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Miércoles, 28 de junio de 2006
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CULTURA
CRÍTICA DE CINE
El cine francés, cuando se ...
El cine francés, cuando se ...
COMEDIA. Una escena de la película.
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El cine francés, cuando se pone 'borde', lo es con todas sus consecuencias. Si no, basta con perfilar la trama argumental de una cinta tan tontorrona como 'Mala leche', para comprender que eso es así. La cosa va de un padre ya cuarentón, perfectamente feliz con su bebé... que resulta ser la reencarnación de un estudiante ya fallecido que le odiaba a muerte. Lo cual da pie a una incruenta venganza, resuelta en tono de parodia semifantástica por el vulgar realizador Patrick Alessandrin, interpretada sin una pizca de gracia por el estirado Thierry Lhermitte, la sosa Ophélie Winter y esa fascinante mujer-mandrágora que es Leonor Watling, abandonada aquí a su suerte por un pendejo cineasta.

Filmada con una total ausencia de sentido del ridículo, la comedieta gala que hoy nos ocupa, zafia hasta el carel, estúpida sin remisión y plagada de todos los tópicos habidos y por haber, heredados de 'Mira quién habla' y otras sandeces por el estilo, es capaz de aburrir al más sufrido espectador, hastiado al fin de tantos diálogos para besugos, de tantas monadas de la criaturita en cuestión y de tanta caquita infantiloide.

'Mala leche' se convierte así en un pésimo enredo, condensado en 90 minutos, al que le sobran la mitad. Realmente, si Alessandrin quería hacernos pasar un buen rato le bastaba con esconderse tras un montaje de chispeantes secuencias festivas. La idea no es nueva, pero siempre funciona. Sin embargo, 'Mala leche' resulta un subproducto destinado a los incondicionales del cine sonajero.



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