Domingo, 22 de octubre de 2006
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Valery Karpin, sociedad limitada
El ex jugador ruso del Celta y de la Real Sociedad triunfa como empresario de la construcción y se convierte en el primer mecenas del deporte gallego
Valery Karpin, sociedad limitada
EN LÍNEA. Karpin posa con su ordenador portátil. / BERNARDO CORRAL
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Las oficinas de Valery Karpin S.L. ocupan toda la primera planta de un moderno edificio con fachada de cristal tintado en la calle Arenal de Vigo, junto a la plaza de la Alameda. En la entrada, atenta al teléfono y al parpadeo de su ordenador, una secretaria sonriente atiende a los visitantes.

-¿Tienen alguna cita?

-Sí. Con el señor Karpin.

-¿De parte de quién?

-Del periódico EL CORREO.

La secretaria asiente tras consultar su dietario, teclea la extensión de su jefe y le informa de la llegada de los periodistas de Bilbao.

-¿Les importa esperar un momento?-, pregunta, señalando unos sofás de alcántara, bien mullidos.

La secretaria vuelve a sus quehaceres. Los teléfonos no dejan de sonar en los despachos cercanos. En uno de ellos alguien discute sobre la calidad de unos embellecedores. Más allá del hilo musical, se escucha un rumor atlántico de lluvia y gaviotas. El puerto está cerca. Valery Karpin aparece al cabo de cinco minutos. Lleva el pelo repeinado con gomina y viste 'Dolce y Gabanna' desde las zapatillas hasta el gran colgante de plata que le cuelga sobre el pecho. El ex-jugador del Celta y de la Real está delgado y destila la energía contagiosa de siempre. «Suelo salir a correr. Ayer hice 8 kilómetros por la mañana y anteayer otros 8 por la tarde, al salir de la oficina. Me mantengo en forma», explica.

Karpin conduce a los visitantes a su despacho, una estancia funcional, sin grandes alardes, con vistas a la calle. Una puerta corredera la separa del salón de reuniones. En la pared hay cuadros abstractos de colores muy vivos y una estantería en la que destaca el Atlas Phaidon de Arquitectura. Sobre su mesa se ven hojas de fax con contratos y albaranes, y se amontonan libros de diseño, revistas de cocinas, catálogos de baños y un muestrario de colores. Suena el móvil y, tras comprobar la identidad del interlocutor, el ex-futbolista de Tallin lo apaga. Pero entonces suena el teléfono fijo y la secretaria le informa de una visita inesperada pero ineludible.

-¿Buff! Estoy a tope. ¿Me perdonáis diez minutos?

El promotor de moda

Karpin comenzó a invertir en el sector de la construcción hace cuatro años, poco antes de volver a la Real Sociedad. Liado por unos amigos, según cuenta, adquirió el edificio en el que ahora tiene las oficinas de su empresa, lo tiró abajo y lo volvió a levantar, moderno y aparente. Así empezó todo. Al día de hoy, Valery Karpin S. L. tiene nueve trabajadores en nómina, un número indeterminado de profesionales subcontratados y es la promotora de moda de Vigo. Sus inversiones están en boca de todos desde que, en compañía de su antiguo compañero de equipo Míchel Salgado, realizó una operación inmobiliaria de vértigo, facturada en 50 millones de euros, en la parte antigua de la ciudad: la compra del viejo asilo Pi y Margall y de todo su barrio anexo. Dicho de otro modo: 20.000 metros cuadrados que, en los próximos tres años, se transformarán en 400 viviendas de lujo.

Lejos de conformarse con ello, Karpin continuó invirtiendo con voracidad y -a decir de los expertos- con muy buen tino a la hora de elegir solares e inmuebles en mal estado. De este modo, su promotora tiene actualmente proyectos en la calle Alfonso XIII y en las zonas del Arenal, Progreso y la Gran Vía. El último, firmado el pasado verano, también trascendió a los medios de comunicación por su importancia. El empresario ruso pagó a una constructora orensana 18 millones por los 11.000 metros cuadrados del solar de Cluny, donde levantará una urbanización de lujo con zonas verdes y 2.000 metros cuadrados de área comercial.

Habladurías

-Perdonadme por la espera-, se disculpa, al cabo de un cuarto de hora, de regreso a su despacho. ¿Qué queréis saber?

