El Correo Digital
Miércoles, 27 de septiembre de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Mira quién baila..., pero míralo bien
Los programas de televisión cada día me interesan menos, y no miento cuando digo que prácticamente sólo veo la tele cuando, al conectar el 'dvd' para ver una película en condiciones óptimas, la manipulación mínima que el proceso requiere me aboca a ver durante segundos, o décimas, algunas imágenes de nuestra televisión, sea pública o privada: un fragmento de telediario, publicidad, algún cómico tratando de hacer gracia o, quién sabe, tal vez lográndolo... Por la misma razón, y como no me gusta opinar sobre aquello que desconozco, casi nunca doy mi punto de vista sobre la tele y sus programas. Es un tema que no me interesa y del que no sé nada, suelo limitarme a decir: La televisión sólo me provoca un afable encogimiento de hombros.

Pero estos días hay una pequeña polémica (tal vez la seriedad de la palabra es excesiva para el medio, pero concedámosla por esta vez) sobre la participación de Carmen Martínez Bordiú en un programa de Televisión Española (es decir, aquélla que pagamos todos con nuestros impuestos) llamado 'Mira quién baila', donde ex famosos en paro participan en las distintas modalidades de un concurso de baile, fingiendo que lo pasan extraordinariamente bien, que lo pasan 'chupi'. Todos tenemos derecho a ganarnos la vida y peor me parece ser fabricante de armas.

Sin embargo, sí me ha chirriado la polémica a la que antes aludía. Al parecer, se pagan 48.000 euros a Carmen Martínez Bordiú (no se especifica si a ella sola o si el precio incluye a su actual pareja, que la acompaña ante las cámaras) por programa. No objeto nada especial a que esta señora haga el ridículo por esa u otra cifra, y mucho menos a que su compañero libe del mismo néctar. Pero al intentar ubicar la razón exacta de la fama de Martínez Bordiú descubro que, desnudando su biografía de maridos, amantes y escarceos de todo tipo, sin duda legítimos, la razón esencial y primera de su popularidad es que se trata de la nieta del dictador Francisco Franco, el hombre, probablemente, que más españoles asesinó.

Con todo el respeto a Martínez Bordiú, que como digo tiene el mismo derecho que cualquiera a ganarse el pan como pueda, esa circunstancia familiar otorga al hecho de verla evolucionar en 'Mira quién baila' cierta categoría de bufonada obscena y desasosegante. Francamente, me apetece aún menos de lo habitual mirar quién baila.



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