Miércoles, 11 de octubre de 2006
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SOCIEDAD

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El Rey descorcha el 'château' de Frank Gehry
Don Juan Carlos inaugura la monumental Ciudad del Vino que el arquitecto ha levantado en la localidad alavesa de Elciego
El Rey descorcha el 'château' de   Frank Gehry
DE FIESTA. Más de mil personas participaron en la inauguración. / FOTOS: IOSU ONANDIA Y BLANCA CASTILLO
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LA CIUDAD DEL VINO
Complejo: Consta de una bodega, un hotel de lujo, un restaurante exclusivo, un spa de vinoterapia, un centro de reuniones y áreas para banquetes.

Hotel: Los precios de las habitaciones oscilan entre 400 y 1.350 euros.

Restaurante: Gestionado por Francisco Paniego, del Echaurren de Ezkaray.

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Nueve años y ocho días. Ese es el tiempo exacto que distancia la inauguración del Guggenheim de Bilbao de la puesta de largo, ayer, de la Ciudad del Vino en la localidad riojano alavesa de Elciego, las dos únicas obras arquitectónicas que Frank O. Gehry ha firmado en España. Algo menos de una década y apenas un 'salto' de 122 kilómetros unen ya el sinuoso sueño que el artista canadiense calculó y levantó en la capital vizcaína, de la titánica «melena» -así la ve el propio autor- que ha despeinado en plena tierra del oro negro alavés para Herederos Marqués de Riscal.

Aunque hace algunas semanas se especuló con una presentación en sociedad al estilo más o menos hollywoodiense, los propietarios del emporio que fundó el aristócrata Cándido Hurtado de Amézaga a mediados del siglo XIX, se decantaron al final por un acto más sobrio e institucional. Ni Brad Pitt -amigo de Gehry y un entusiasta del diseño-, ni Gerard Depardieu, ni Cindy Crawford. La exposición al mundo del irresistible tándem que conforman la arquitectura de vanguardia y el vino de calidad tuvo, por contra, un cariz regio.

Don Juan Carlos aterrizó en Laguardia poco antes del mediodía. Llegó en helicóptero desde Madrid, a la par que la Ministra de Agricultura, Elena Espinosa. Un coche oficial trasladó al monarca hasta la plaza del Reloj, dentro del fastuoso complejo de 100.000 metros cuadrados donde Marqués de Riscal elabora, mima y atesora la mayor colección de caldos de Europa, y ahora también trata, en el exclusivo spa del hotel, las pieles fatigadas y las manchas ocasionadas por el sol con las 'milagrosas' propiedades de la uva.

Al Rey le aguardaban algo más de doscientos periodistas y una comitiva formada por el lehendakari, Juan José Ibarretxe; el presidente de la bodega, Alejandro Aznar; la presidenta del Parlamento vasco, Izaskun Bilbao; el delegado del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma; el diputado general de Álava, Ramón Rabanera; la presidenta de las Juntas Generales de Álava, Teresa Rodríguez de Barahona y, en representación de Elciego -una isla entre un océano de viñedos poblada por apenas un millar de habitantes- su alcalde, Rafael Cruz. Ayer -no hacía ningún esfuerzo por ocultarlo- vivía su «día más grande» en sus «veintitantos» años como primer edil. Más aún. «Es el día más importante para este pueblo desde la llegada de la democracia», redondeó.

Testigo, como sus vecinos, del ir y venir incesante de Gehry al pueblo durante el último lustro -«está al detalle de todo»-, el regidor abría bien los ojos a su alrededor en un intento involuntario de grabar el «antes y el después» que el monumental edificio marcará. Para el pueblo y para toda una comarca, la de la Rioja Alavesa, que en los último tiempos ha asistido a la renovación de otras bodegas, de la mano de gurús de la arquitectura, como 'Ysios', de Santiago Calatrava para Allied Domecq, o la de Phillippe Mazières para Viña Real, de Cune. Ambas, en Laguardia.

Brindis a 'degüello'

Mientras un destacamento de invitados -alrededor de 1.200- duplicaban poco a poco el censo de la localidad, los anfitriones conducían al Rey a 'la catedral', el corazón de la bodega originaria. Allí, paseó entre cubas -una de ellas con su nombre y otra con la de su padre, el Conde de Barcelona- y atravesó pasillos húmedos y estrechos hasta alcanzar el tesoro de Marqués de Riscal: una angosta cueva que, botella a botella, narra sus 140 años de historia.

Tocaba el primer brindis de la mañana. La añada escogida, la del 38, el año de nacimiento de Don Juan Carlos, a quien paladearlo le llevó, eso sí, un buen rato. El que le costó descorchar el negro elixir con la técnica del degüello -con ayuda profesional-, y que consiste en calentar y enfriar el cuello de la botella para que el líquido no sufra ninguna agresión.

Escaleras arriba, bajo los ondulantes flequillos de la 'melena' de Gehry y los telares de color oro, plata y sangre que parecían prender del edificio en un homenaje a los colores del vino embotellado, los invitados aguardaban apretados y expectantes la aparición del monarca y del arquitecto. Tras un encuentro previo en el que Gehry sintetizó su trabajo al Rey, llegó el turno de Tomás Ruiz de Eguilaz y de su hisopo. «Para algunos vecinos, no nos vamos a engañar, es un gasto superfluo, pero de lo que no hay duda es de que se trata de un edificio singular. Sobre todo cuando estás en él, como yo ahora», decía, impresionado, antes de salpicarlo de agua bendita y dar por inaugurados «estos locales».

'Nabuco' y uvas de helio

Desde lo alto de una colina, bajo una carpa con forma de concha, la Coral Manuel Iradier insuflaba solemnidad al momento con 'Va pensiero' y 'Oh Jerusalem', ambas piezas de la ópera Nabuco, de Verdi. Entretanto, una bailarina enfundada en un vaporoso vestido color burdeos se deslizaba entre chimeneas de tela, emulando el descorche del vino, y desgranaba al cielo las uvas de un racimo de helio.

Tras el espectáculo, el arquitecto ofrecía al Rey una fugaz visita guiada a su edificio y los invitados se desplazaban a la zona del cóctel, en unos salones situados junto a los depósitos de acero inoxidable de la bodega. Entre ellos, Marina Castaño, quien se volvió más de una vez sobre sus espaldas para calibrar en la distancia la «belleza» de la obra de Gehry. «Esto no lo hay en todo el mundo. Va a ser una promoción tremenda de la Rioja Alavesa en el extranjero. Es espectacular», piropeó la viuda de Cela desde lo alto de unos zapatos granates de charol. El mismo adjetivo, y una ráfaga de fotos digitales, le dedicó la representación de distribuidores americanos de Marqués de Riscal.

Puertas adentro, frente a un público apiñado junto a la tribuna, el presidente de la bodega se dirigía por primera vez a los asistentes para enmarcar la inversión de 9 millones de euros en un proyecto de «reforzamiento de su imagen. Porque sólo las grandes marcas triunfan en un mundo globalizado», aseveró. Alejandro Aznar dedicó sus últimas palabras al trabajo de Gehry, quien, según contó, aceptó el encargo tras degustar una botella del 29, su año de nacimiento. «¿Quién mejor que él para hacer el 'château' del siglo XXI! Y aquí está», zanjó satisfecho. Y ayer, por fin, fue descorchado.

 
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