Domingo, 8 de octubre de 2006
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DEPORTES

SAMUEL SÁNCHEZ CICLISTA DEL EUSKALTEL-EUSKADI
«Llegué a pensar que sufría una maldición que me impedía ganar»
«Me he dado cuenta de que en las carreras no hay que gastar munición», asegura el ciclista asturiano, que vive la temporada de su consagración
«Llegué a pensar que sufría una maldición que me impedía ganar»
ELLA Y ÉL. Samuel Sánchez y su bicicleta, inseparables desde que el ciclista asturiano del Euskaltel-Euskadi era un niño. / FOTOS: BERNARDO CORRAL
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Son más de las tres de la tarde cuando llega a su casa de Oviedo, empapado hasta los huesos y «con un pajarón de cojones» tras cuatro horas y media de recorrido por las faldas del Angliru y las carreteras revueltas de la cuenca minera. El cuentakilómetros de su bicicleta marca 120 kilómetros. «Hoy es el día más duro de la semana», explica Samuel Sánchez, un profesional metódico y obsesivo que no escatima una pedalada cuando se trata de afinar o mantener su puesta a punto. Quizás por ello, porque el buen trabajo acumulado siempre acaba dando sus frutos, el ciclista asturiano del Euskaltel-Euskadi ha alcanzado, a sus 28 años, un punto exacto de madurez que le ha permitido dar el gran salto por el que llevaba años suspirando: ha dejado de ser un magnífico segundón para convertirse en un ganador.

Con cinco grandes victorias en la presente temporada, la última en el Gran Premio de Zúrich, y una actuación soberbia en el pasado Campeonato del Mundo, 'Samu' es segundo en la clasificación de la UCI ProTour -hoy intentará defender ese puesto de privilegio en la Clásica París-Tours- y se ha convertido en una de las referencias del pelotón internacional. Tras una ducha larga, el ciclista se sienta a la mesa. «¿Que hambre tengo!», exclama. Hay que creerle. A estas alturas del año, a los ciclistas dan ganas de darles unas monedas para el bocadillo. El ovetense está como un junco: 65,8 kilos de fibra y huesos. Afilado, que dirían en el mundillo del pedal. Vanessa, su pareja, le sirve un plato de sopa caliente y un tetrabrick de zumo de naranja. «Pregúntame lo que quieras».

-Comencemos por dejar constancia de que se encuentra usted en el mejor momento de su carrera.

-Sin duda. Ahora me llegan los años buenos. Entre los 28 y los 32 ó 33 son los mejores años de un ciclista.

-¿Por un tema fisiológico o porque uno ya ha madurado y sabe preparase y competir mejor?

-Por las dos cosas, seguramente. La madurez es muy importante. Yo lo noto. Ahora entreno mejor, soy más metódico y cuido más los pequeños detalles que antes no cuidaba. En la alimentación, a la hora de descansar...

-¿Esperaba dar este salto o se ha sorprendido a sí mismo por su gran rendimiento esta temporada?

-Yo sabía que algún día tenían que llegar las grandes victorias. Y ha sido este año. Todo me salió bien desde el principio y lo que bien empieza, bien acaba. Lo que no esperaba, sinceramente, era ganar en Zúrich.Y menos como lo hice. Llegar solo fue una pasada. Que todo un campeón del mundo como Cancellara se ponga a tirar con otros tres galgos y sean incapaces de cogerte te hace sentir muy bien.

-¿Cuando uno comienza a ganar le cambia la forma de competir?

-Sí. La mentalidad te cambia. Ahora intento esperar mi momento y ver la carrera más en frío, no tan en caliente como antes. Yo antes lanzaba muchos tiros al aire a ver si caía la paloma, pero es un error. En las carreras no hay que gastar munición. Ahora cuando apunto y disparo es porque creo que voy a dar en la diana.

Bruja o velas negras

-¿Las victorias le están haciendo más ambicioso?

-Yo siempre he sido ambicioso. Desde niño. Siempre he sido un corredor ganador. Las ansias de victoria las llevo en la sangre. Hombre, las victorias lo que te dan es seguridad y confianza.

-Dice que lleva las ansias de victoria en la sangre. Sin embargo, durante años casi se hizo usted famoso por acumular segundos y terceros puestos. Supongo que se sentiría muy frustrado.

-Sí. Yo veía que andaba muchísimo, que tenía un nivel muy bueno y, sin embargo, no ganaba. Y si no ganas en este mundo no se te reconoce. La verdad es que lo pasé mal. Llegué a pensar que tenía una maldición que me impedía ganar. Pensé en ir a visitar alguna bruja, en pasear el agua, en poner velas negras...

-Ha estrenado nueva mentalidad. ¿Se plantea también nuevos objetivos como ciclista?

-Los objetivos van a ser los mismos, pero hay que mejorarlos. Si el objetivo este año era ganar la Vuelta al País Vasco y gané dos etapas pero no la general, pues el año que viene iré a por la general. Y en la Vuelta a España, lo mismo. Este año he sido séptimo. Pues el próximo quiero estar cerca del podio.

-¿Lo ve factible?

-Sí. Este año he sido el corredor que menos tiempo perdió en la última semana con respecto a Vinokourov. Y eso te da confianza.

-También le daría moral ser segundo en la última crono de la Vuelta.

-Estoy trabajando muchísimo en eso. Y también Orbea está haciendo un trabajo magnífico en la aerodinámica. Es que esto es como la Fórmula 1. Cada pequeño detalle cuenta. Muchos pocos hacen un mucho.

