones, el procesado -que vestía chaqueta azul, camisa amarilla y pantalón claro-, relató con detalle y sin apenas gestos de emoción cómo vivió aquel 15 de enero de 2005. La pareja se había separado, pero, según Felipe A.U., la «relación sentimental» nunca se interrumpió del todo. Pese a que sobre él pesaba una orden de alejamiento a raíz de una denuncia por una paliza en julio de 2004, seguía residiendo en el domicilio familiar, ubicado en la calle Alluitz. «Ella tenía un teléfono de esos que cuando aprietas un botón viene la Ertzaintza», explicó gráficamente.

La declaración, que se retrasó hasta primera hora de la tarde, duró más de hora y media. Sólo algunos miembros del jurado tomaron notas; el resto siguió atento el descarnado relato del acusado. El día de autos, ambos acudieron por separado a una fiesta de cumpleaños. «Tomé doce o catorce cervezas y licor de manzana hasta que me quedé sin tabaco», explicó. Entonces, mantuvo un «rifirrafe con la difunta y una amiga». No recordaba el motivo del enfrentamiento, aunque sí que «no era un tema serio».

Cuando llegó a casa, se dirigió a la cocina -«supongo que, por educación, saludaría, no sé»-. Después, «ocurrió todo». Según el fiscal, el acusado empleó tal fuerza en el ataque que el cuchillo se dobló y sufrió un esguince en la muñeca, extremos ambos negados por el reo incluso cuando el secretario exhibió en la sala el arma homicida con la hoja completamente inclinada.

«Yo soy el que buscáis»

La terrible secuencia transcurrió ante los ojos de la hija de ambos, de cuatro años, y otro hijo de Ofelia de una relación anterior, de once. Los dos niños viven ahora acogidos por una amiga de la víctima bajo tutela de la Diputación. Al hablar de los pequeños, el procesado mostró su cara más humana: «Ellos son lo más importante de mi vida», repitió.

Sólo entonces, cuando la mujer «desapareció», se dio cuenta de que «había hecho una barbaridad». Escondió un cuchillo en una maceta en el portal de sus padres y pasó la noche «vagando por el monte». «Nunca quise matarla, no sé por qué lo hice», reveló. Al día siguiente se dirigió al caserío de su tío, quien le confirmó que Ofelia había muerto. «No te preocupes, me voy a entregar», le anunció. De camino a la comisaría, se topó con una patrulla de la Ertzaintza y espetó a los agentes: «Yo soy el que estáis buscando».

El ministerio fiscal califica los hechos de asesinato con alevosía y quebrantamiento de condena, al haber incumplido la orden de alejamiento dictada en septiembre de 2004. Reclama 20 años y siete meses de prisión, y una indemnización de 86.000 euros para cada niño. La asociación Clara Campoamor eleva la petición a 24 años al sumar un delito de violencia doméstica habitual. «Para él la vida de Ofelia no tenía ningún valor», observó la letrada en las alegaciones iniciales.

El Ayuntamiento de Durango ejerce la acción popular y califica el caso de asesinato (20 años) o, secundariamente, homicidio (15). La defensa alega que su cliente sufre un «trastorno límite de la personalidad, además de adicción al alcohol y otras drogas», por lo que solicita que cumpla un máximo de tres años y nueve meses en un centro especializado de internamiento.

 
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