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Sábado, 2 de septiembre de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
La primera bala de Valverde
El corredor murciano exhibe su portentoso final en la cima del Morredero y se coloca a cinco segundos de Brajkovic, el nuevo líder
La primera bala de Valverde
EL MÁS FUERTE. Valverde atacó en la cima de El Morredero para apuntarse la victoria. / EFE
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La Vuelta es una película llena de colores. Azul como el del nuevo e inopinado líder, Brajkovic. Rojo como el cauto Sastre, segundo y reforzado ayer. Amarillo como Marchante, tercero. Naranja como la mirada ambiciosa de Mayo, otra vez de vuelta... A 500 metros de la cima del Morredero, el tono que dominaba era el celeste de Vinokourov. Y justo ahí se apagó la luz en el cine. Una detonación. Un silencio. Cuando volvió a latir la bombilla, sobre la pantalla de la sierra de Ponferrada apareció el parpadeo típico de las películas mudas. Era Valverde, escalando a ese ritmo de los viejos reportajes en blanco y negro. «En el kilómetro final, Alejandro se transforma», explicó Unzúe, su director. Metamorfosis cromática. Cuando arrancó a por Vinokourov era 'Balaverde', su mote ciclista. Definido por esa palabra. Al llegar primero a la meta ya le llamaban 'Balablanca', por su maillot de líder del UCI Pro Tour. En esta Vuelta, nadie tiene tan repleta la cartuchera. Quedan muchas balas en el tambor de su pistola. Una es dorada. De oro, como el maillot que ahora tiene el joven líder regente, Brajkovic, y que ya acaricia Valverde.

La Vuelta cabe en el sillín del murciano. No hay más que mirar. Blanquiverde. Es blanco y lleva en su ecuador una leyenda escrita en verde: «Vas como una bala verde». De la base a la punta del asiento. Y todo coronado con el dibujo de un proyectil. Verde, claro. Es su mejor color. Al blanco Pro Tour le empezaba a coger manía. Desde finales de abril, desde que lo lleva, no había ganado ninguna carrera. Hambre. Un lobo con la panza hueca. Malo. Aullido. Ayer salió de caza en el Morredero. Cerca de Astorga hay un campo de tiro. Allí comenzó a tirar el Islas Baleares, la manada de Valverde. Había por delante tres víctimas: dos rodadores, Scherilinchkx y Bodrogi, y un suizo, Loosli. El equipo de 'balaverde' se convirtió en un pelotón de ejecución. Desde una trinchera paralela también disparaban el Euskaltel, por Mayo, y el Saunier, por Marchante. Pero con dinamita de fogueo.

El Morredero es la última ola de la sierra que tapa Ponferrada. Paralelo a ese parque temático lineal que va a Santiago de Compostela. Es un puerto largo, de vegetación mullida y baja. Indeciso. De repente se encabrita con rampas del 14 por ciento y luego baja. A veces ancha y otras se angosta, como al pasar por un pueblo de piedra: San Cristóbal de Valdueza. Por allí, a 11 kilómetros de la cumbre, ya sólo Loosli aguantaba la escala de dolor de la cuesta. Pero, sin saberlo, pedaleaba sobre un paredón. Detrás, los dorsales del Islas Baleares extendían el aroma de la batalla. El tañido de las emisoras: la voz de los directores. Era la hora 'V'.

La espalda de Valverde subía cargada de miradas. Luis Pérez, Vinokourov, Khol, Paulinho, Devolder y Beltrán quisieron huir. 'Balaverde' envió con ellos su primera andanada: 'Purito' Rodríguez. A atar a las ovejas descarriadas. Luego lanzó una mueca de tanteo y vio caer a Di Luca, líder efímero. Notó que Danielson se ahogaba en inglés, Zubeldia en euskera y Samuel Sánchez en asturiano. Eliminados. Llegó el momento. Se escuchó un sonido metálico, como de espueslas. Pero era el de una pistola. 'Balaverde' arrugó la cuesta. Sólo Kashechkin se agarró a ese disparo. Se sentía con fuerzas para superar su destino y se equivocó. «Era un subida explosiva. Ideal para Valverde», dijo el kazajo. A Kashechkin y a los otros les salvó que Valverde se contuvo cuando atrapó a los escapados, al grupo de Vinokourov y Beltrán. La etapa se llenó de nuevo de colores. Estaban todos.

El punto de mira

Y casi todos trataron de abandonar el enjambre. Mayo, especialmente. De pie, danzando, barqueando la cabeza, con el maillot alado. Había empezado la etapa con una duda a cuestas: su fallo en La Covatilla. La encaró. Por dos veces probó a Valverde. Y el murciano le corrigió siempre el punto de mira. Igual que hizo luego con Marchante y Brajkovic. «He corrido contra todos», disparó en la meta Valverde. Normal. Todos contra el gran favorito. El llanero solitario. Tras él venían un himno de alientos. Estaban solos ante Valverde. La montaña y ellos. Con el público de espaldas, ausente. El último en reivindicar su color fue Vinokourov, el de su país, su bandera. Parecía el tono adecuado. No. Faltaba el salto sordo de un depredador. A 500 metros. Mutación. Hombre-lobo en el Morredero. Nadie tiene ese medio kilómetro. Ya lo mostró en la Lieja-Bastogne-Lieja. La etapa se resumió en dos palabras: bala y verde. Y la Vuelta, probablemente, en otras dos: bala y blanca.



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