La Vuelta es una carrera probable. Probablemente, la ganó el año pasado Denis Menchov. Ya lo dirá un juez, el que cuantificará las repercusiones del positivo por EPO de Roberto Heras. Probablemente, se la quitarán. De momento, hoy, en la presentación de los equipos para el edición 2006, vestirán de oro al ruso. Desnudarán a Heras. Lo que parecía un homenaje geográfico al bejarano será su sepelio. Tachado, aunque cada uno de los cinco finales en alto le recuerden en primera persona. Uno es su casa: La Covatilla. Otros tres son suyos: el Morredero, la Pandera y Calar Alto están en su palmarés. Y en el quinto, La Cobertoria, empaquetó su cuarta Vuelta, la que esta tarde tiñe con retraso y de oro a Menchov, vencedor probable.
Y probablemente, la que mañana comienza será una edición para escaladores. Para Valverde, Sastre, Pereiro, Menchov o Mayo. Eso parece. Pero a la Vuelta le da ultimamente por cambiar los pronósticos. Cubrió por sorpresa con el maillot-oro a Casero (afectado por la 'Operación Puerto') y Aitor González (positivo por anabolizantes); casi catapultó a Santi Pérez (transfusión sanguínea)... Hace un año, antes de la cima de Pajares, todo señalaba a Menchov. Probable ganador. Así se barruntaba. Pero allí desbarató Heras esa apuesta. Y desde allí, el charro se hizo con el título de 'probable' vencedor. Lo cumplió. Hasta que un control antidopaje varió el cálculo de probabilidades. Mechov, de nuevo.
Para cuando el escándalo de Heras ya era portada, la Vuelta siguiente (2006) estaba confeccionada. Ceñida al trazado de la 'Vía de la Plata', la que pasa por Béjar, el pueblo del corredor señalado, al que iba a rendir un homenaje. Ahora no se esperan festejos. Poco probables. Nada es lo que parece. Ni siquiera la Plata. Que nada tiene que ver con el metal. Más bien con la 'platea' romana (vía pública), o con la 'balata' árabe (camino empedrado). Por la 'Vía de la Plata' al oro, al maillot el líder. Por un camino como el que transitó Menchov en 2006, el probable ganador de la última Vuelta.
El precinto de esta edición tiene siete kilómetros: los que dura la contrarreloj por equipos de Málaga. Un ejercicio visual. Luego, Córdoba y Extremadura se repartirán el sol de la Vuelta. Carrera al horno. Y pronto, apenas en la quinta etapa, llegará la cita con La Covatilla, el paisaje infantil de Heras: 9 kilómetros de subida al 8,1 % tachonados con pequeñas treguas. «Ahí tengo una espina clavada», cuenta Valverde. Recuerdo de una derrota ante Heras. Las anota bien, porque son las menos. Más abundan en su disco duro las escenas alegres, como la del alto del Morredero. Allí ganó el murciano una Vuelta a Castilla y León. Y allí también firmó Heras su primera etapa en la Vuelta. Tampoco estará en ese homenaje, situado pronto, al séptimo día. «Va a ser un inicio de carrera espectacular», augura Menchov, el príncipe elevado al trono por un laboratorio.
El recuerdo del descenso
Tras el retorno a Galicia, esquinada desde hace años, aparece otro 'territorio Heras': La Cobertoria. Tampoco pedaleará sobre él. Ya lo hizo en 2005, en un descenso sobre cristal que asustó a Menchov y que inició el ataque encadenado del equipo Liberty. Kilómetros más allá, en Pajares, Heras ganó una carrera que luego se ahogó en las probetas del Consejo Superior de Deportes. No habrá homenaje en Asturias, en la novena etapa. La reina.
Ni lo habrá en Torrelavega. Andan los ciclistas reñidos con los pronósticos. A Freire le levantaron un velódromo en su pueblo. Un premio en piedra. Y la Vuelta quiso pasar por él. Lo hará en el inicio de la decimoprimera etapa. Pero sin el inquilino del arco iris, baja por mareos cervicales. La Vuelta probable. «Probablemente, Freire estará en la salida», pensaron los organizadores. Pero...
A la Vuelta no le van los vaticinios. «Beneficia a los escaladores», coinciden Valverde, Mayo y Menchov. Todos. Eso se verá ya en Cuenca, en la primera de las dos breves contrarrelojs, en la más quebrada (33 kilómetros). Luego toca bajar. A Andalucía de nuevo. ¿Bajar? Eso parece. En realidad, será turno para subir. A la luna del Observartorio Astronómico de Calar Alto (Almería), en la decimosexta etapa, dos días antes de ascender a La Pandera (Jaén).
Son los puertos nuevos, los inventos del pasado reciente de la Vuelta. En los dos brilló también Heras, ausente en un recorrido por su memoria: venció en Calar Alto en 2004, y en La Pandera en 2002. Incluso la contrarreloj final, la de Rivas Vaciamadrid, era para él: apenas 27 kilómetros. Ésta hubiera sido una Vuelta más que probable para Heras. Pero no lo será. Eso no es probable. Es seguro.