Sábado, 30 de septiembre de 2006
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Los británicos descienden de los vascos de la Edad de Hielo
Un profesor de Oxford sitúa su origen genético en los habitantes de un refugio climático a orillas del Cantábrico que, tras la glaciación, se extendieron por toda Europa
Los británicos descienden de los vascos de la  Edad de Hielo
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El mito que ha sustentado hasta ahora la historia de los pueblos británicos se basa en la existencia de una población originaria celta, que procedería de una gran civilización germánica, y a la que los invasores anglosajones normandos masacraron, reduciéndola a los contornos occidentales de Gran Bretaña y a Irlanda.

Ya no es posible sostenerlo con el semblante serio. Porque el profesor de la Universidad de Oxford Stephen Oppenheimer acaba de publicar un libro -'The Origins of the British' (El origen de los británicos)- en el que demuestra que los pueblos británicos proceden de los vascos.

Es la derivación más precisa de una hipótesis ya adelantada por otros académicos europeos: en el País Vasco, Cantabria y Aquitania existió uno de los más importantes refugios durante la última gran glaciación. Para escapar del frío, un grupo de hombres de Cromañón se asentó en este Edén. Cuando el clima volvió a ser benigno, a partir de hace 15.000 años, las tribus vasconas se dispersaron por los territorios que sus antepasados habían abandonado por el clima.

Stephen Oppenheimer presenta su libro como 'Una historia genética de detectives' tras publicar hace unos años 'Out of Eden: The Peopling of the World' (Fuera del Edén: el poblamiento del mundo), que traza la trayectoria genética de la población del planeta desde su origen africano.

El método de su investigación consiste en confirmar una hipótesis a través del análisis de los datos genéticos recogidos por científicos a lo largo de las últimas décadas y que son de acceso libre. A través de ese cruce de información, Oppenheimer llega a la conclusión del origen vasco de sus compatriotas.

Los estudios de historia genética referidos a las islas británicas tienen, además, un atractivo adicional. La constatación de que el hielo cubrió su territorio durante las glaciaciones y su posterior aislamiento del continente permite establecer la existencia de poblaciones relativamente aisladas y homogéneas.

En el prefacio de su libro, y tras celebrar la diversidad cultural, Oppenheimer advierte contra la «mentirijilla política» que trata de ocultar las diferencias de los pueblos. Así, descarta que «un sentimiento de orgullo en la cultura y en la diversidad sea la causa primaria de los crímenes nacionalistas».

Con esa premisa, comienza a trazar el posible origen de las poblaciones británicas a partir de las correspondencias en la frecuencia de marcadores genéticos entre diversas regiones europeas. Y deduce que esas poblaciones provienen de uno de los refugios europeos en la última glaciación -en concreto, del vasco-. Aunque ésta terminó hace 22.000 años, hubo posteriormente un período intermedio de enfriamiento, conocido como 'Younger Dryas', entre 13.000 y 11.000 años antes de nuestra Era.

El efecto 'fhön'

El profesor de Geografía en la Universidad del País Vasco Antón Uriarte ya adelantó en 1992 una hipótesis sobre las razones climáticas por las que se constituyó en el actual País Vasco y en la región de Aquitania un entorno medioambiental que permitió la pervivencia de poblaciones, mientras gran parte del continente era inhabitable por el frío.

Se debería, según Uriarte, autor de 'Historia del Clima de la Tierra' (Servicio Central de Publicaciones del Gobierno vasco, 2003), al efecto 'fhön': «El aire que atravesaba la Península procedente del suroeste perdía humedad y se calentaba de forma notable por el efecto 'föhn' al bajar al Cantábrico y a Aquitania, tal y como ocurre en la actualidad. De esta manera, en la región cántabro-aquitana el frío invernal quedaba muy atenuado, creándose una zona refugio de clima más benigno para la fauna y para los seres humanos».

Así, Oppenheimer se basa en esa teoría del refugio para cotejar los datos genéticos disponibles hasta la fecha, diferenciado entre los de los hombres y los de las mujeres. Los análisis del ADN mitocondrial -que se transmite sólo a través de las hembras de la especie- le llevan hasta la ancestro conocido como Vera, la 'eva' vasca, procedente del refugio del Cantábrico, que está más presente en Europa Occidental que su prima rusa, Helina.

También contrasta la línea masculina, que se extiende a través del cromosoma Y. Oppenhemier encuentra aquí frecuencias notables del grupo genético Ruisko, y, dentro de él, delimita varios 'racimos' procedentes de un único antecesor, el 'adán'. Estos marcadores tienen su origen en uno de los dos principales genotipos procedentes de España. Así llega a la conclusión de que «el origen de todos los racimos y sus genotipos» tiene una misma raíz «que se expandió hacia el norte desde el refugio vasco hace 16.500 años».

La teoría sobre el origen de los británicos, que está teniendo un considerable impacto en los círculos académicos, asienta la idea de una población vasca que, como consecuencia de las circunstancias climáticas expuestas por Antón Uriarte, sería la más antigua de Europa.

Pero estos colonos procedentes del sur no serían los únicos en llegar a las islas británicas, unas tierras que permanecían deshabitadas desde las glaciaciones. Otros grupos que se desplazaron desde refugios climáticos en el sur de Ucrania y en Moldovia habrían creado, según Oppenheimer, sus propios asentamientos. Y mucho más tarde, avanzadillas de vikingos, anglos y normandos lo convirtieran también en su territorio.

El euskera común

Esa explicación permite también entender la peculiaridad del euskera como un idioma preindoeuropeo. Aunque el fallecido profesor Larry Trask manifestaba una ira santa hacia quienes vinculaban el idioma vasco con el íbero, el sumerio o el burushaski, la tesis genética de Oppenheimer añade cierto aval a las teorías del profesor de la Universidad de Munich Theo Vennemann. Este prestigioso lingüista, basándose en la hipótesis de la expansión de grupos humanos desde el refugio vasco y aquitano, ha encontrado correspondencias entre el euskera y lenguas germánicas.

Vennemann ha analizado, por ejemplo, la etimología de nombres de ríos y asentamientos que contienen la partícula 'eber', tal como el de la ciudad de Ebersburgo. Pues bien, el lingüista ha argumentado que, en vez de la interpretación tradicional que lo asocia al sustantivo 'eber' (oso), hay que remontarlo al sustrato euskérico 'ibar' (vega).



 
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