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Sábado, 23 de septiembre de 2006
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POLÍTICA
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OPINIÓN/El capitán
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Durante una temporada, como consecuencia del Acuerdo de Lizarra, los debates políticos del Parlamento vasco se vieron invadidos por un léxico procedente del sector de la construcción que se aplicaba a la edificación de la patria. El gremio de la albañilería aportó los conceptos básicos con los que se entendían aquellos que estaban implicados en la ardua tarea de la construcción nacional. Después, aquel argot cayó en desuso y en su lugar el lenguaje se pobló de metáforas ferroviarias, de trenes que salían hacia la paz atravesando túneles. Ayer fue el mundo de la náutica el que surtió de imágenes al lehendakari: «Vamos a empujar el viento de la Paz»; Euskadi está «con las velas desplegadas»; «una brújula no dispensa de remar», etc.

Juan José Ibarretxe representó ayer en el Parlamento el papel de capitán del barco, pero una gran parte de sus propuestas estaban destinadas a barcos de bandera ajena sobre los que no tiene jurisdicción.

Hizo recomendaciones sobre la formación y la puesta en marcha de la mesa de diálogo, una iniciativa que están moviendo los partidos, incluido el suyo, marginando por completo a la Presidencia del Gobierno vasco; dio consejos a Zapatero y a la izquierda abertzale para legalizar a Batasuna obviando la Ley y las resoluciones judiciales; se planteó promover la movilización social a través de los grupos pacifistas, los agentes sociales y los Ayuntamientos. Se olvida del fracaso de una iniciativa similar, derivada de los Acuerdos de Arkaute, para arropar a las víctimas del terrorismo en el ámbito local, iniciativa que ha pasado en la mayoría de los ayuntamientos sin pena ni gloria y que no ha merecido el interés del máximo responsable institucional vasco estos años.

El lehendakari reclamó como base de partida el manifiesto de mujeres Ahotsak, un texto elaborado en clave nacionalista aunque lleve las firmas de militantes socialistas, alguna de ellas desautorizada por su propio partido, y que no aporta nada con respecto a otros muchos documentos anteriores elaborados desde las filas del nacionalismo.

Otra parte del discurso del presidente vasco parecía extraído de cualquier seminario de Elkarri o de las sesiones académicas de los grupos de resolución de conflictos por sus generalidades y consideraciones doctrinales teóricas. Mucho más concreto, sin embargo, estuvo el lehendakari a la hora de repartir culpas a diestro y siniestro sobre la situación de la tregua entre Batasuna, el Gobierno y el Partido Popular, a partes iguales, mientras él se situaba cómodamente en la altura del puente de mando, sin responsabilidad alguna en las tempestades, pero también sin control del timón de la nave.

f.dominguez@diario-elcorreo.com



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