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Jueves, 31 de agosto de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
La EPO no sube puertos
El asfalto de La Covatilla estaba cosido con pintadas de apoyo a Heras y de críticas hacia Saiz, el CSD y la Vuelta
La EPO no sube puertos
APOYO. El público de Béjar reclamó a Heras. / EFE
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La Covatilla estaba cosida a pintadas. Ráfagas de tinta blanca. El asfalto reivindicaba a Roberto Heras, ídolo ahogado en un frasco de EPO, las tres siglas de un producto dopante, de una trampa. «La EPO no sube puertos», rezaba una de las leyendas. Rotulada por los vecinos de Béjar, el refugio del corredor caído. «Roberto número uno». «El mejor escalador del mundo no está en la Vuelta». Retumbaba su nombre, pese al silencio. Y a la distancia: Heras se ha alejado de su carrera.

A Barcelona, con su familia, a pasar unos días. De espaldas a su pasado. La peña que lleva su nombre no subió la cuesta. «No podemos animar una carrera que no se ha portado bien con Roberto». Nicolás Díaz es su presidente, de siempre aficionado ciclista y ahora desencantado. Había rabia en Béjar. Y ganas de pelea. Contra Manolo Saiz, el director de Heras; contra el Consejo Superior de Deportes (CSD); contra la Vuelta. Nadie protestó por el dopaje, el mal invisible que ha convertido al ciclismo en una enfermedad.

A cada curva se iba dilatando la presencia de Heras. La carretera corría inundada de ánimos para el campeón local. El ausente. Las pintadas estaban untadas en indignación. «Saiz fuera del ciclismo». El técnico cántabro era una diana solicitada: «Saiz nunca corrió, nunca sufrió». «Saiz deja el ciclismo». El cainismo es un mal endémico del ciclismo. Siempre ha arrojado a sus hijos al fuego. Los que se salvaban giraban la cara y seguían hacia delante. Es la ley no escrita, centrada especialmente en los casos de dopaje. ¿Quién se acuerda de Santi Pérez, de Hamilton? ¿Quién les fichará a ellos o a Heras cuando cumplan su sanción? Las quejas apuntaban hacia el entorno del ciclismo. «Heras ha hecho lo que hacen los demás. El ciclismo está así, y no tiene por qué pagarlo sólo él», recitaba un bejarano en el restaurante 'Argentino', un local taurino. De toreros y de Heras, el corneado.

A mediodía, había cierto miedo en Béjar. Temor a los incidentes. A un corte de carretera. «Los ciclistas no tienen la culpa, aunque en cierta manera se dejen manipular. No hay que ir contra ellos», pedían en la Peña Heras. La concejal de Deportes, Purificación Pozo, ponía calma en la prensa local: «Tengo miedo, pero confío en los aficionados porque aman el ciclismo y no son vengativos». Fue la de ayer una jornada tensa. A Salamanca le ha caído la sequía del paro. Castilla pierde jóvenes. Pero no pasó nada. El pelotón corrió sin barreras artificiales. Sólo le frenaron los puertos. ¿Puerto? Palabra maldita. Y también recitada en uno de los estribillos de la subida. «Operación Puerto, chapuza nacional», definía una pintada. Cerca, de nuevo el chico de Béjar: «Una Vuelta sin Heras es como un velero sin velas». Los hinchas sostenían a su ídolo y cargaban contra otros nombres: «Víctor Cordero», director de la ronda; o «Jaime Lissavetzsky», secretario de Estado para el Deporte.

Pintadas. Bajo ellas aún latían retazos de las rúbricas anteriores, las de 2004. De cuando Heras convirtió esas curvas en olas que ahogaban a Aitor González. De cuando este paisaje se dividía entre los dos chavales del pueblo: Blanco y Heras. Ya no está ninguno de ellos. Dicen que ahora los jóvenes se van de los campos charros. Y también de la Vuelta. Béjar cerró su puerta a una carrera que antes, cuando Cubino y Heras, siempre copaba sus calles. La Vuelta pinta poco en esta esquina de Salamanca. Sólo pintadas.



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