-Le preguntaba antes si se veía capacitado para hacer podio en la Vuelta porque, respecto a usted, todavía existe la duda de si es un ciclista para clásicas o para carreras de tres semanas.

-Yo pienso que soy un corredor muy versátil y polivalente, capaz de ganar una clásica de la Copa del Mundo y de hacer un puesto de honor en la Vuelta a España. Estando en forma soy capaz de cualquier cosa en un día, en cinco o en tres semanas. Pienso que soy un ciclista rentable que puede ganar al principio y al final de temporada. Sacrificarlo todo para disputar el Tour no va conmigo.

-¿Pero no piensa en el Tour?

-Ahora no. Tengo claro que no es el momento de que yo corra el Tour. Primero, porque está Haimar Zubeldia en el equipo -Iban no sé si seguirá- y no me gustaría meterme en su terreno. A él le encanta esa carrera y se le da bien. Y segundo, porque me gusta estar bien a principios de año y luego hacer un buen final con la Vuelta, el Mundial y las clásicas.

-En el Euskaltel-Euskadi se están viviendo muchos cambios. Llegó Igor González de Galdeano, van a estrenar nuevo director... ¿Cómo valora estos cambios?

-Fenomenal. Igor viene de un equipo con mucha disciplina. Es joven y todavía tiene espíritu ciclista. Si ha hecho cambios es por el bien del equipo. Y los resultados le están dando la razón.

-Le noto en buena sintonía con su director deportivo.

-Sí, tengo buena sintonía porque yo soy un corredor serio y metódico. Me considero un buen profesional. Yo baso mi rendimiento en un trabajo sobrehumano y en cuidarme. A mí no hace falta que nadie me llame la atención o que me diga lo que tengo que hacer. Si quiero rendir sé lo que tengo que exigirme a mí mismo. Mi madre solía decir aquello de 'cuídeme mi padre, cuídeme mi madre que como no me cuide yo, no me cuida nadie'. Y yo eso me lo aplico todos los días.

Una educación

-Se ha referido a su madre. La perdió usted hace seis años, víctima de un cáncer, pero los valores que le inculcó se le han quedado grabados.

-Mis padres se separaron cuando era niño y mi madre me educó lo mejor posible y lo más rápido que pudo para que el día que ella faltase yo ya estuviese educado y supiese hacer de todo. Tuve la suerte de que, desde jovencito, me enseñó a planchar, a hacer la comida, a hacer la cama... Recuerdo que yo me quejaba: 'jolín, mamá, a mis amigos les hacen la cama'. Y ella entonces me preguntaba: '¿Si yo mañana me muero crees que me voy a levantar de la tumba para hacerte la cama?' Siempre le agradeceré que me enseñara a valerme por mí mismo. Ella tenía esa cosa dentro: el cuando yo no esté... Todos los valores que me inculcó los llevo muy dentro. No hagas a los demás lo que no te gustan que te hagan a ti. Nunca me olvido de eso.

-Además, ella siempre le apoyó en su carrera como ciclista.

-Ella confiaba plenamente en mí. Me decía que yo podía ser capaz de conseguir lo que quisiera si trabajaba y creía en mí mismo. Nunca en la vida me apartó de la bicicleta. Aunque no era un buen estudiante nunca me apartó de la bici porque sabía que esa era mi ilusión. 'Si te sacrificaras tanto en los estudios serías ingeniero', me decía. La llevo siempre en el pensamiento. Cada vez que gano echo las manos arriba porque soy ciclista gracias a ella.

-Fue ella la que le dio permiso para salir de casa con 18 años y venirse al País Vasco para fichar por el Olarra.

-Es que si quería ser profesional tenía que irme a Euskadi. Al principio estuve en Galdakao y luego tuve la suerte de dar con la familia Amezaga, que ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida. Me abrieron sus puertas como a un hijo. Marta, Tomás y luego estoy yo, el tercero. Son como unos padres y unos hermanos.

-Por cierto, ¿cómo se lleva eso de lucir el maillot del Euskaltel-Euskadi por Oviedo?

-Bueno, te advierto que aquí hay mucho naranja. De todas formas, en una ciudad pasas desapercibido.

-Vamos, que no eres Fernando Alonso.

-Ni de lejos. Él no puede ni andar por la calle.

-¿Conoce a Fernando Alonso?

-Sí, cada vez que nos vemos charlamos bastante. Es un tío normal, sencillo y agradable.

-No da precisamente esa imagen.

-Lo que pasa es que está abrasado por los medios. Ponte en su pellejo. Pero es un tío normal, nada prepotente. Le encanta el ciclismo y te pregunta mucho por la bici.

-Para terminar. Su año más feliz ha venido a coincidir con un año negro para el ciclismo a causa del dopaje. La 'Operación Puerto', el 'caso Landis'... ¿Cómo ha vivido todo eso?

-Pues con mucho disgusto. Veía toda la porquería que se estaba lanzando encima de este deporte y se me quitaban las ganas de coger la bicicleta. En esos momentos sales a entrenar y parece que te miran mal, como si no te sacrificaras, como si lo que consigues es producto de un laboratorio o de una jeringuilla. Y eso es muy duro. Es muy duro sobre todo cuando te pegas las palizas que nosotros nos pegamos. Ya has visto la mañana que he tenido: cuatro horas y media, calado, con un pajarón que no veas... Pero eso no vende. El sacrificio no vende. Vende lo otro. Yo de la 'Operación Puerto' poco puedo decirte. Que se pronuncien los tribunales. Lo que sí puedo asegurarte es que a nosotros se nos trata mucho peor que a otros deportes.



 
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