El Correo Digital
Viernes, 1 de septiembre de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

DEPORTES
CICLISMO
Kashechkin, el poder kazajo
El tercer clasificado en la Vuelta es el principal impulsor del nuevo ciclismo asiático
Kashechkin,  el poder kazajo
IMPULSOR. Kashechkin, entre Sastre y Valverde. / REUTERS
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Cuando tenía 12 años, Vinokourov cogió su vida y la trasladó a Almatí, la vieja capital de Kazajistán. A la escuela del velódromo. Competía contra chicos tres años mayores. Sobrevivió. Al que ganaba una prueba no le daban ni dinero ni premios. Sólo un piñón más para su bicicleta. Pronto, Vinokourov completó la ristra de multiplicaciones. En su país, hasta que él llegó, los deportes eran de golpes: el boxeo, la lucha y el judo. Rudos. De puños. Así se hizo ciclista. A derechazos contra el destino. Él fue el primero. Luego vino Andrey Kashechkin, su supuesto heredero. Ya lo es. A Vinokourov le quedan uno o dos años como profesional. Luego dirigirá a Kashechkin en el Astaná. En su país, los montes tienen talla colosal, de más de 6.000 metros. La cordillera de Tian Shan, la cuna del fallecido Kivilev. Pero ningún kazajo ha subido a lo alto del podio del Tour. Vinokourov llegó a ser tercero. Kashechkin o alguno de los que vienen por detrás tratarán de superarle. Un país les empuja: Astaná es el nombre de la nueva capital de ese joven estado y de un nuevo equipo ciclista. Nuevo país. Nuevo ciclismo.

Kashechkin, tercer clasificado en la Vuelta, es el otro líder del ciclismo kazajo. Vinokourov es un icono desde sus bronces en el Tour y en los Juegos Olímpicos de Sydney. El 'mesías' deportivo para un pueblo que se independizó en 1991 de la vieja Rusia. Los kazajos fueron siempre un pueblo de segunda en la URSS. En Almatí, había hoteles que no les admitían. Vinokourov fue de los primeros en dormir allí. Cruzó esa frontera. La rompió. Ahora le toca a Kashechkin. Dicen que él es hoy el guía del rebaño. Kazajistán en un lugar enorme, unas cinco veces España. Muchos ojos le miran. «Es muy importante estar en la Vuelta. Queremos agradecer a nuestro presidente la confianza que ha depositado en nosotros», asegura.

El Astaná recogió los restos que el positivo por EPO de Heras dejó del Liberty. Luego, cuando la 'Operación Puerto' encerró a Manolo Saiz y puso contra las cuerdas a buena parte de la plantilla, los kazajos se fijaron en el Tour como salvavidas. Se ahogaron. No les dejaron partir en el prólogo, pese a que ninguno de ellos conocía a Eufemiano Fuentes, el supuesto eje de una red de dopaje. Ahí emergió Kashechkin. Él es el contacto principal con los líderes políticos de su país. De hecho, el primer ministro estuvo en su boda. Reclamó a las autoridades del país que presionaran al Tour. Y él lleva, con la ayuda de Tony Rominger, la construcción del nuevo Astaná, al margen de Saiz. Es un tipo pétreo, de mirada almendrada y carácter estepario. Cuentan que en una de las concentraciones invernales del Liberty, Saiz, cansado de la displicencia de su reciente fichaje, le conminó a aprender cuanto antes a hablar español. «Aprende tú a hablar kazajo», le respondió en francés. ¿Premonición?

Kashechkin no se agacha. No creció acuclillado. Lo hizo cerca de la base de Baikonour, el cosmódromo desde donde los soviéticos lanzaban sus cohetes espaciales. Bajo ese estruendo. Ambiente castrense. «Cuando lanzaban algún cohete, luego se pasaba tres días lloviendo», recuerda. Aún chaval, se fue como tantos otros kazajos a Astaná, la capital inventada en la estepa, un catálogo de rascacielos con las firmas de los mejores arquitectos. Allí se hizo ciclista. Murayev, hoy corredor de segunda en el equipo Jartazi belga, le abrió la puerta. Conocía a una familia en Bélgica. Recogían huérfanos ciclistas. Le dieron una oportunidad. Inquilino kazajo. Aún no era amigo de Vinokourov. Lo fue tras fichar por el Domo y luego por el Credit Agricole. «Somos complementarios», dice. Vinokourov le enseñó la profesión, le rodeó de confianza. Kashechkin se encargó de lo demás. Negocios, contratos y futuro. Un pueblo nómada como el kazajo se reúne bajo su sombra.



Vocento