Las voces que exigen la dimisión del jefe del Ejército israelí, Dan Halutz, se multiplicaron ayer tras saberse que se precipitó a vender sus acciones en la bolsa de Tel Aviv sólo tres horas después de que Hezbolá capturara a dos soldados el pasado 12 de julio.
Las demandas de cese no sólo provienen de la clase política, sino también del estamento militar. Algunos generales sostienen que la decisión de vender las acciones precipitadamente revela que Halutz no confiaba en una victoria rápida del Ejército y preveía que la guerra se iba a traducir en pérdidas significativas para los inversores.
Los militares consideran que Halutz cometió una falta «ética» de gran calado mientras morían soldados en Líbano y el Ejército se las veía y se las deseaba para rescatar los cadáveres de los soldados que sin éxito entraron en Líbano en las horas siguientes a la captura.
Devaluación
Halutz admitió que vendió sus acciones en el día y la hora que indicaba el diario 'Maariv', pero en su defensa alegó que no se deshizo de ellas a causa de la guerra, sino porque con anterioridad al 12 de julio se devaluaron significativamente.
El valor de las acciones era de aproximadamente 24.000 euros el 12 de julio y Halutz perdió con anterioridad a esa fecha casi 5.000 euros.
Quienes exigen su dimisión sostienen que Halutz se aprovechó de su cargo y del conocimiento que le daba para estar al tanto de información privilegiada para vender los valores antes de que se devaluaran más con el inicio de la guerra.
Estas críticas se suman a las que Halutz recibe por la marcha de la guerra y por haber confiado demasiado en la fuerza aérea, a la que él pertenece, en detrimento de la infantería, que sólo entró en Líbano cuando quedó claro que los aviones no podían terminar con Hezbolá.