Juanmi Mercado es producto de la cultura callejera. Chico de Armilla. Granadino y serrano. Ante un mapa mundi, quizá no pueda señalar muchos países. Pero pocos como él si hay que encontrar un camino para sobrevivir en la carretera. A él le cuentan cada año que el Tour dura 21 etapas. Muchas. Demasiados dígitos. Mejor sólo uno. Mejor una. La suya. Con esa leve noción matemática ganó en 2004 su primera etapa en la Grande Boucle. Iba con Chente García Acosta directo hacia la meta de Lons-le-Sauvier. Chente, que pesa el doble. Arquitectura de coloso contra el esqueleto de una pluma. Y Mercado, el leve, 'engañó' a Goliath. La calle enseña. Ayer igual. Sólo cambió el nombre de la víctima: el francés Cyril Dessel, el nuevo líder. «He tratado de negociar la etapa. Y como me ha dicho que no, me he puesto a rueda para desgastarle», dijo el andaluz entrecortando las palabras. Se repitió la escena. Los dos jugaron al sprint como al juego de la cerilla. A pasársela sin que se apague. Pierde el que se quema. Se calcinó Dessel. Sonrió el chaval del Armilla.
Parecía que la primera etapa pirenaica iba a saquear la lista de favoritos. La lista que queda. Pero no. No hubo tajo en el pelotón. El miedo puso el freno. Nadie se conoce en este Tour. Ninguno se fía de sus piernas. Únicamente, el cuello de Mayo se balanceó como el de un ahorcado. Sin fuerzas y con la garganta calcinada por una infección. Perdió 24 minutos y el podio de París dejó definitivamente de convocarle. Del resto de los dorsales ilustres tendrá que hablar hoy la llegada a Plá de Beret. Es la llave del Tour. Su lupa. El puerto ya está cerrado. Allí aguardan 120.000 personas. Muchas de esas voces esperaban a Mayo, que ayer se quedó sin garganta. Mudo.
Fue el único caído. Landis, Menchov, Kloden, Sastre, Popovych, Zubeldia, Pereiro, Karpets y el resto se confundieron con el paisaje del día, envuelto en grises y niebla. Tour ceniciento. No se movieron. Nadie soltó el cordón del grupo. No fue una etapa de dientes apretados. Sólo de miradas. «Nadie se ha arriesgado. Se iba con miedo», resumió Zubeldia. Y el temor agrupa al rebaño. Con los favoritos a la espera -hoy- de la cima de Beret, la etapa cayó en manos de otros. Los que la buscaron. Mercado, Dessel, Landaluze, Isasi, Rinero y Moreni. Ellos comprobaron por qué hay tanta historia del Tour metida en dos nombres: Soudet y Marie-Blanche. Los primeros puertos del primer Tour sin Armstrong.
La Historia no era la asignatura preferida de Mercado. Mejor la calle. «Sabía que era una buena ocasión». Eso es olfato. Eso no lo enseñan los libros. Mientras el T Mobile marcaba el diapasón por detrás -un tempo lento-, Mercado y Dessel se ajustaron como nadie a las subidas. Ásperas. Largas. Con el público acodado en las cunetas. Color de Tour. Landaluze y Rinero se colgaron del descenso del Soudet para alcanzarles. Fue inútil. Cayeron de nuevo en Marie-Blanche. El vizcaíno, un ciclista mucho mejor de lo que dice su palmarés, los tuvo ahí. A cinco segundos. El tiempo de un abismo. Siempre llega tarde en el Tour. Ya perdió así, por nada, una etapa en 2004. El Tour juega al escondite con él.
Los relevos
A dúo, Dessel, una esmeralda de la nueva generación francesa, y Mercado, el listo andaluz, disiparon la sombra de Landaluze. Mercado racaneaba. Pillo. Él daba el 40 por ciento de los relevos. Dessel, claro, el resto. «Es que el francés se iba a poner de líder de la general y de la montaña. Y yo me iba a quedar sin ná». Se enredaron con los auriculares. Negociación entre jadeos. Hasta que Dessel dijo que también quería la etapa. También la merecía. «Pues vale», respondió el granadino.
Ya no habló más. Ya no relevó más. «Lo quería todo, pues que se desgaste». Dessel tuvo que remar para conservar los siete minutos que le teñían de amarillo. Mercado sólo se dedicaba al timón. Y a 150 metros de la meta puso rumbo a la victoria. Igual no sabe situar Pau en el mapa, pero pocos como él logran encontrar el rastro de la meta. Quizá no se le dan bien las cuentas. No hace falta. Sabe contar de sobra hasta dos: el número de sus victorias en el Tour. Una cifra que le distingue. Su diploma.