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Lunes, 28 de agosto de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
El maratón de Sastre
El ciclismo está hecho de retos y gestas, como terminar en una misma temporada las tres grandes Marino Lejarreta, en cuatro ocasiones, es el ciclista que más veces ha completado Giro, Tour y Vuelta
El maratón de Sastre
FELICIDAD. Riis abraza a Sastre en el podio de la primera etapa en Málaga. / EFE
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Al principio, el ciclismo fue una aventura. Las carreras surgían con formato de gesta. Periplos en busca de nuevos mundos, de otras metas. Así se descubrió el Tour. Y cuando alguien como Jacques Anquetil domó por completo la Grande Boucle -ya tenía cinco victorias-, inventó un nuevo desafío: ganar el Dauphiné Libéré y, apenas unas horas después, la Burdeos-París, un maratón ya desaparecido de 567 kilómetros. «Estás loco», le dijo el corredor de seda a su director, el duro Geminiani, cuando se lo propuso. Pero le convenció con un argumento: «Eso no lo ha hecho nadie». La sal del orgullo.

Por eso, cuando a las cinco de tarde finalizó el Dauphiné de 1965, Anquetil agilizó la ceremonia del podio y la ducha. Se subió a un Ford Taunus, hacia el aeropuerto de Nimes. A las seis y media le esperaba un avión, un Mystere 20 cedido por el Gobierno francés. Una hora después aterrizó en Burdeos. Cena breve y sin casi tiempo para la almohada: la salida en Burdeos era a las dos de la mañana. Para colmo, llovía. Anquetil quiso bajarse. Vacío. Geminiani le repitió el argumento. Siguió. Atrapó en compañía de Simpson y Stablinski al fugado, a François Mahé, y los dejó a todos antes de entrar en el Parque de los Príncipes. Nunca había rebicido una ovación igual. Francia entregada por fin al rival de Poulidor, el ídolo popular. Por el tamaño de su gesta. Por la esencia del ciclismo. Janine, entonces compañera del ciclista normando, puso palabras a aquel sentimiento: «Jacques sabía que nunca nadie más podría hacerlo». Acertó. La Burdeos-París fue tachada del calendario por exagerada. Por ella sacrificó Anquetil el que podría haber sido su sexto Tour.

La historia del ciclismo se nutre de ese tipo de decisiones. Precisamente fue Geminiani el que inaguró la familia de los maratonianos a la que ahora quiere sumarse Carlos Sastre. Geminiani fue el primero en completar el Tour, el Giro y la Vuelta en la misma temporada. Y lo hizo bien: cuarto en el Giro, sexto en el Tour y tercero en la Vuelta. Ese mismo año le emuló un dorsal de Orihuela, Bernardo Ruiz: 22 en el Tour, 28 en el Giro y 14 en la Vuelta. El chico del estraperlo también bautizó la estirpe de los maratonianos. Incluso fue uno de sus defensores: encadenó nueve grandes vueltas entre 1955 y 1957. Tremendo. En 1957 fue tercero en el podio de la Vuelta, justo por detrás de los dos enemigos más íntimos: Loroño y Bahamontes.

A Geminiani y Ruiz les siguieron luego Bahamontes, Nencini, Fuente, Uribezubia.... Este último, precisamente, pasó el testigo a un nuevo miembro de esta secta. A Marino Lejarreta. Fue en una conversación invernal. El viejo Uribezubia le contó lo duro que era unir las tres grandes. Tan cansado acababa que hasta se dejaba las cosas en los hoteles. Marino se dejó seducir cuatro veces: 1987, 1989, 1990 y 1991. Eso no lo ha hecho nadie. Es su 'Burdeos-París' particular.

Tras los pasos de Marino

El ciclista vizcaíno creó escuela. En 1991, el último de su maratón, le siguieron a rueda otros juramentados del esfuerzo: Giovanetti, Gastón, Poulnikov, Tebaldi y Leanizbarrutia. Con ellos desapareció su especie. Sólo un 'loco' como Jon Odriozola se atrevió a seguirle en el nuevo siglo. Y Lombardi, el último, el que logró acabar las tres rondas en 2005. El velocistas italiano del CSC es el 'Uribezubia' de Sastre, su compañero y guía en el llano. Ahora, Sastre aspira a unirse a esa lista.

«Acabé el Tour reventado. No sabía si iba a poder con la Vuelta», dice el abulense. Pasó una semana de siesta. Casi a oscuras. Recuperando un organismo que terminó molido por la Grande Boucle. Con los valores fisiológicos por los suelos. Sin fuerzas para la contrarreloj final, la que le apartó del podio. «Pero luego hice algunos entrenamientos y vi que estaba recuperado. No me pongo objetivos. Haré lo que pueda», afirmó el abulense.

Brilló en la Clásica de San Sebastián. No descarta subirse a la lista de los maratonianos. «De crío todo el mundo hablaba de Lejarreta». Otra vez la vela pasa de mano en mano. Tradición oral. Sastre, además, quiere hacer algo que sólo ha hecho uno, el italiano Nencini: vencer en una de las tres grandes. Nencini holló esa cima en el Giro'57. Sastre, que acabó en el puesto 43 del último Giro y que fue cuarto -a la espera de lo que suceda con Landis- en el Tour, tiene su reto particular: ser el número uno en Madrid. De desafíos así vive este deporte.



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