El Correo Digital
Lunes, 3 de julio de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

DEPORTES
CICLISMO
Vinokourov sepulta a Saiz
Para salvarse, el Astaná se convertirá en un equipo kazajo y sin ninguna relación con el técnico cántabro
Vinokourov sepulta a Saiz
NUEVA VIDA. Vinokourov abandona el hotel tras ofrecer una rueda de prensa. / AFP
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Cuando alguien que nació en la frontera con China coge su bicicleta, cuatro recuerdos y una maleta para ir a una pensión francesa es que, de verdad, quiere ser ciclista. Tiene que serlo. Desde que tomó esa decisión, Alexandre Vinokourov vive sin tiempo que perder. Apurando plazos. Por eso le ha dolido aún más la exclusión de su equipo de este Tour. «Era sin duda mi última oportunidad de ganar esta carrera». Y ha volado. El ciclista kazajo es un volcán de ojos almendrados. Un saltador de obstáculos, un corredor de puños apretados. Ya busca su futuro. Lo atisba: «Claro que va a seguir adelante el equipo Astaná, con una licencia kazaja. Será nuestro equipo, con nuestros corredores y con los que no estén implicados en el 'asunto español'. Dentro de dos años, yo seré el director de ese conjunto». Para eso hace falta que la licencia actual, en poder de la sociedad Active Bay, copropiedad de Pablo Antón y Manolo Saiz, cambie de manos. Ahí, en ese punto, Vinokourov, entierra a su ex director: «Tiene que dejar definitivamente el ciclismo, que no se le vea más». Adiós. Esa petición es una palada de tierra sobre Saiz.

El corredor asiático exige al técnico cántabro un último servicio. «La solución a todo esto es que el equipo sea kazajo y no español». La petición de Vinokourov tuvo eco. A Saiz le crecen los verdugos. Según el diario 'L'Equipe', el presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), Pat McQuaid, aseguró que el aún poseedor del 51% de la acciones de Active Bay, «no será nunca bienvenido en el ciclismo». Hasta que explotó la 'Operación Puerto', McQuaid, el heredero de Hein Verbruggen, era un devoto de Saiz, ideólogo del UCI Pro Tour. Todo muta. Sobre todo, cuando las monedas ejercen su poder. El ahora máximo dirigente de la UCI ha mantenido una reunión con el vicepresidente de Kazajistán para confeccionar un salvavidas que saque al equipo de este laberinto. Saiz debe ser sacrificado para conservar un nuevo patrocinador. Jugoso: diez millones de euros.

La comisión de licencias del UCI Pro Tour, que hace apenas unos días dio el visto bueno a la viabilidad financiera del Astaná, decidirá. Estudia el caso. En breve dictará sentencia. Casi con toda seguridad, el nuevo equipo seguirá en la liga mundial. Eso sí, sin Saiz y sin rastro de los apellidos implicados en el proceso. La estructura deportiva se inclinará hacia Asia. Será un consuelo para Vinokourov, el corazón de ese proyecto. Aunque no le devolverá un Tour que creía suyo. «Para nosotros esto ha sido una cuestión de Estado. En el maillot llevamos el color de nuestro país. Kashechkin y yo podríamos haber fichado a última hora por otro equipo, pero preferimos salvar al Astaná. Nadie ha respetado ese gesto, incluso sabiendo que ni Kashechkin ni yo teníamos nada que ver con el doctor Fuentes». Vinokourov sentía la punzada de esos grilletes. «Es injusto pagar por otros, por los que no han hecho bien las cosas».

El hasta el viernes candidato al Tour ya está en Mónaco, de espaldas a la carrera. «Mi esposa me ha llamado. No comprendía cómo era posible que todos mis sacrificios familiares no fueran recompensados. He impuesto condiciones draconianas a los míos para ganar este Tour. Y el prólogo ha partido sin mí». Cuando regrese, lo hará con el hacha de la venganza. «Ahora todos están contentos, pero Kashechkin y yo somos víctimas», reniega. Y volverá. La decepción actual no eclipsará su futuro. No asume el abismo en el que han caído muchos de sus compañeros. Retornará para reinvindicarse. Es un atacante. Y ese hábito es genético, no se pierde nunca. Tiene una cuenta que saldar con los otros equipos, que decidieron no dar permiso para que el Astaná saliera con sólo cuatro corredores. «Preferían que desapareciéramos. Además, así creen que acabarán dos plazas por delante al final del Tour», denuncia con la bilis de un náufrago abandonado.

El Mundial

En medio de ese purgatorio, Vinokourov se curará la indignación en dos semanas de vacaciones. «Con mi mujer y mis hijos. Quiero olvidar un poco todo esto. Estoy fatigado». Después, subirá en su bicicleta, con el mismo ánimo que cuando, de crío, se alejó de la frontera con China. «Voy a prepararme para el campeonato del mundo, para salvar esta temporada de mierda». Luego, ya en 2007, desembarcará por última vez en el Tour. En 2008, si su plan se cumple, estará al volante del Astaná, un equipo kazajo. Alejado de España y sobre la lápida de Saiz.



Vocento
[an error occurred while processing this directive]