El Correo Digital
Lunes, 18 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

DEPORTES
CICLISMO
Vinokourov pone nombre a la transición
El kazajo gana por delante de Valverde una Vuelta emocionante, pero que no saca al ciclismo de la crisis
Vinokourov  pone nombre  a la transición
EL PODIO. Vinokourov, en el centro, celebra su victoria final en la Vuelta junto a Valverde y Kashechkin. / EFE
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Ni la magnífica Vuelta que ayer ganó Alexander Vinokourov ha conseguido rescatar al ciclismo. Es un deporte en eclipse parcial. La ronda española lo ha tenido todo: emoción, un duelo de altura entre el kazajo y Valverde, un final apretado, un recorrido divertido y moderno, una lista de vencedores parciales difícil de igualar -Bettini, Zabel, Di Luca, Vinokourov, Valverde, Hushovd, Kashechkin, Samuel...-, la eclosión de nuevos dorsales -Antón, Ventoso, Redondo, Brajkovic-... Todo. Y sin embargo no ha cerrado la brecha entre el ciclismo y la afición. La cuneta anda descreída por un año negro: desde el positivo de Heras en la Vuelta al de Landis en el Tour y parada previa en la 'Operación Puerto', aún abierta, todavía vomitando nombres.

Es un deporte con las ruedas pinchadas. Demasiada agujas: las que meten la trampa y las que la desvelan. De ahí el desasosiego latente que acompaña a cada carrera. Hace una década, la Vuelta que ayer acabó hubiera imantado audiencias. Ahora sobrevive, casi malvive. En Málaga, los responsables de la ronda anunciaron que era un año de transición. Ahora sólo queda por saber hacia dónde pedalea.

La crónica de este deporte ya no es la misma. Antes se hubiera escrito sobre la progresión de Valverde, el ciclista total, el ejecutor. Un corredor impar, casi único. Capaz, como dicen en su equipo, de ganar todo menos la París-Roubaix. También se hablaría de Vinokourov, el guía del ciclismo asiático, el chico duro que siempre ataca. El ciclista que todos quieren ser. O de Kashechkin, el otro kazajo, el anuncio del nuevo poder. O de Sastre, el corredor de largo aliento, el ejemplo. O de Marchante, otro impulso. O del vértigo de Samuel Sánchez o la evolución de Egoi Martínez, un rey de la montaña siempre en fuga. O de una Vuelta a España que, pese a estar arrinconada en septiembre, reunió a buena parte de las mejores piernas, repartió con tino el suspense y llegó a Madrid con un podio ilustre. Pero hace tiempo que el ciclismo no habla de ciclismo. Es un deporte extraviado. Náufrago.

Ayer, la salida de la protocolaria última etapa estaba a la puerta de Las Ventas, la plaza de toros madrileña. Buen lugar. El ciclismo agoniza con la sangre a la vista. Con tantas lápidas como dorsales. Así va. Las cámaras no eran para Vinokourov o Valverde. Se ceñían a Landis, presente con su amigo Perdiguero; casi dos ex ciclistas. «Mi tema está difícil. Apuraré la vía judicial y la del Tribunal de Arbitraje», resumía desganado el menonita. En dos semanas se opera la cadera de la épica, la que le crujía camino de su gesta en Morzine. «De ánimo no ando muy bien». Cojo. Le consolaron con abrazos en el autobús del Phonak y en el del Astaná. A su lado, Perdiguero, parapetado en gafas de sol. A la sombra: «Ya me han dicho en el Phonak que no hace falta que me siga entrenando». Otro menos. Toda una generación de ciclistas se arrima a su final.

Con Lissavetzky

En eso estaban ayer los ojos de la Vuelta, en el Tour de Landis. ¿Y los oídos? En un hotel de Madrid, el Centro Norte. Allí se habían reunido el sábado el secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, y el subdirector de Alta Competición, Ángel Luis de la Fuente, con representantes de la Federación Española de Ciclismo. Para tratar sobre la 'Operación Puerto'. Cita informativa. Al llegar, Lissavetzky se cruzó con una docena de ciclistas, de afectados, de implicados: Santi Pérez, Zaballa, Plaza, Vicioso, Gomis, Cherro, J. L. Martínez, Eladio Jiménez, Koldo Gil, Latasa, Bernabéu y Cabello. Pararon al secretario de Estado. Le pidieron explicaciones. «Nos estás jodiendo la vida». Le exigieron que cite también a otros deportes. Le tutearon. Lissavetzky les habló de 'usted'. Se apartó, les dijo que ése no era el sitio para discutir el caso.

Así eran la imagen y el sonido del final de esta magnífica Vuelta. Con Landis en las fotografías. Con al voces de los barcos amarrados al puerto de Eufemiano Fuentes. Con un equipo excluido por el Tour agarrando a la Vuelta por las solapas: cinco victorias de etapa y triunfo final. El Astaná quizá refleje a la perfección el futuro del ciclismo. Nadie sabe qué va a ser de él. Si se aferrará al pasado, a Manolo Saiz. O si emigrará a otro continente, a Kazajistán. El ciclismo es una incógnita. Esta semana, el Mundial de Salzburgo escenificará la guerra a muerte entre el UCI Pro Tour y las grandes Vueltas, se pondrá cerco al código ético, se hablará de dopaje. Y al final, alguien levantará los brazos en Salzburgo. Como ayer Vinokourov, Valverde y Kashechkin en Madrid. O como Zabel en el sprint final. Los vencedores de un maravilloso deporte que se pierde.



Vocento