Sucedió hace apenas unas semanas. Era una simple carta matasellada en Basauri. Parecía igual a las demás. Pero no lo era. El ejecutivo vizcaíno que la recibió supo enseguida que era diferente. Quien la enviaba no empleaba un tono amenazador, incluso le «invitaba a participar en la construcción del futuro de nuestro pueblo» y se despedía transmitiéndole un «afectuoso y cálido saludo». A pesar de estas palabras tranquilizadoras, Javier -nombre ficticio- no pudo evitar que una sensación de temor le recorriese todo el cuerpo. A pie de texto, el anagrama de ETA con el hacha y la serpiente hizo que no tardase en comprender la situación.
Este vizcaíno es uno de los, al menos, tres empresarios y directivos vascos y navarros que a primeros de julio recibieron misivas con el sello de la banda terrorista. Hace menos de una semana, el presidente de la patronal navarra, José Manuel Ayesa, denunció su existencia. Sería el tercer envío similar desde que ETA decretó el alto el fuego el pasado 22 de marzo.
La carta, a la que ha tenido acceso EL CORREO, utiliza un tono poco habitual en la organización terrorista. No hay amenazas directas, pero sí una petición muy precisa: «Teniendo en cuenta el trabajo que realiza y su situación económica, ETA se dirige a usted para pedirle 70.000 euros en concepto de ayuda económica para el proceso de liberación y construcción de Euskal Herria». El texto recuerda que el País Vasco «se encuentra en un momento de cambio político» y destaca el papel jugado por la banda armada para «defender con todos los medios a nuestro alcance la identidad de nuestro pueblo».
La misiva está remitida en euskera y castellano. Tiene un código alfanumérico con el que la organización, según fuentes de la lucha antiterrorista, controlaría los diferentes envíos y las veces que han exigido al extorsionado el pago del 'impuesto revolucionario'. Para Javier es la primera vez. Nadie antes le había advertido de que «la lucha en defensa de Euskal Herria supone un sinfín de necesidades» y de que ETA «siempre tendría en cuenta a todos los que hayan participado con su aportación en el proceso de liberación de este pueblo».
La banda muestra su confianza en que este ejecutivo «pondrá todos los medios para entrar en contacto con la organización con el fin de hacer efectiva su ayuda económica». Con un alto grado de cinismo, ETA le recuerda que «tiene las puertas abiertas para tratar cualquier tema relacionado con el proceso de liberación», le pide «discreción» y que por motivos de seguridad el pago se haga en billetes de 20, 50 y 100 euros. «Sin más y dándole las gracias de antemano -termina la carta- nos despedimos con un respetuoso y cálido saludo revolucionario».
Sin confirmación
Sin embargo, este «respetuoso» final no tranquilizó a Javier. Consciente de la situación, asegura que hizo llegar el texto al consejero de Interior, Javier Balza. El responsable de la Ertzaintza le dijo que no se preocupase. No ha vuelto a saber nada de él. Portavoces de este Departamento reconocieron ayer a este periódico desconocer la situación. Oficialmente, nadie ha querido confirmar la verosimilitud de estas cartas. Se ha optado por un muro de silencio. Ni el Gobierno, ni la Fiscalía, ni las diferentes organizaciones empresariales de Euskadi tienen constancia de su existencia. Pero Javier sí.
La vicepresidenta del Ejecutivo central, María Teresa Fernández de la Vega, señaló la semana pasada que aún no hay «conclusiones definitivas»; el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el portavoz de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, Juan Antonio García Jabaloy, reconocieron el lunes que todavía no hay datos que avalen que ETA sea la responsable. Por su parte, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, afirmó que «siguen las investigaciones».
Tampoco Confebask o el Círculo de Empresarios Vascos confirman su existencia. Sus portavoces afirman que ninguno de sus afiliados se ha puesto en contacto con ellos para comunicarles haber sido víctima de la extorsión tras el alto el fuego. Desde algunos sectores se apunta la posibilidad de que ni tan siquiera la banda terrorista esté detrás de estos chantajes, que quizás hayan sido grupos no controlados de la izquierda abertzale con problemas de financiación. A Javier estas teorías le importan poco. Cada día que pasa, crece su «malestar y perplejidad». Escucha cómo las principales autoridades del Estado intentan quitar importancia a lo que está ocurriendo, como si no sucediese nada. Él, «agobiado» por una situación hasta ahora inédita, sólo tiene clara una cuestión: «Nadie sabe nada pero las cartas están llegando».