Aquel verano Iñaki Lafuente se mostraba reacio a ir a Egipto. «No estaba muy convencido, pero mi mujer insistió». Reconoce que el país le cautivó. «Me llamó poderosamente la atención que los egipcios hicieran edificios tan majestuosos, tan grandes, trabajando con las manos. Te preguntas cómo pudieron levantarlos». No quita méritos a Luxor y Karnak. «Pero el templo de Abu Simbel es una auténtica maravilla y El Cairo, con todo su caos, es un lugar que te engancha». Se le quedó grabada la Ciudad de los Muertos de la capital. «En los panteones de ese cementerio vive mucha gente. Entramos en alguno. Me impresionó».
Se ríe al recordar el pequeño apuro que vivió en un aeropuerto. «Al llegar a la aduana, el empleado cogió el pasaporte y desapareció». El portero del Athletic era el ultimo de la fila. El grupo con el que viajaba ya había pasado el control. «Me quedé allí solo y, la verdad, me volví un poco loco. Mi mujer, desde el otro lado, me decía: '¿Ven!'. Y yo no sabía qué hacer. Fue un momento un poco tenso». Dudó de que el funcionario realmente lo fuera. «Pensé: '¿Madre mía, dónde me he metido!'». Con la aparición del guía, todo se solucionó. Y las vacaciones resultaron redondas. «Hicimos un crucero por el Nilo y acabamos en el mar Rojo». No descarta volver. «Lo hemos hablado y es posible que, si tenemos el momento idóneo, regresemos. Es un país que recomiendo».
Piensa que merece la pena conocer otras culturas. «Aunque son viajes muy bonitos, acabas reventado. Antes de salir, siempre me da pereza. Pero sabes que no vas a jugar un partido, sino a disfrutar de un país». Le da igual un sitio cálido que uno frío. «Lo peor de los vuelos largos es la cantidad de gente que va en los aviones y en los viajes organizados. No me gustan los sitios llenos hasta la bandera. Me ponen nervioso». Sus veranos son viajeros. Ha recorrido Kenia, México, Jamaica, Croacia. «Ahora con mi hijo Gaizka, que tiene pocos meses, se nos complicará el tema». Este año buscarán un sitio tranquilo. «El niño es muy pequeño, no queremos aventurarnos. Ya habrá tiempo para dejarlo con los abuelos». Quizá algún día se animen a ir a Australia y China. «Pero nunca se nos ha pasado por la cabeza ir a Estados Unidos. No nos llama».
Dice que, en cuestión de vacaciones, suele ser su mujer, Marta, quien decide. «Aunque los dos cedemos un poco. Somos de buen conformar. Uno elige una cosa y el otro, otra». Se proponen ir con poco equipaje. «Pero acabamos llevando un montón de cosas y, al volver, vemos que no hemos usado ni la mitad de la ropa. Siempre nos pasa lo mismo». Luego surge el problema de buscar un hueco donde acomodar las inevitables compras. «En más de una ocasión, llevamos una maleta vacía, porque al final acabamos llenándola».
A Iñaki Lafuente le gusta leer. «Y más en vacaciones, porque tienes tiempo para todo». En la cocina, está lo justo. «Voy a lo básico: la pasta y freír algo. Y poco más». Intenta olvidar el fútbol. «Otra cosa es que lo consigas. Incluso cuando estás muy lejos, te llega alguna noticia». O se encuentra con algún encendido aficionado. «Estaba en Jamaica y apareció uno de Barakaldo y me dijo: '¿Jo, vaya temporada!'. Otras veces alguien te reconoce y se lo dice al guía. ¿Y pasas una vergüenza!». Lo mejor, piensa, es tomárselo con filosofía. «Dices: 'Venga, vamos a tomarnos unas cañas'. Y ellos, tan orgullosos».