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Jueves, 14 de septiembre de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Vinokourov desnuda a Valverde
En una fantástica etapa, el kazajo se viste de líder por sólo nueve segundos y emociona el final de la Vuelta
Vinokourov desnuda a Valverde
A LA PAR. Valverde y Vinokourov, juntos en un tramo de la etapa de ayer. Poco después, el kazajo se fue del español. / EFE
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Valverde, en soledad. Con el maillot oro abierto como una herida. Veía irse a un ciclista con vocación de relámpago, a Vinokourov. Una descarga kazaja. El líder murciano batía sus pedales. A tirones. De pie. 'Balaverde'. Pero ayer su balas eran de cera. Se fundían en las rampas de Monachil, el puerto que escolta Granada. Tuvo que empuñar su orgullo para reducir a siete segundos la demora en la cima. Alzó la cabeza, el periscopio. Atisbó al dúo kazajo, a 'Vino' y 'Kash', y a Marchante. A tres curvas del descenso. Se tiró a por ellos con el penúltimo aliento. Llevaba las piernas encallecidas y seguía con el maillot abierto. Una herida. Se desangraban sus fuerzas. Delante, Vinokourov masticaba pedales. Sintió llegar a Valverde, notó su asfixia y apretó los dientes. Otro mordisco. A degüello. Y justo ahí, cuando atrapaba a Kashechkin y Marchante, y se le iba Vinokourov, Valverde dudó. Cogió aire y sin saberlo, se ahogó en esa duda. Le dio una vuelta de más a la cabeza y, si hoy no lo remedia en La Pandera, se alejó de su Vuelta. Ese instante le costó 1 minuto y 39 segundos en la meta y el liderato. Llegó con el maillot abierto, descosido, desprendido. Ya no era suyo. Por nueve segundos es de otro, de Vinokourov, el que ayer cerró la cremallera de oro.

Al kazajo nadie le enseñó a llorar. De nada sirve. Cuando el martes llegó al hotel, tras una nueva derrota ante Valverde, comenzó a planear su próxima ofensiva. Borró datos e imágenes y extrajo un detalle: Valverde no había ido a por Igor Antón. El depredador dejó viva una pieza. ¿Por qué? Durmió con esa pregunta en la almohada. Ayer por la mañana citó a su equipo, el Astaná. Compartió con ellos esa pregunta. Y construyó una teoría: si Valverde no ganó en Calar Alto fue porque no pudo. Una fisura. La grieta del líder. Un agujero tapado con escayola. Los corredores del Astaná salieron hermanados. A preguntar a coro. A cocer al líder a fuego lento. A velocidad de vértigo. Pusieron la etapa del revés: lo más duro al inicio. Objetivo: aislar a Valverde, desvestirle del maillot y de compañeros. Pelar al Islas Baleares.

Mirada indecisa

Mientras el Discovery, equipo en fuga, recaudaba premios con Egoi Martínez (rey de la montaña) y Tom Danielson (luego ganador de la etapa), el Astaná atacaba en tropel. Primero con Yakovlev, Paulinho y Barrero. Luego, ya en Monachil, con Kashechkin. Todos preguntando. Y Vinokourov escuchando. Notaba el corazón de Valverde rebotando en sus costillas. A la vista por el maillot abierto. Abierto como un libro. Ya tenía la respuesta. Valverde penaba. Lo supo por su mirada indecisa. Era el momento. Quizá la llave de la Vuelta. Por la emisora interna escuchó la confirmación. En la boca de su director, Herminio Díaz. Zabala. «Ahora». En la rampa más pina. El lugar para voltear la Vuelta. Ahí desgarró el relámpago kazajo. La cuesta se rompió. Abrió una trinchera entre ambos. Vinokourov cavaba. Agrandaba la herida. Valverde, solo, con su equipo decapitado, recibió la ayuda de Sastre. Pobre Sastre, ejemplo profesional. Le criticaron en el Tour por no ayudar a Pereiro. ¿Le criticarán ahora en Kazajistán por colaborar con Valverde? Hace tiempo que el ciclismo no se corre por naciones. En fin.

Sastre capituló antes de la cima. Valverde, huérfano, se agarró al aspecto consolador de la pancarta del puerto. Otro arreón. Su chispa. Un salto. Y se colocó a siete segundos de Vinokourov, que ya había cogido a 'Kash' y Marchante, invitado pétreo. Un testigo mudo. No dijo ni mú. No era su guerra. Era un duelo entre Valverde y Vinokourov. Mano a Mano. Al sol. Y lo ganó el kazajo. Cuando se le acabó la estrategia, cuando vio que el murciano le atrapaba en el descenso, tiró de fuerza. Le sobra. Como la motivación: quería su primer maillot de líder en una gran vuelta. Por él y por la bofetada que recibió con la exclusión del Tour. Pedaleó sentado sobre su rival. Potente. Seguro. Cuesta abajo hacia Granada. Ya tenía la respuesta que quería: el murciano no iba, no podía.

Fue sólo un momento: Valverde dejó caer el cuello como una marioneta. Buscó resuello y concedió unos metros a Vinokourov. Apenas nada. Demasiado. Igual que el regalo de Menchov a Heras en el descenso de La Cobertoria, hace un año. Entonces el ruso se entretuvo al colocarse el chubasquero. «A Vinokourov no se le puede dejar ni un metro», lamentó luego José Miguel Echávarri, voz del Islas Baleares. Eco con experiencia. Con la respuesta en el puño, Vinokourov transformó ese metro en minuto y medio largo. Atrapó a Danielson. Le dio la etapa por un par de relevos. Y cerró sobre su pecho rubio la cremallera del maillot oro con el que Valverde llegó herido. No muerto. «Queda Vuelta», avisó el caído. Emocionante Vuelta.



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