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Domingo, 9 de julio de 2006
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El opositor a presidente
Crítico implacable durante los mandatos de Mendoza y Sanz y directivo con Florentino Pérez, Ramón Calderón sacia su ambición al llegar al sillón del Bernabéu
El opositor a presidente
AMBICIOSO. Calderón no se detiene ante nada. Ansiaba llegar a la presidencia del Madrid. / EFE
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LOS DATOS
Nacimiento: 26.5.1951, Palencia

Estado civil: Casado con Teresa Galán Otamendi; hijos: Leticia, Jaime y Mariana.

Socio del Madrid: Desde abril de 1979, nº. 14.878

Estudios: Licenciado en Derecho por la Universidad de Navarra

Trayectoria profesional: bufete propio en Madrid; fue albacea del malogrado torero 'Paquirri', representante legal de su viuda, Isabel Pantoja, y Administrador de la Plaza de toros de las Ventas; consejero de varias empresas inmobiliarias, de la agencia de viajes Rep Aviation y del 'Diario de León'

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No es extraño que, en su primer discurso público, tras conocer su victoria en las urnas, antes incluso de ser proclamado oficialmente presidente del Real Madrid, Ramón Calderón insistiera tanto en su deseo de propiciar la unidad del madridismo. Y es que pocos como este abogado palentino de 55 años, casado y con tres hijos, saben lo que puede desestabilizar al club una oposición bien organizada, con ánimo de revancha y los cinco sentidos empeñados en fiscalizar la actuación de la junta directiva. De hecho, la figura de Calderón, dentro del Real Madrid, ha sido históricamente la de un opositor inconformista, feroz y vehemente. Otra cosa es que, durante sus cuatro años como directivo de Florentino Pérez, su belicosidad natural haya estado desactivada, pero su imagen dentro de la familia 'merengue' ha sido siempre la de un contestatario con ambición de poder.

Socio del Real Madrid desde 1979, tres años después de que se trasladara a la capital de España tras concluir sus estudios de Derecho en la Universidad de Navarra, Ramón Calderón comenzó a dejarse ver en el entorno madridista a finales de los ochenta. Activo y ambicioso, en abril de 1991 ya se presentó a las elecciones formando parte de la candidatura de Alfonso Ussía. Era uno de los vicepresidentes en la plancha del escritor y periodista, que sería barrida en las urnas por Ramón Mendoza.

Lejos de arredrarse por la derrota, Calderón tomó impulso. Tanto que se convirtió en el opositor oficial del fallecido presidente madridista y del que acabaría siendo su sucesor, Lorenzo Sanz. A ambos intentó hacerles la vida lo más imposible que le fuera posible. Por cierto, muchos socios del club blanco no dejan de asombrarse de que uno de los hombres fuertes en la candidatura de Calderón -ni más ni menos que su vicepresidente económico- sea Juan Mendoza, uno de los hijos de don Ramón. Vivir para ver, debieron pensar estos madridistas, recordando, entre otras cosas, que Ramón Calderón fue el gran artífice de que, el 23 de octubre de 1995, la Asamblea de socios del club blanco tumbara a la junta las cuentas de la temporada anterior; un cañonazo que acabaría provocando la renuncia de Ramón Mendoza al cabo de un mes.

Con Lorenzo Sanz, sin embargo, Calderón pinchó en hueso. Y no precisamente porque, taurino como es, dejara de intentarlo con el estoque. Promovió una campaña para que se celebraran elecciones y Sanz no heredara el sillón del Bernabéu; impugnó el acuerdo del club con la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento para la permuta de 30.000 metros cuadrados de la Ciudad Deportiva; y fue una pesadilla constante en cada Asamblea de socios.

