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Domingo, 9 de julio de 2006
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'Desde la última vuelta del camino'
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«Yo no tengo la costumbre de mentir. Si alguna vez he mentido, cosa que no recuerdo, habrá sido por salir de un mal paso». De este modo tan rotundo comienza Pío Baroja sus memorias, una de sus mejores obras, en las que se muestra como un hombre capaz de aceptarse, pero también un poco resentido contra un mundo oscuro e injusto.

Baroja comenzó a escribir sus memorias, 'Desde la última vuelta del camino', poco después de que terminara la Guerra Civil. El escritor se lo había pasado muy mal en ella y aún arrastraba las consecuencias. La mayoría de los 'rojos' le había ignorado, la Iglesia le tachaba de sacrílego y los franquistas quisieron llevárselo a su lado, sin éxito.

En 1941 empezó la publicación de estas memorias en la revista 'Semana', entonces dirigida por Manuel Aznar Zubigaray. El método de Baroja era tan desnudo como su estilo. Se levantaba poco antes de las seis de la mañana y se ponía a escribir, sin un plan sobre la mesa, sin un hilo cronológico que seguir: los recuerdos llegaban y él iba tras ellos. «Yo necesito escribir entreteniéndome en el detalle, como el que va por el camino distraído (...) Y sin pensar demasiado a dónde va», escribe Baroja.

El periodista Fernando Pérez Ollo, un buen experto en la obra del escritor, firma un esclarecedor prólogo a las memorias. En ellas todavía sorprende y agrada esa mala leche barojiana que reparte mandobles a izquierda, a derecha, por el centro y hacia sus propios colegas de profesión. El gran Baroja estuvo incapacitado para el arte de templar gaitas.



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