Siria confía en aprovechar la crisis planteada por la captura del soldado Guilad Shalit para mejorar sus relaciones con Estados Unidos, aunque esta tarea parece harto ardua, para este país que figura en la lista negra que forman los gobiernos que promueven el terrorismo.
Las presuntas disensiones en el seno de Hamás cobran día a día mayor relevancia. Jaled Mashal, el líder de la organización en el exilio, se ha erigido en un personaje clave, de quien Washington persigue moderar sus posiciones hasta situarlas en sintonía con las del primer ministro, Ismail Hanniya.
La única manera razonable de presionar a Mashal pasa por el presidente, Bashar al-Asad, pero a cambio, éste desea obtener algunas contrapartidas, que pasan por el cese del aislamiento y el boicot norteamericano y por la investigación que lleva a cabo la ONU sobre la presunta intervención siria en los desmanes que recientemente han ocurrido en Líbano, incluido el asesinato de Rafiq al-Hariri en febrero de 2005.
Ahora bien, la posición de Washington difícilmente va a cambiar debido a consideraciones internas que están muy relacionadas con la peculiar amistad que une a Estados Unidos y a Israel.
Esta semana, Michael Scheuer ha hecho unas declaraciones esclarecedoras sobre el funcionamiento interno de la Casa Blanca y de los principales asesores del presidente Bush. Manifestaciones valiosas si tenemos en cuenta que Scheuer fue, entre 1995 y 1999, el responsable de las investigaciones de la CIA sobre Osama bin Laden y continuó trabajando para la agencia hasta la actual Administración.
Pues bien, Scheuer sostiene que cuando Bush llegó al poder, en la organización secreta hubo un momento de euforia que acabó por traducirse en una gran decepción. Pone como ejemplo el tratamiento que los políticos estadounidenses hicieron del tema sirio.
Scheuer explica que la política de la Casa Blanca no se ha servido del trabajo de la agencia y que, incluso, ha funcionado en contradicción con ella, porque los principales inspiradores de la corriente que impera en la Casa Blanca han sido tan proisraelíes que han convertido a Damasco en un enemigo de Washington y Occidente. Percepción que es precisamente lo que Siria espera cambiar aprovechando la actual crisis.