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Miércoles, 12 de julio de 2006
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CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
SPRINT. Freire y McEwen chocaron sin consecuencias nada más cruzar la línea de meta de Dax. / EFE
CICLISMO
En este Tour hay dos tipos con talla para batir a McEwen. Uno de ellos pasea de gala por la salida de Burdeos. Sus dientes iluminan. Camisa blanca abierta. Que se vea el bronceado. Destellan los anillos. Cipollini, claro. Vestido a la italiana, con ese descuido calculado, impecable. Dos chicas se arriman. Para una foto. Risa dentífrica. Posa con el hábito de un cantante. Tras el flash, las jóvenes siguen gravitando sobre él. Y Cipollini, con el mentón empinado, las ignora. Aire. Sigue repartiendo los pliegues de su sonrisa. Aún es una estrella. Decidido a no envejecer. «Ya no hay un tren como el mío». Cierto. Ya no quedan equipos dedicados al sprint. Sin él y sin Petacchi, la anarquía reina entre los velocistas. «Son llegadas desordenadas. Para gente con capacidad de salto, para los que saben buscarse la vida. Como McEwen y Freire». Freire. Eso es. El segundo corredor en este Tour con velocidad para tumbar a McEwen. El primero ayer en Dax, en su segunda victoria de etapa.
 
 
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