A la que se celebró el 3 de octubre de 1999 llegó con escolta e hizo muy bien. En una intervención durísima, Ramón Calderón denunció la existencia de una contabilidad paralela en dinero negro y el estado de «imbecilidad» en el que, a su juicio, la junta tenía a los compromisarios. Muchos de ellos se dieron por aludidos («oiga usted, que me está llamando imbécil») y, en medio de una bronca fenomenal, tuvo que salir pitando y protegido por sus guardaespaldas. Si alguien hubiera dicho entonces que aquel abogado locuaz, famosillo por ser albacea del malogrado torero 'Paquirri' y representante legal de Isabel Pantoja, iba a ser presidente del Real Madrid le hubieran tomado por un chalado.

Cálculo permanente

El 18 de enero de 2002, Calderón entró por primera vez en la directiva del club de la mano de Florentino Pérez, que le encomendó la dirección de la sección de baloncesto. Como vocal de la junta, Calderón ha participado de todas las decisiones de Florentino, incluidos los polémicos estatutos que acabaron creando toda la polémica del voto por correo. Al menos públicamente, no se le han conocido divergencias con el gran hacedor de los galácticos, ahora denostado tras años en los altares. Consejero de varias empresas del sector inmobiliario, de una agencia de viajes (Rep Aviation) y del 'Diario de León' y administrador de la plaza de toros de Las Ventas desde 2004, Calderón siempre tuvo muy claro que el palco del Bernabéu, en los días de vino y rosas de Florentino, era el lugar ideal para estar y prosperar.

Ahora bien, su idea de ocupar algún día el sillón presidencial nunca se extinguió. Así quedó de manifiesto el pasado 27 de febrero, cuando Florentino Pérez presentó su dimisión y dejó en herencia su cargo a Fernando Martín. Calderón no aceptó esa maniobra y, desde el primer minuto, se posicionó públicamente a favor de la convocatoria de elecciones. Su beligerancia fue en aumento en una estrategia perfectamente estudiada por este castellano de mirada azul, elegante y coqueto, que hace negocios jugando al golf y rumia sus planes durante sus 50 minutos diarios de 'footing'. Calderón sabía perfectamente que Martín no tenía cuajo para resistir -y mucho menos con el equipo cayendo al vacío- y que, por tanto, la cita con las urnas era inevitable.

El voto por correo

La cuestión, pues, era posicionarse bien en la contienda electoral. Y lo cierto es que lo hizo con maestría. Dejó que la imagen del continuismo cayera en Villar Mir y se ocupó en mostrar un perfil de renovador sensato respaldando las actuaciones de Florentino en el plano económico e institucional y mostrándose muy crítico con su gestión del área deportiva. Su apuesta por Fabio Capello, en un momento en el que miles de socios del Real Madrid pedían a gritos un centurión con mano dura al frente de la plantilla, era ideal. Como lo fueron sus golpes de efecto, a través de su mano derecha, Pedja Mijatovic, en forma de futuros fichajes: Kaká, Robben, Cesc, Diarra... por no hablar de su promesa de un gran pabellón multiusos en Valdebebas donde disputará sus partidos el equipo de baloncesto, cuyo máximo responsable será un mito como la ex estrella de la NBA Vlade Divac, cuya primera decisión ha sido fulminar a Boza Maljkovic.

Ahora bien, promesas aparte, Ramón Calderón sabía que le quedaba lo más difícil, que todas sus posibilidades pasaban por anular el voto por correo, un granero de apoyos al servicio del poder. Léase de Florentino, que todavía manejaba los hilos desde la sombra. Sabía Calderón que, de llegar a computarse esas papeletas teledirigidas cuando no compradas -al final se enviaron 10.500-, Villar Mir sería presidente. De ahí su alegría cuando la titular del juzgado número 47 de Madrid, Milagros Aparicio, decidió, como medida cautelar, impedir el recuento de dichos votos. La victoria era posible y la acabó logrando gracias a 8.344 votos presenciales, 246 más que Juan Palacios. Aunque el secretario de la Junta Electoral, Ernesto Toth, tardara horas en proclamarlo oficialmente, el opositor había llegado a presidente.



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