-Para empezar, si le gusta esta vida tan ajetreada.

-«Me gusta, me gusta. Cada persona, cuando puede elegir, elige la vida que le gusta. Tengo muchas movidas y mucho lío, pero si lo hago es porque me gusta, aunque a veces pueda estar estresado. Cuando pensaba en el día de mi retirada lo único que tenía claro era que no iba a quedarme en casa quieto y parado. ¿Ya tendré tiempo de descansar cuando tenga setenta años!», se ríe.

Valery Karpin es consciente de que su éxito como hombre de negocios está dando mucho de que hablar en Vigo y de que el gallego es de por sí receloso y desconfiado, pero no le preocupan las habladurías. «A la gente le gusta hablar y todo se magnifica. Parece que todo lo estamos construyendo nosotros y no es cierto. Tenemos nuestras cositas, lógicamente, y se conocen, pero tampoco son tantas. Cinco cosas aquí y otra en Mallorca. Preferimos hacer pocos proyectos pero bien, con calidad. Esto es muy importante, que tu nombre se asocie a un producto de calidad. Es una de las cosas que he aprendido como empresario. La otra es que siempre tienes que estar encima de todos los detalles, con los arquitectos, con los aparejadores... Por eso no tengo negocios en Rusia. Viviendo aquí no tiene sentido», argumenta.

Las gentes del ladrillo

Seguro de sí mismo, incansable en el trabajo diario y bien relacionado, según dice, «con los políticos de todos los partidos», al que fuera jugador de la selección rusa tampoco parece preocuparle la mala fama que, de un tiempo a esta parte, están adquiriendo los empresarios de la construcción. «Chorradas», dice, apagando el teléfono móvil, que ha vuelto a sonar, cuando surge el tema de las mafias del ladrillo. «En este mundo hay gente de todo. Hay gente mala, gente buena, gente regular, gente seria y gente no seria. Como en el periodismo o como en el fútbol. ¿Corrupción? ¿Trapicheos? ¿Comisiones? Las habrá como en todos los sectores y como en todas partes. ¿No se habla de ellas en el fútbol?», inquiere.

A raíz de su éxito como empresario, Karpin se ha convertido en el gran mecenas del deporte gallego. Su faceta de Gran Patrocinador comenzó hace cuatro años, cuando los dirigentes del equipo vigués de voleibol, el más antiguo de España, le solicitaron ayuda a la desesperada. Estaban en trance de desaparecer. Surgió así el Vigo Valery Karpin. El siguiente en tocar su puerta, con la misma mirada de súplica, fue el Vigo Rugby Club, que también le tocó la fibra sensible y encontró patrocinador.

Peticiones a diario

Una vez creada, la bola de nieve fue imparable. El empresario de Tallin empezó a recibir peticiones sin parar y tuvo que decir basta. Tampoco era el rey Midas. Eso sí, sentimental como es, no pudo negarle la ayuda al nadador paralímpico Chano Domínguez. «Cuando el chaval ganaba medallas todo el mundo se iba a hacer fotos con él, pero luego no podía ni entrenar porque tenía que ir a vender el cupón de la ONCE», explica Karpin, que continúa recibiendo solicitudes de ayuda económica casi a diario. «Me han pedido que invierta en tenis, en fútbol-playa, en paddle... ¿Hasta en horse-ball! Todo el mundo necesita dinero. Pero este año ya se ha cerrado el grifo. Con el Karpin Galicia estamos hablando de cifras muy gordas», se justifica.

Al empresario se le nota ilusionado con su equipo ciclista profesional, una especie de Euskaltel-Euskadi -se trata de una fundación deportiva de la Xunta de Galicia- al que él esponsoriza y que comenzará a competir en enero de 2007. Esta misma semana ha firmado los contratos de los diez corredores a los que Álvaro Pino dirigirá la próxima temporada. «¿Que por qué me he metido en este otro lío? Pues porque soy un culo inquieto. Por eso me gusta esta ciudad, porque es muy viva. En una inversión así no puedes cuantificar el retorno que te va a dar a nivel mediático. Pero estoy contento de haberme metido. No tenía ni idea de ciclismo, pero tampoco tenía ni idea de construcción y aquí estoy».

Triunfando.

 
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