El presidente, Vladímir Putin, ha querido dejar las cosas claras de una vez por todas y lo ha hecho poco después del anuncio de la ejecución de los cuatro diplomáticos rusos secuestrados en Bagdad y a menos de tres semanas de la cumbre del G8. La muerte de aquéllos a manos de Al-Qaida no va a hacer cambiar la política de Moscú en su forma de entender la lucha contra el terrorismo global y mucho menos aún su actitud hacia el régimen teocrático iraní, con el que se dispone a firmar un nuevo contrato para la construcción de dos centrales nucleares más.
«No necesitamos ningún tipo de confrontación con nadie ni tenemos intención de participar en ninguna santa alianza», declaró ayer Putin ante más de 200 embajadores y cónsules rusos. En alusión directa al conflicto nuclear iraní y a la situación en Irak, el primer mandatario dijo que su país «no se sumará a ningún ultimátum capaz de llevar la situación otra vez a un atolladero y de dañar el prestigio de la ONU».
«No apoyaremos las sanciones contra Irán que proponen EE UU y la UE», añadió Putin. Según su opinión, «la realización de determinados programas militares, que están haciendo que el uso de la fuerza tenga un significado desmedido en las relaciones internacionales, es una de las fuentes que alimentan el ansia de algunos países de dotarse de armas de destrucción masiva».
El encuentro con los representantes del cuerpo diplomático ruso comenzó ayer con un minuto de silencio en homenaje a los cuatro empleados de la Embajada rusa en Irak degollados por orden del llamado Consejo de la Shura de los Mudyahidines iraquíes. La prensa cargaba ayer las tintas contra EE UU, país al que considera responsable de mantener el orden en Irak y cuyas tropas deberían, según los rotativos, haber tomado medidas para evitar secuestros y muertes de inocentes.
El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, presente en la reunión señaló que «la responsabilidad de la seguridad en Irak, incluida la de los extranjeros, incumbe directamente a la coalición de fuerzas que lidera Estados Unidos». Los diputados de la Duma (Cámara Baja del Parlamento), que se disponen a aprobar una declaración sobre el papel de las tropas estadounidenses en Irak, estiman que la situación de caos y el actual conflicto nuclear con Irán son consecuencia de la «política de fuerza» que aplica Washington en el mundo.
Acuerdos con Irán
Washington ha pedido a Rusia de forma reiterada que suspenda su cooperación con Irán en el ámbito de la energía atómica, pero Putin cree que «cualquier país tiene derecho a tener su propio programa nuclear para uso pacífico». Según aseguró recientemente el director de la Agencia de Energía Atómica rusa, Serguéi Kiriyenko, Moscú seguirá ayudando a Irán a terminar de poner a punto la central nuclear de Busher y lanzará otros proyectos en el mismo sector. Existe ya el borrador de un acuerdo para la construcción de otras dos centrales atómicas por especialistas rusos.