Miércoles, 25 de octubre de 2006
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TAU CERÁMICA
El coloso desmesurado
Schortsianitis, que saltó a la fama en el pasado Mundial, bordea los 160 kilos debido a su malsana dieta y su peligrosa tendencia a engordar
El coloso desmesurado
'Baby Shaq' arrolla a los turcos Gonlum y Kutluay en Japón. / EL CORREO
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Recibe el apodo de 'Baby Shaq', pero tampoco le iría mal el de 'La Masa'. Apenas supera los dos metros, pero la báscula tiembla cuando se acerca. Sofocles Schortsianitis, el referente interior del Olympiacos, bordea en estos momentos los 160 kilogramos. Una auténtica barbaridad. De hecho, su índice de masa muscular se dispara hasta un porcentaje de 39, inviable en teoría para la práctica de un deporte.

Este hijo de griego y de camerunesa, sin embargo, parece decidido a contradecir a la ciencia. No sólo milita en uno de los 'grandes' del baloncesto heleno, sino que es internacional. Pero su peligrosa tendencia a engordar, acrecentada por una dieta malsana, le han llevado últimamente a las portadas de los medios helenos más por sus 'michelines' que por su juego. De ahí que su técnico, Pini Gershon, haya decidido dosificarlo hasta que controle su peso.

'Baby Shaq' (pequeño Shaquille O'Neal) siempre ha librado una dura guerra contra las calorías. Fue el verano de 2005, durante su primera pretemporada con el Olympiacos, cuando se hizo patente su derrota. El poste, de 21 'añitos', se presentó con «treinta kilos de más», según fuentes de su club. La marca exacta es un secreto que nadie se atrevió a revelar. Ni entonces ni ahora.

Poco a poco moldeó su silueta y se erigió en uno de los puntales de la formación roja. Su excelente año le sirvió para recibir la llamada del seleccionador. Y en el Mundial de Japón se mantuvo en unos 'correctos' 149 kilos a lo largo de toda la competición. A su regreso se ha abandonado de nuevo, explican desde su propio club.

Esta losa que persigue a Schortsianitis no es nueva para el periodista Quique Peinado, de la revista 'Gigantes del Basket'. Lo 'descubrió' en el Europeo junior de Sttugart'02. «Me impresionó desde el primer momento. Su superioridad física era tan aplastante como su figura. Recuerdo una acción en la que, al saltar a por un rebote, mandó a la grada a dos jugadores croatas, en plan secuencia de cualquier serie de dibujos animados», rememora divertido. Por entonces el angelito tenía 17 años y ya rebasaba los 120 kilos.

La historia de Schortsianitis, elegido por Los Angeles Clippers en el 'draft' de 2003 y que anduvo a un paso de comprometerse con el TAU ese mismo verano, ha ocurrido otras veces en el deporte de la canasta. Existen diversos precedentes de jugadores presos de un cuerpo descomunal.

El récord de Jackson

Robert 'Tractor' Traylor, ahora en el dique seco tras someterse a una cirugía cardíaca, alcanzó los 150 kilogramos durante su etapa en los Cavaliers de Cleveland. Su caso es más sangrante ya que sólo mide 1,98 metros. En la ACB, la afición del Granada recuerda con una sonrisa a Corsley Edwards. Este pívot, que apenas aguantó unos meses la pasada campaña, puso la aguja de la balanza en los 140. Y algo similar ocurrió con el ahora retirado John Williams, que superó esa marca durante su último año en España, en el Huelva de la LEB. Mel Turpin, todo un número seis en el 'draft' de 1986, volvió locos a los responsables del CAI Zaragoza por su desmedida afición a las hamburguesas.

Pero el récord de obesidad en el baloncesto profesional corresponde a Troy Jackson, hermano del ex jugador de los Knicks Marc Jackson. 'The Escalade', como se le conoce, se ha plantado en las canchas con ¿170 kilogramos de humanidad! Después de ser considerado uno de los mejores jugadores de instituto en los Estados Unidos, la grasa se instaló en su cuerpo durante su periplo universitario. Así se le cerraron las puertas de la NBA y de cualquier competición seria. Peregrinó por varias ligas menores y ahora, a punto de cumplir los treinta, se gana el sueldo en un conjunto de exhibición de una conocida marca de ropa deportiva. De momento, a Schortsianitis le va bastante mejor.

 
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